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Sin humanidades, ¿qué sentido tiene la universidad? Opinión

Sin humanidades, ¿qué sentido tiene la universidad?

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Alejandro Cataldo Díaz
Por : Alejandro Cataldo Díaz Administrador Público y Magíster en Gobierno y Sociedad. Profesional e investigador de la Universidad de Antofagasta.
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la Universidad, con su labor científica y tecnológica, debe ir acompañada de un análisis crítico, ya que si solamente se queda en el desarrollo técnico está finalmente olvidándose de su labor más propia: la práctica reflexiva.


Las universidades son un eslabón social relevante, son respetadas y gozan de legitimidad, con lo cual, muy pocas instituciones pueden contar. No están exentas de críticas, que extrañamente son para destruirlas, sino más bien buscan potenciarlas y construir una institución que vaya acorde a las transformaciones sociales.

Es característico en Latinoamérica que cada una de ellas esté constituida por diversas carreras y facultades, que pueden dividirse en tres grandes grupos: ciencias de la salud, las disciplinas STEM y ciencias sociales, que generalmente se encuentran agrupadas junto con las humanidades.

Obviamente hay excepciones, considerando que cada universidad en Chile puede organizarse como estime conveniente. Destacable es por ejemplo lo que han hecho las universidades Alberto Hurtado y Diego Portales, que ponen un gran énfasis en el desarrollo humanístico-social.

No obstante, es sabido que estas carreras son objeto de un menosprecio en comparación con sus pares STEM, solo por dar un ejemplo. Esto es fácilmente comprobable si se ven las diferencias de sueldo entre ambas áreas, en el campo laboral e incluso en el cuestionamiento social que son víctimas carreras como filosofía, literatura, música o similares si se les pone al lado de las ingenierías.

Habermas (1999) habría mencionado que esto es en parte por el mismo quehacer reflexivo de ese tipo de disciplinas; al cuestionarse ellas mismas su papel en la sociedad, se han dejado en un segundo lugar por detrás de las “ciencias empíricas”.

¿Qué problema podría traer esto, a las universidades y la sociedad, si consideramos que las humanidades han sido parte esencial del desarrollo humano?

Carlos Peña (2025) nos menciona que el quehacer universitario, junto con la labor de las humanidades, han estado históricamente vinculados, por lo que, si cuestionamos la labor de una, consecuente nos llevará a preguntarnos por la de la otra.

El autor nos menciona que si bien la Universidad puede descansar en el conocimiento ya aprendido, que se aplica mediante la técnica, la labor esencial y propia de esta institución es “saltar a la mar” en busca de nuevos conocimientos, ir hacia lo desconocido para hacerlo cognoscible.

El mismo Peña afirma que con las humanidades no se puede hacer nada, pero ellas pueden hacer mucho por nosotros, ya que los seres humanos estamos llenos de preguntas, que provienen de la razón, y las humanidades, junto con las ciencias sociales si se me permite afirmar, son fundamentales para iluminar lo aparente, mas no lo que es realmente.

Esto es similar a lo que Nuccio Ordine (2013) plantea; de manera más directa nos dice que las universidades se han convertido en empresas en donde se buscan salidas rápidas, con la expectativa de que representen un beneficio económico.

Se hace el contrapunto diciendo que el “bien” más preciado que entrega la universidad es uno intangible: el estudio y la adquisición de conocimientos, lo cual es una “inversión” a largo plazo, para la vida misma. “El saber en sí”, el que desarrolla el espíritu.

En definitiva, la Universidad, con su labor científica y tecnológica, debe ir acompañada de un análisis crítico, ya que si solamente se queda en el desarrollo técnico está finalmente olvidándose de su labor más propia: la práctica reflexiva.

En ese sentido, si se olvida la importancia del quehacer humanístico, no solo estaremos cuestionando el rol mismo de la Universidad, también se está poniendo en riesgo el futuro de la humanidad y nuestra cultura.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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