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El costo de la vida como centralidad política Opinión

El costo de la vida como centralidad política

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Juan Pablo Orrego Miranda
Por : Juan Pablo Orrego Miranda Cientista político. Estudiante de doctorado en Política, Universidad de Edimburgo. Investigador de la Fundación Nodo XXI
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Articular un proyecto progresista convocante en torno a esta agenda no será una tarea fácil y requerirá una buena dosis de creatividad e innovación programática.


Ya no es noticia para nadie que la extrema derecha ha conquistado espacios de poder que hace una década parecían imposibles. Estados Unidos, Hungría, Argentina, Italia, Japón y ahora Chile son solo algunos ejemplos de países donde gobiernos de extrema derecha han llegado al poder a través de las urnas. Más preocupante aún para quienes nos identificamos en el diverso campo progresista, es que estos gobiernos han logrado ensamblar alianzas sociales amplias, abarcando tanto al gran empresariado como a sectores populares que, no hace mucho tiempo, todavía miraban a la izquierda y su horizonte de transformaciones como alternativas creíbles.

Ante dicho escenario, las izquierdas chilenas, tras su derrota electoral, están en un proceso abierto por consensuar una estrategia en torno a la cual rearticular a la oposición y convocar a la población. Un riesgo que enfrentar es conformarse con rechazar las iniciativas del gobierno de José Antonio Kast, sin ofrecerle al país una alternativa creíble y convocante, como en su momento lo lograron las derechas al explotar la crisis económica, de seguridad pública y de migración a su favor.

No obstante, el reciente e histórico aumento en los combustibles, el eventual alza en las cuentas de la luz, alimentos y el transporte, y el anuncio de que el gobierno buscará reducirle los impuestos a las grandes fortunas, abren una oportunidad para que las izquierdas reconecten y canalicen propositivamente las expectativas ciudadanas.

Al igual que ha venido ocurriendo en varias partes del mundo, Chile enfrenta una crisis en torno al creciente costo de la vida. La ola inflacionaria tras la pandemia del COVID-19 y la disrupción en la cadena de suministros tras los conflictos bélicos en Ucrania y el Medio Oriente son solo algunos de los factores asociados al alza de los precios en los últimos años. A pesar de que la administración de Gabriel Boric fue exitosa controlando la ola inflacionaria y avanzó en medidas concretas para aumentar el poder adquisitivo de la ciudadanía, lo cierto es que Chile todavía es un país caro en el que los ingresos se diluyen entre cuentas, deudas, transporte, y arriendos.

En apenas cinco años, entre 2019 y 2024, el costo de la canasta básica de alimentos experimentó un alza de aproximadamente 56%. Las cuentas de la luz, en tanto, subieron más del 50% en 2024 tras el descongelamiento de las tarifas eléctricas. Las tasas hipotecarias también se dispararon, pasando de un 2% en 2019 a un peak de casi un 5% en 2024. La situación no es mucho mejor para quienes arriendan: según la Casen de 2022, uno de cada tres hogares arrendatarios en Chile —cerca de 600.000 familias— destina más del 30% de sus ingresos a pagar el alquiler. Estos son solo algunos ejemplos de cómo la crisis del costo de la vida ha venido impactando ya por un buen tiempo dimensiones centrales del día a día de la sociedad chilena, alimentando un malestar social que todavía no encuentra una respuesta política satisfactoria. 

Ante crisis similares, varias de las izquierdas más exitosas en la actualidad han hecho del costo de la vida un eje central. El reciente crecimiento en las encuestas del Partido Verde británico, por ejemplo, se asocia a una agenda enfocada en regular el mercado del arriendo para hacerse cargo del alza en el costo de la vivienda, y en medidas concretas para paliar el encarecimiento de las cuentas energéticas. Por su parte, el socialista democrático Zohran Mamdani conquistó la alcaldía de Nueva York con un ambicioso programa de reformas basado en la gratuidad del transporte público, el congelamiento de los precios del arriendo y guarderías gratuitas para menores de cinco años.

A diferencia de las alternativas populistas de derecha —que también han buscado explotar la crisis del costo de la vida para impulsar agendas reaccionarias—, estas izquierdas han sabido canalizar el malestar ciudadano en plataformas que, al mismo tiempo, buscan fortalecer los servicios públicos y financiar programas sociales mediante reformas tributarias progresivas. A ello se suma que estas experiencias se caracterizan por una presencia territorial importante, sostenida por el activismo masivo de sus miembros y adherentes, lo que les permite una comunicación directa y fluida con la ciudadanía.

Afrontar la crisis del costo de la vida es, además, una forma de devolverle la dignidad y autonomía a quienes más lo necesitan. En una sociedad organizada en torno al mercado, que los ingresos alcancen para cubrir las necesidades más básicas se traduce en mayor libertad para elegir y en no tener que depender de nadie para llegar a fin de mes. Abordar esta crisis permite así incorporar al ideario de la izquierda un valor central en las sociedades de consumo contemporáneas —la autonomía individual— de manera complementaria a la defensa de los derechos sociales que ha caracterizado históricamente al progresismo.

La crisis del costo de la vida constituye hoy un problema central para la sociedad chilena. Por eso mismo, debiera erigirse como un eje articulador de la política de las izquierdas, combinando la defensa de los servicios públicos y los derechos sociales conquistados con medidas concretas orientadas a aliviar el bolsillo de la gente. El desafío no es, por tanto, solo aumentar los ingresos de los sectores populares, sino también lograr que cada peso rinda más.

Articular un proyecto progresista convocante en torno a esta agenda no será una tarea fácil y requerirá una buena dosis de creatividad e innovación programática. Eso implicará poner sobre la mesa medidas que no han ocupado un lugar prioritario en la agenda progresista: una eventual restitución del MEPCO, una regulación efectiva del mercado del arriendo, tarifas energéticas que no castiguen el consumo básico, políticas concretas para abaratar el transporte público tanto en la capital como en regiones, o una reforma tributaria que no solo grave más a los más ricos, sino que también alivie la carga financiera de quienes menos tienen. Estos son solo algunos ejemplos de una agenda más amplia que está por construirse, con el propósito de reconectar los valores que siempre han animado a la izquierda con las urgencias concretas que hoy organizan la vida de la mayoría. 

En definitiva, las izquierdas chilenas requieren de una centralidad clara en torno a la cual organizar una oposición efectiva, convocante y propositiva a la agenda reaccionaria del nuevo gobierno de extrema derecha. Las torpes e indolentes decisiones del actual gobierno y sus consecuencias en el bolsillo de la gente, sitúan a la crisis del costo de la vida como un problema estructurante y urgente para grandes mayorías sociales, al cual las izquierdas deberán responder con una agenda ambiciosa en sus fines y responsable en su aplicación.  

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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