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Día internacional de las Mujeres y la inequidad en sus derechos legales Opinión Archivo

Día internacional de las Mujeres y la inequidad en sus derechos legales

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Beatriz Contreras
Por : Beatriz Contreras Directora INDH Región Metropolitana.
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Que este 8 de marzo sea el recordatorio de que la justicia se alcanza sólo cuando las garantías fundamentales se ejercen sin miedo y con igualdad de condiciones para todas. Y ese “para todas” debe ser riguroso e interseccional, porque si el progreso no incluye a todas las mujeres ya no es avance.


El Día Internacional de las Mujeres no es sólo un día de conmemoración, es también una jornada de exigibilidad. Desde el Instituto Nacional de Derechos Humanos impulsamos la consigna “Aún queda camino, sigamos avanzando”, como recordatorio de que los derechos de las mujeres no son concesiones ni favores, son obligaciones que los Estados han asumido y requieren acciones concretas y urgentes.

A nivel global, las mujeres acceden apenas al 64% de los derechos legales. Esa brecha del 36% no es sólo un número, es la realidad concreta de miles: es la vecina que no accede a un tribunal por falta de recursos, la joven revictimizada por el sistema y la denunciante que choca con un muro de indiferencia.

Se dice que somos iguales ante la justicia, pero la experiencia ha mostrado que esa neutralidad sirve sólo para ignorar la violencia estructural. En el 70% de los países, las mujeres enfrentamos más obstáculos que los hombres para acceder a los tribunales. Cuando el sistema ignora estas barreras, la justicia deja de ser un derecho y se transforma en privilegio.

Para que la justicia sea real, debe tener perspectiva de género. Esto implica reconocer que las barreras de acceso que enfrentan las mujeres son sistémicas e históricas. Necesitamos tribunales que desarmen los estereotipos y entiendan que cuando la justicia le falla a una mujer, la sociedad entera retrocede.

Que este 8 de marzo sea el recordatorio de que la justicia se alcanza sólo cuando las garantías fundamentales se ejercen sin miedo y con igualdad de condiciones para todas. Y ese “para todas” debe ser riguroso e interseccional, porque si el progreso no incluye a todas las mujeres, ya no es avance, es exclusión. El camino es largo, pero la urgencia de construir un país justo e igualitario nos obliga a no descansar.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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