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Menos burocracia, más tiempo para enseñar Opinión

Menos burocracia, más tiempo para enseñar

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En materia educacional hay una falla estructural: por cada problema que aparece, se agrega una nueva exigencia, cada crisis suma un nuevo protocolo y cada caso difícil deriva en una nueva circular, sin que nadie se haga cargo de revisar el conjunto.


En educación, el recurso más escaso no es el dinero: es el tiempo. Hoy, en Chile, una parte creciente de las horas que dedican los docentes en nuestras escuelas no se usa para enseñar, sino para llenar formularios, responder oficios, actualizar protocolos y evitar sanciones. Cuando una escuela le destina más tiempo al papeleo que a enseñar, quienes pierden no son los profesores ni el equipo directivo: son los niños y niñas.

Siete de cada diez equipos directivos destinan más del 40% de su tiempo a tareas administrativas, y en algunos casos hasta el 80%. Además, los docentes dedican casi 5 horas a la semana a trabajo administrativo, dos horas más que el promedio de la OCDE. Carga que ha aumentado en 1,2 horas en los últimos años.

Esto no se trata de que no existan reglas o regulaciones. Se trata de regular bien. En materia educacional hay una falla estructural: por cada problema que aparece, se agrega una nueva exigencia, cada crisis suma un nuevo protocolo y cada caso difícil deriva en una nueva circular, sin que nadie se haga cargo de revisar el conjunto. El resultado es un sistema que regula mucho, pero prioriza poco, y que termina evaluando a las escuelas más por su capacidad de cumplir formalidades que por su aptitud para transmitir aprendizajes.

La fiscalización se volvió permanente, los conflictos se judicializan y la relación entre familias y escuelas se tensiona. Más del 70% de las denuncias a la Superintendencia de Educación hoy están asociadas a convivencia escolar, pero la mitad de los procedimientos administrativos iniciados cada año terminan sin sanción.

Mientras tanto, el costo en tiempo, energía y foco pedagógico ya se pagó. Desde Pivotes creemos que es importante ordenar las exigencias que se le hacen a las escuelas. Hacer eficiente la rendición de cuentas. Pasar de un sistema que reacciona sancionando a uno que previene, prioriza, acompaña y que efectivamente impacta en el aprendizaje.

Porque una buena regulación no es la que pide más papeles, sino la que permite que las escuelas logren su función esencial: enseñar, formar y cuidar trayectorias educativas. Menos burocracia no es un favor a los profesores ni equipos directivos. Es una decisión a favor de no ahogar la educación de nuestros niños. Y es hora de tomarla.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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