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Paz fuera de las reglas: tres excancilleres alertan sobre proyecto global de Trump PAÍS

Paz fuera de las reglas: tres excancilleres alertan sobre proyecto global de Trump

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Héctor Cossio López
Por : Héctor Cossio López Editor General de El Mostrador
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Ignacio Walker, José Miguel Insulza y Heraldo Muñoz advierten que la Junta de la Paz promovida por Donald Trump tensiona el multilateralismo, debilita las reglas comunes y abre la puerta a un liderazgo personalista que podría competir con la ONU y proyectar poder más allá de un mandato presidencial.


La llamada Junta de la Paz (Board of Peace), impulsada por Donald Trump, ha abierto un nuevo flanco en el debate sobre el orden internacional. Presentada como un mecanismo “más ejecutivo y eficaz” para resolver conflictos, donde según su personal diagnóstico el sistema multilateral estaría bloqueado, la iniciativa ha sido leída por analistas y diplomáticos como algo más que un experimento institucional: un intento por erosionar, e incluso reemplazar, el rol histórico de la Organización de las Naciones Unidas, concentrando la toma de decisiones en una figura única y proyectando influencia política más allá de los ciclos presidenciales de Estados Unidos.

Para examinar estas tensiones, El Mostrador consultó la opinión de tres exministros de Relaciones Exteriores de Chile Ignacio Walker, Heraldo Muñoz y José Miguel Insulza–, quienes, desde miradas distintas coinciden en advertir los riesgos políticos y sistémicos que plantea esta iniciativa.

Ignacio Walker introduce una distinción clave: el contenido de las propuestas y la forma de implementarlas. Recuerda que los llamados “20 puntos” promovidos por Trump para la guerra en Gaza fueron recogidos por el Consejo de Seguridad, lo que les confiere “una cierta legitimidad” dentro del marco multilateral. Sin embargo, advierte que la Junta de la Paz desplaza esa legitimidad hacia un terreno personalista.

A su juicio, la implementación se apoya más en el liderazgo y las pretensiones hegemónicas de Trump que en una arquitectura institucional sólida. “Davos no puede reemplazar a la ONU”, enfatiza, sugiriendo que la iniciativa corre el riesgo de vaciar de contenido a las instancias formales y trasladar la resolución de conflictos a espacios donde prima el poder político y simbólico del líder.

Heraldo Muñoz pone el acento en el plano jurídico-político. Desde su perspectiva, no existen al menos por ahora elementos concretos que permitan afirmar que la Junta usurpa formalmente las atribuciones de Naciones Unidas, establecidas por tratado en su Carta. Pero eso no despeja la principal inquietud: la intención política de debilitar a la ONU, especialmente al Consejo de Seguridad.

Muñoz subraya que los Estados son libres de crear nuevas organizaciones, pero advierte que el diseño de la Junta apunta a algo inédito: un organismo concebido para ser controlado personalmente por Trump, incluso más allá de su mandato presidencial. Ese rasgo sostiene tensiona la gobernanza global y profundiza la fragmentación del sistema internacional.

La mirada más estructural la aporta José Miguel Insulza, quien sitúa la Junta de la Paz en una lógica más amplia de rechazo de Trump al multilateralismo. A su entender, el presidente de Estados Unidos ve a la ONU y a los organismos internacionales como espacios dominados por sus adversarios, lo que explicaría su interés en levantar un organismo paralelo compuesto por países afines.

Insulza relativiza el peligro inmediato de la Junta como reemplazo efectivo de la ONU por ahora reúne a un número reducido de Estados frente a los casi 200 miembros de Naciones Unidas, pero alerta sobre el precedente que sienta: organismos ligados a la ideología y a los objetivos personales de un líder, con vocación de asumir funciones sectoriales y regionales.

“No existe una salvaguardia jurídica real” para impedir ese desplazamiento gradual, apunta Insulza, recordando que el propio sistema internacional ya ha aceptado foros paralelos como el G7 o el G20.

En este punto convergen las tres miradas: más que la eficacia puntual de la Junta de la Paz, lo que está en juego es el modelo de orden internacional. La iniciativa de Trump tensiona el principio de multilateralismo al proponer una “paz desde el poder”, con escasos contrapesos y una noción de liderazgo que se proyecta más allá de los límites institucionales del Estado que la impulsa.

La paradoja es evidente. Todos coinciden en que la ONU requiere reformas profundas desde la composición del Consejo de Seguridad hasta sus mecanismos de decisión para reflejar el mundo del siglo XXI. Pero esa reforma, subrayan, no puede venir de la mano de estructuras alternativas que concentran poder y debilitan las reglas comunes. En ese dilema se juega algo más que la eficacia diplomática: se juega quién define la paz, con qué legitimidad y bajo qué límites en un orden internacional crecientemente disputado.

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