Opinión
Internacionalización de proveedores de clase mundial, una agenda de desarrollo hacia 2030
En minería, los cambios estructurales se construyen en ciclos largos, con decisiones consistentes y continuidad en el tiempo.
La minería chilena atraviesa un nuevo ciclo favorable, impulsado por un precio del cobre en niveles históricamente altos y por una demanda global que sigue creciendo.
Este escenario reafirma el rol central del sector en la economía y abre un espacio relevante para pensar el desarrollo con una mirada más amplia, como una nueva ventana de oportunidad para reimpulsar la internacionalización de los proveedores chilenos.
En minería, los cambios estructurales se construyen en ciclos largos, con decisiones consistentes y continuidad en el tiempo. Por eso, más que fijar expectativas inmediatas, el desafío es ordenar una agenda con horizonte 2030, capaz de transformar este contexto favorable en capacidades duraderas para el país.
A esto se suma un escenario de inversión relevante, la Comisión Chilena del Cobre proyecta una cartera de inversiones mineras superior a US$100 mil millones para el período 2025–2034.
Esta mirada está alineada con la Estrategia Nacional de Proveedores del Ministerio de Minería que plantea avanzar hacia 250 proveedores mineros de clase mundial y alcanzar US$1.500 millones en exportaciones de bienes y servicios mineros al año 2030. Se trata de una hoja de ruta que reconoce los tiempos reales de maduración tecnológica, escalamiento comercial e inserción internacional. Como ha planteado Eduardo Bitran recientemente, el desafío es convertir la renta minera, basada en recursos no renovables, en capital con vida de largo plazo a través de inversión en conocimiento, tecnología e innovación, capaces de sostener el crecimiento en el tiempo.
Chile cuenta con una base sólida para avanzar en esa dirección. Operamos algunas de las faenas más complejas del mundo, en contextos donde se desarrollan soluciones tecnológicas y operacionales con alto potencial de escalamiento. Ese conocimiento constituye un activo que puede proyectarse gradualmente hacia mercados internacionales, siempre que exista continuidad en las decisiones y coordinación entre actores.
Desde la industria, se necesitan espacios estables para probar, adoptar y consolidar nuevas tecnologías. Desde el ámbito público y financiero, instrumentos que acompañen trayectorias de crecimiento de largo plazo. Desde los propios proveedores, una inversión sostenida en capacidades internas que les permita proyectarse en mercados internacionales.
La buena noticia es que contamos con la capacidad para impulsar este proceso de internacionalización. En Chile existe el músculo institucional y las alianzas público- privadas necesarias para lograrlo. Las cámaras binacionales, el Ministerio de Minería, ProChile, Corfo y gremios como APRIMIN, Minnovex y AndesMETS están impulsando activamente la presencia de proveedores chilenos en los mercados internacionales.
Este ciclo ofrece una oportunidad concreta para avanzar con realismo y consistencia. El contexto es favorable, la estrategia está definida y las capacidades existen. El desafío es sostener el rumbo y construir, paso a paso, una base de proveedores con proyección internacional hacia 2030.
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