Opinión
Agricultura y comercio: no “gastemos pólvora en gallinazos”
Hoy, más de la mitad de nuestras agregadurías agrícolas están en Asia –Japón, Corea, Indonesia, Vietnam, India y China–, pero estas representan menos de un tercio de las exportaciones agroalimentarias de Chile, aun cuando estas cifras están muy “infladas” por las compras de China.
En mis últimas columnas he argumentado que no deberíamos insistir en la profundización de nuestra apertura económica y en la búsqueda de nuevos mercados para las exportaciones agroalimentarias. No somos un país de recursos ilimitados y ya estamos “sacándole el jugo” a los limitados recursos naturales que tenemos. Y más importante, creo que no hemos “gerenciado” de manera adecuada los mercados que, con mucho esfuerzo, “dolor” y costos monetarios, hemos penetrado.
Ahora, más que nunca, necesitamos de una política comercial agroalimentaria con un horizonte claro, así como objetivos y prioridades a nuestro alcance. El recambio de administración nos da la oportunidad de hacerlo, pero ¿tendremos esa oportunidad? No lo sabemos. Por ahora, los gremios piden más de lo mismo, pero –al mismo tiempo– los nombramientos en la futura Cancillería y la Subrei parecen indicar un viraje, un viraje cuyas prioridades debemos esperar.
Vivimos un momento crítico en el orden económico y geopolítico internacional, un “nuevo orden” en el que el multilateralismo está “quedando corto” y, así, nuestra política de relaciones internacionales deberá ajustarse a los desafíos que impone este “nuevo orden”. Nuestro comercio agrícola y alimentario está siendo tensionado y “no estamos dando en ancho”. Ya destaqué que no lo estamos haciendo en materia de las importaciones y que nuestra seguridad alimentaria “peligra” (El Mostrador, 13 de febrero).
Creo también que nuestras exportaciones agroalimentarias han dejado de lado la mirada de largo plazo: no tenemos un “horizonte” claro y hace años que “el mercado es amo y señor”. En pocas palabras, no tenemos una política comercial agrícola y alimentaria de Estado.
De hecho, vamos donde el “mercado” nos lleva, y olvidamos que el mercado agroalimentario global es “administrado” por las políticas comerciales de, especialmente, los países más grandes y poderosos, pero nosotros seguimos actuando como si el mercado estuviese libre de distorsiones. Creo que es el momento de hacer ajustes. No sigamos invirtiendo enormes recursos en “medidas” de comercio agroalimentario que –literalmente– son “pan para hoy, hambre para mañana”.
Hace años, dejamos en el “limbo” comercial a los países del hemisferio occidental y “priorizamos” los mercados de Asia. ¿Habrá un cambio con la nueva administración? No lo sabemos, pero el gasto de recursos y de “energía” desplegados por las últimas administraciones en Asia no se justifica.
La enorme población de Asia nos ha “encandilado” y nos hace creer que sus países son necesariamente mercados muy “atractivos”. No obstante, las cifras de las exportaciones agroalimentarias a algunos de estos mercados de Asia, en particular si las medimos comparativamente con los recursos invertidos y resultados obtenidos en otras regiones, son decepcionantes en “valor” y “calidad”: estamos “gastando pólvora en gallinazos”.
Creo que debemos “recalibrar” el esfuerzo desplegado por las administraciones anteriores. Necesitamos un ajuste de prioridades en el comercio con Asia y, al mismo tiempo, un cambio de orientación en el aporte de Minagri a sus políticas de comercio. Hoy estamos utilizando una parte substancial de los recursos asignados a Minagri para promover el comercio con Asia, pero estamos logrando –comparativamente– solo resultados menores.
Hoy, más de la mitad de nuestras agregadurías agrícolas están en Asia –Japón, Corea, Indonesia, Vietnam, India y China–, pero estas representan menos de un tercio de las exportaciones agroalimentarias de Chile, aun cuando estas cifras están muy “infladas” por las compras de China. Nuestra agregaduría en Vietnam fue instalada no hace mucho y se sumó al pobre “rendimiento” de otras dos: India e Indonesia.
Estos 3 mercados representan una población cercana a 1.900 millones de habitantes, pero contribuyen con menos del 2% del valor total de nuestras exportaciones agroalimentarias. Es cierto, los hábitos de consumo y niveles de ingreso son diferentes. Lo que sea, pero el hecho real es que no hemos sabido o podido avanzar de una manera efectiva en estos mercados, con la actual “estrategia exportadora”. ¿Debemos insistir en este proyecto?
Creo que no. Las agregadurías en India e Indonesia fueron instaladas hace más de dos décadas y estos gigantescos “mercados potenciales” no están “rindiendo”. Incluso la pequeña Taiwán, con una población mucho menor, importa más productos agroalimentarios chilenos que India e Indonesia, juntos. Tampoco debimos instalarnos en Vietnam. Estamos equivocados y debemos retomar el control de nuestra política comercial agroalimentaria.
No sugiero abandonar Asia, aun cuando creo que no debemos seguir subsidiando negocios que, como nación, no nos “rinden”. Los recursos que hoy utilizamos en Asia pueden y deberían ser utilizados en países del hemisferio occidental, en los que estamos en mejores condiciones para incrementar nuestras exportaciones, incluyendo alimentos con valor agregado y, sobre todo, en países en los que podemos apoyar de manera efectiva el ingreso y participación de medianos y pequeños productores.
El aumento del intercambio comercial crearía, además, nuevas oportunidades para avanzar en nuestra seguridad alimentaria y en la estandarización de normas y regulaciones alimentarias en nuestra región.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
Inscríbete en nuestro Newsletter El Mostrador Opinión, No te pierdas las columnas de opinión más destacadas de la semana en tu correo. Todos los domingos a las 10am.