PAÍS
La fórmula Parisi: saturación y marketing digital extremo
Según el estudio DEEP, Parisi construyó una campaña ajena a la política tradicional: saturó redes, habló a votantes desconectados y se instaló como marca. Su éxito digital evidencia la incapacidad del sistema político para leer a un electorado que ya no responde a sus códigos.
La campaña presidencial de Franco Parisi volvió a confirmar un fenómeno que cada día se aprecia con más claridad: existe un electorado masivo que no se informa por los canales tradicionales, que desconfía de la institucionalidad y que responde mejor a las lógicas del marketing digital que al lenguaje político. Ese fue el terreno donde Franco Parisi operó, y según un estudio del proyecto Demoscopía Electrónica del Espacio Público (DEEP) de la Universidad Católica de Valparaíso, lo hizo con una estrategia que no solo fue distinta, sino también profundamente disruptiva –y riesgosa– para el sistema democrático.
A diferencia de los demás candidatos, Parisi renunció a las formas clásicas de la comunicación política y optó por una aproximación que el estudio califica directamente como marketing puro. No hubo agenda programática, ni vocerías temáticas, ni inserción en la conversación pública tradicional. En su lugar, diseñó un “target” específico: hombres y mujeres entre 18 y 50 años que solo votan cuando están obligados.
Ese es el grupo más volátil, menos ideologizado y más permeable a los estímulos emocionales y aspiracionales del contenido digital. Es también el grupo al que el sistema político lleva años sin lograr hablarle.
Con esa definición en mano, Parisi prácticamente abandonó X –la plataforma donde se da una buena parte del debate político clásico– y concentró su presencia en Instagram y TikTok, espacios donde la política institucional es residualmente relevante. Su campaña no buscó deliberar, sino captar atención. Y para eso ejecutó lo que el estudio describe como “técnicas de saturación”: un volumen de publicaciones inédito para un candidato chileno.
En Instagram, Parisi publicó 20 veces más que Kast y 7 veces más que Jara durante el mes previo al 17 de noviembre; en TikTok, solo el 3 de noviembre, subió 20 videos. Tras la elección, lejos de moderarse, mantuvo la misma intensidad: entre el 17 y el 27 de noviembre posteó cinco veces más que Jara y Kast en Facebook, y entre tres y cuatro veces más en Instagram.
La lógica detrás de esa estrategia es clara: cuando se publican 50 piezas de contenido, basta con que una se haga viral para que el retorno político sea alto. Sin embargo, la apuesta también revela un problema estructural: se trata de una campaña que no busca persuadir, sino agotar al algoritmo para capturar espacio. Es, en los hechos, una campaña que reemplaza la conversación política por un bombardeo permanente de estímulos, con un efecto difícil de cuantificar en la calidad del debate democrático.
El centro de demoscopía, que dirige Pedro Santander, también identificó dos elementos especialmente valorados por sus seguidores: que Parisi fuera economista y que no perteneciera “ni a los fachos ni a los comunachos”, uno de sus eslóganes de mayor rédito en redes. Esa mezcla es la que refuerza la narrativa antipolítica, se desprende del informe.
Pero tal vez el aspecto más llamativo del análisis es que Parisi construyó su campaña en torno a dos elementos que ningún otro candidato tocó: la clase media y su propio nombre como marca. En un país donde la clase media siente que perdió beneficios y representación política, Parisi se apropió del concepto y lo convirtió en el eje simbólico de su oferta. Y al mismo tiempo, instaló “Parisi” como una marca personal, llegando incluso a hablar en tercera persona, un recurso discursivo típico de liderazgos populistas.
A esa estrategia se suma un dato final que el estudio DEEP considera especialmente revelador: en la última semana de campaña, Parisi sumó 35 mil nuevos seguidores en TikTok, frente a los 13 mil de Jara y los 3.800 de Kast. Ese crecimiento cercano a la fecha de la elección suele interpretarse como una señal de intención electoral: cuando un candidato sube en seguidores justo antes de votar, es porque su mensaje está conectando con públicos indecisos o recién movilizados.
Lo políticamente relevante es que todo esto ocurrió sin prensa, sin territorios y sin el escrutinio tradicional de la política. Parisi opera desde el margen, pero no como un actor débil, sino como un actor que entiende que hoy existe un país al que la política institucional dejó de hablarle.
Su estrategia digital, basada en saturación y marketing, no solo desafía la forma en que se hacen campañas, sino que también revela un vacío: los partidos, los medios y los liderazgos tradicionales no tienen un lenguaje para conectar con ese electorado.