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El half-time show del Super Bowl 2026: la eficiencia de los mensajes en pos de un objetivo concreto Opinión EFE

El half-time show del Super Bowl 2026: la eficiencia de los mensajes en pos de un objetivo concreto

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Pavel Friedmann Encina
Por : Pavel Friedmann Encina Gerente General, socio fundador en Tango360 y miembro del directorio de El Mostrador
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Más allá de la polémica política, el espectáculo del mediotiempo 2026 destacó por su coherencia narrativa, despliegue visual y una puesta en escena que combinó identidad, emoción y oficio televisivo.


Pareciera imposible abstraerse del contexto político al hacer un comentario sobre el show del mediotiempo en el Super Tazón 2026; tanto los comentarios de sus detractores como los de quienes lo apoyan parecen irreconciliables. No solo desde lo “político”, sino también desde lo cualitativo.

Desde el punto de vista del evento mismo, sin embargo, es relevante analizarlo desde la producción, más allá de lo contingente o de los gustos musicales de cada uno.

Luego del show de Kendrick Lamar en 2025, que para muchos quedó al debe, el show de este año, estuvo a la altura desde varios aspectos.

Es indudable que tras la propuesta, Benito -o Bad Bunny- tenía una idea, un objetivo de comunicación que el show mismo parece alcanzar de buena manera, lo que justifica de alguna forma el contento de algunos y desagrado de otros. Es un elemento no menor, porque muchos eventos se pierden por no tener un hilo conductor que refleje el objetivo o idea.

Por otro lado, la propuesta escenográfica es potente y logra montarse en los escasos minutos disponibles. Un gran campo de cultivo -un cañaveral- , como los que podríamos adivinar en cualquier país de América Latina, puestos de comida latina, además del escenario, establecieron un recorrido en el que el cantante se pasea por sus orígenes y se encuentra con personajes típicos y “sabrosos”. Un camino perfectamente sincronizado con las letras de las canciones que van “acompañando” (aunque son las protagonistas).

Desde lo coreográfico, el elenco es muy amplio sin ser excesivo, y combina distintos tipos de belleza latina sin transformarse en grotesco, sin estereotipos anticuados. Desde lo visual, todos los colores, la calidez y alegría, el gran campo, generan también un gran atractivo. La gran cantidad de blanco utilizado en los vestuarios provoca contraste pero también asocia limpieza, pureza.

La dirección de televisión (porque el evento es en vivo y otro parecido en televisión, que es el que comento acá) usa inserts probablemente pregrabados para dar tiempo a las transiciones que igualmente se ven muy fluidas. En tiempos de IA y otras tecnologías, uno podría preguntarse cuánto estaba pregrabado y cuánto era realmente en vivo. Pero eso no le quita ningún mérito al evento que era este show.

El artista siempre se dirige al público en español, se presenta con su nombre completo e invita a todos los que lo están siguiendo a siempre creer en ellos mismos. Es un “statement” (una declaración) fuerte para los momentos que vive el mundo.

Desde el storytelling, se logra generar un aumento de la tensión a través de las canciones y los artistas invitados hacia un desenlace que resulta potente y matizado. Cada aparición de un invitado, no solo los que cantaron, sino también artistas varios, funciona desde la sorpresa, como cuando durante el matrimonio simulado, el público se abre hacia los costados y aparece una orquesta típica con Lady Gaga en el centro. Hacia el final, el artista dice en inglés “God bless America” que los nacidos en EE.UU. asocian a su país, y empieza a detallar su mirada de América, mencionando cada uno de los países de nuestro continente, finalizando en su madre-patria, Puerto Rico, con un despliegue de personas portando las banderas de todos los países. Un climax.

Desde lo simbólico, la presencia de Ricky Martin cantando “Lo que pasó en Hawái” es una llamada de atención de su Puerto Rico y a toda América Latina, la entrega del Grammy al niño que sería un inmigrante que fue arrestado por ICE, su baile con la bandera de Puerto Rico, también van subiendo la tensión que de alguna manera explota cuando va nombrando a todos los países mientras en la pantalla de fondo se lee en inglés (y eso ciertamente no es casual) “The only thing more powerful tan hate is love” (lo único más potente que el odio es el amor).

En resumen, a mi entender, un show redondo, una presentación colorida y alegre, emotiva, representativa de su mirada y que logra el objetivo. No hay mucho más que pedir a un evento que quiere ser recordado y comentado.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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