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Desde Bío Bío hasta la Patagonia: el fuego pone en jaque a Chile y Argentina PAÍS Archivo

Desde Bío Bío hasta la Patagonia: el fuego pone en jaque a Chile y Argentina

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Los dos países sudamericanos siguen con las labores de extinción de unos incendios que han causado muertes, heridos, miles de hectáreas calcinadas e impactos ambientales. ¿Cómo evitar que vuelva a suceder en el futuro?


“Lo que está pasando en Patagonia es que tenemos una sequía extrema y el comportamiento del fuegotambién es extremo”, resume a DW Ariel Rodríguez, encargado, desde el pasado lunes, del comité de intervención del Parque Nacional Los Alerces, en Chubut, la zona más afectada por los incendios en las provincias del sur de Argentina, donde desde el inicio del año han ardido más de 220.000 hectáreas.

Ante la emergencia declarada, los gobernadores patagónicos de Chubut, Río Negro, Neuquén y La Pampa, solicitaron al Congreso el tratamiento urgente de la Ley de emergencia ígnea para destinar fondos extraordinarios para reforzar la logística de los medios aéreos y equipamiento, así como optimizar las operaciones entre el Estado y las administraciones provinciales.

“Lo que se está quemando es todo el bosque nativo compuesto por especies, algunas reconocidas a nivel internacional, como los bosques de Nothofagus. Dentro de esa superficie viven miles de insectos, mamíferos, y, entre ellos, el huemul, especie emblemática y en peligro de conservación”, recuerda Rodríguez. Se trata de un tipo de ciervo que vive únicamente en el bosque andino patagónico y que cuenta con una población de unos 1.500 ejemplares.

En Chile, el fuego ha arrasado más de 65.000 hectáreas, la mitad de ellas en la región del Bío Bío, y se ha cobrado más de una veintena de personas muertas y más de 300 heridas. “Estos eventos afectan con especial intensidad a las regiones de Valparaíso, a La Araucanía en zonas de interfaz urbano-rural y a los territorios forestales del sur del país, donde plantaciones extensivas y vegetación nativa amplifican la propagación del fuego”, explica a DW Silvana Espinosa, experta en clima y ecosistemas de Greenpeace Chile.

Por otro lado, según Victoria Matusevich, responsable de la Fundación Avina en Argentina, en este país hay que tener en cuenta la política de restauración con pinos que se llevó a cabo en la década 1970 en la zona andina. “Es una especie que crece muy rápido y en el momento que en el incendio se prende fuego la piña, se esparcen las semillas y crecen muy rápido”, puntualiza a DW recalcando que esta especie exótica “tiene una inflamabilidad muy alta y consume mucha agua”. A esa problemática se le une el hecho que
“cada vez más gente que se va a vivir a estas zonas”.

Consecuencias ambientales fatales

A todas estas pérdidas personales y materiales hay que sumar las consecuencias ambientales. “El fuego incrementa la inestabilidad de los suelos, favoreciendo deslizamientos y el transporte de sedimentos hacia los cursos de agua. Esto se traduce en mayor erosión, escurrimiento superficial y contaminación hídrica, incluso con nitratos y fosfatos”, enumera DW Francisco Torres, Gerente de Paisajes Resilientes de The Nature Conservancy (TNC). Asimismo, “a nivel atmosférico, los incendios deterioran la calidad del aire por el aumento de material en partículas y emisiones de dióxido de carbono, lo que agrava el cambio climático“, agrega.

“Lo peor de todo son las condiciones atmosféricas que viene sufriendo esta porción de la Patagonia”, recalca Rodríguez, apuntando a una sequía histórica. “La humedad es muy baja y el material vegetal que compone el bosque andino patagónico está predispuesto a encenderse. Una vez que enciende y al no tener humedad, el comportamiento es muy difícil anticiparse ante la explosividad que está teniendo el incendio”, lamenta este guardabosques argentino con cerca de tres décadas de experiencia en la profesión.

Santiago Hurtado y Marcos Easdale, investigadores de la Fundación Bariloche, están llevando a cabo un estudio que detecta un cambio persistente en el comportamiento del clima regional a partir del período 2006-2007, en el que las condiciones meteorológicas favorecen las condiciones de incendios más severos en las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut, Argentina.

Ante este panorama, Andrés Nápoli, Director Ejecutivo de la Fundación de Ambiente y Recursos Naturales (FARN) reclama la aplicación de la ley de manejo del fuego nacional. “Está pensada no solamente para atacar el incendio cuando sucede, sino para prevenirlo, para eso hay que trabajar principalmente en dotarlo de presupuesto, que es central para llevar a cabo las tareas tanto de prevención como de ataque de fuego”, asegura a DW criticando que “el presupuesto está sumamente debilitado, no solo por la falta de asignación presupuestaria que viene en neta caída, si no por la falta de ejecución”. “El año pasado se ejecutó solamente el 75 % del presupuesto y el presupuesto de este año tiene una caída del 71 % de asignación para el manejo del fuego”, denuncia.

Un país sin ley

En Chile aún se cuenta con esa herramienta. Por este motivo, la sociedad civil chilena urge la aprobación de la Ley de Incendios Forestales y Rurales, que se está tramitando en el Congreso, que contempla medidas como la creación de Zonas de Interfaz Urbano-Rural, zonas de amortiguación y planes de manejo preventivo. “La prevención debe ser un imperativo permanente y eso requiere una ley moderna que entregue certezas, responsabilidades claras y herramientas efectivas”, reclama Ricardo Bosshard, director de WWF.

Ingrid Espinoza, directora de Conservación de Rewilding Chile, coincide en que “las políticas públicas deben estar a la altura de estas catástrofes, fomentando principalmente la prevención e impulsando medidas que mitiguen el cambio climático, como la restauración a gran escala, el rewilding“. Todo ello sin olvidar “una fiscalización adecuada y los debidos procesos judiciales de quienes resulten culpables de estos desastres”, apunta a DW.

“Asimismo, se requiere fortalecer de forma estructural la planificación territorial con enfoque de riesgo, promover paisajes biodiversos con predominio de vegetación nativa, e invertir en educación ambiental, recursos técnicos y coordinación interinstitucional”, añade la experta en clima y ecosistemas de Greenpeace Chile.

Para Torres, “existen grandes pendientes en ámbitos como la preparación comunitaria, la mitigación de riesgos a nivel de paisaje y la restauración de áreas incendiadas”. Por ello, además de reclamar inversión en prevención aboga por estrategias que “deben transitar del manejo de crisis hacia la planificación del manejo integrado”. Así, propone acciones como la educación y campañas de sensibilización a la población y la inversión en ciencia y tecnología.

Texto de Judit Alonso

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