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El riesgo del “paquete regional”: cómo evitar que Chile pague por crisis ajenas Opinión

El riesgo del “paquete regional”: cómo evitar que Chile pague por crisis ajenas

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Alejandro Bernales
Por : Alejandro Bernales Académico y director de investigación FEN, Universidad de Chile.
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Con el Presidente electo José Antonio Kast asumiendo el Gobierno, el desafío para Chile es claro: comunicar con fuerza sus diferencias y atributos únicos, para que los inversionistas no lo evalúen como parte de un “paquete regional”.


Con el inicio del mandato del Presidente electo José Antonio Kast, Chile debe dar un paso clave: reforzar su identidad propia ante el mundo. Chile es parte de un mundo económicamente conectado. Normalmente, las conexiones económicas entre países se explican por dos factores principales: el comercio internacional y los inversionistas en común.

Sin embargo, existe otro tipo de conexión económica, menos visible y que puede ser peligrosa si no se entiende bien: a veces los agentes económicos generan mentalmente vínculos que no existen, porque pensamos en categorías para simplificar la realidad y ahorrar esfuerzo mental.

Un ejemplo sencillo: si pensamos en la categoría “personas de Santiago” versus “personas de regiones”, existe el estereotipo de que las personas de regiones son más amables. Sin embargo, sabemos que dentro de cada grupo hay mucha diversidad: hay personas muy amables y otras que no, tanto en Santiago como en regiones.

En un nuevo artículo de investigadores de la Universidad de Chile muestra que los shocks económicos pueden transmitirse internacionalmente no solo porque los países comercian entre sí o comparten inversionistas, sino también porque los agentes generan vínculos artificiales, debido a este pensamiento por categorías.

En la práctica, esto puede llevar a “importar” miedo u optimismo desde otros países, incluso cuando no hay una conexión real. Dicho de forma simple: las noticias sobre un país pueden afectar la percepción sobre otro, aunque sus economías no estén verdaderamente relacionadas. El estudio fue publicado en Review of Economic Dynamics.

Esto es especialmente importante para economías emergentes, y en particular para Chile. En los mercados globales, los países emergentes suelen agruparse en categorías amplias como “Latinoamérica”, “Sudamérica” o “exportadores de materias primas”. Cuando aumenta la turbulencia en un país de la región, muchos inversionistas internacionales pueden asumir que otros países seguirán el mismo camino.

El resultado puede ser un mayor premio por riesgo, condiciones de financiamiento más restrictivas, y presión sobre el tipo de cambio, incluso si Chile mantiene instituciones sólidas y políticas responsables. Con el Presidente electo José Antonio Kast asumiendo el Gobierno, el desafío para Chile es claro: comunicar con fuerza sus diferencias y atributos únicos, para que los inversionistas no lo evalúen como parte de un “paquete regional”. Esto requiere más que buenos fundamentos: requiere una estrategia de comunicación que reduzca la confusión y evite conexiones regionales inexistentes.

Cuatro prioridades prácticas serían:

  1. Claridad y rapidez. Cuando los mercados se mueven, el silencio sale caro. Chile debe responder rápido ante eventos regionales con datos claros: situación fiscal, riesgos relevantes, estabilidad del sistema financiero y proyecciones creíbles.
  2. Un mensaje internacional permanente. La confianza no se construye en medio de una crisis, sino antes. Mantener diálogo constante con agencias de rating, inversionistas globales y medios internacionales ayuda a consolidar la imagen de Chile como un país predecible y con reglas claras.
  3. Diplomacia económica con contenido. Los acuerdos comerciales y de inversión no solo sirven para exportar: también son señales de estabilidad y cooperación. Diversificar relaciones más allá de la región reduce el riesgo de que Chile sea arrastrado por titulares regionales.
  4. Proteger la “marca Chile”. Las instituciones importan: respeto a los contratos, autonomía del Banco Central, estadísticas confiables y políticas transparentes. En tiempos inciertos, la credibilidad no es solo un activo: es un seguro. En una región con tensiones políticas y económicas persistentes, el objetivo de Chile debería ser simple: reducir el espacio para comparaciones equivocadas. Mientras menos tengan que adivinar los inversionistas quiénes somos, menos nos tratarán como si fuéramos otro país.
  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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