PAÍS
Crónica de una renuncia anunciada: las razones de Mario Desbordes para renunciar a RN
La acumulación de conflictos —desde disputas por candidaturas, críticas a la falta de autocrítica tras el desplome electoral de 2025, hasta su marginación de la interna que definió la actual directiva— terminó por sellar un quiebre que, según su diagnóstico, trascendía lo coyuntural.
En silencio, sin carta pública ni conferencia, el alcalde de Santiago, Mario Desbordes, puso fin este lunes a 26 años de militancia en Renovación Nacional (RN), el partido que llegó a presidir y donde construyó gran parte de su trayectoria política.
La decisión, conocida a solo cinco días de las elecciones internas de la colectividad, no fue un gesto repentino: es el desenlace de un distanciamiento largo, acumulativo y cada vez más explícito, que el propio exministro del gobierno de Sebastián Piñera venía advirtiendo desde al menos 2021.
Durante esta jornada, Mario Desbordes ha declinado todas las solicitudes de comentario. Desde su entorno señalan que está completamente enfocado en sus funciones como alcalde, desplegado en actividades en terreno, por lo que no emitirá declaraciones políticas.
Con todo, en círculos cercanos al partido afirman que su salida responde a un profundo malestar con RN, marcado —entre otros factores— por el quiebre de confianzas con la senadora Paulina Núñez, con quien mantenía cercanía. La parlamentaria, en el marco de los acuerdos de la lista de consenso que el propio Desbordes cuestionó, terminó asumiendo la presidencia del Senado.
En ese contexto, uno de los elementos decisivos habría sido su incapacidad de incidir en la interna partidaria y disputar la conducción de la colectividad.
Ya en febrero, el propio Desbordes había anticipado su incomodidad: “Teníamos una candidata que nos dijo 50 mil veces que iba a ser candidata hasta el final, y tomó a último minuto la decisión de ir por la presidencia del Senado”.
Pero su renuncia no tuvo mucho del factor sorpresa.
Las primeras señales de ruptura se remontan a diciembre de 2021, cuando, tras perder la interna frente a Francisco Chahuán, Desbordes lanzó duras críticas a la conducción partidaria. En chats internos acusó a la directiva de “mentir y amenazar” y deslizó la posibilidad de renunciar: “Irme es una opción que me parece razonable”.
Detrás de ese enojo había algo más profundo: una disputa sobre el rumbo ideológico de RN. Mientras Desbordes defendía un perfil “socialcristiano y solidario”, incluso con cierta sintonía con demandas sociales surgidas tras el estallido de 2019, acusaba que el partido se atrincheraba en una derecha más dura, desconectada de esos cambios. “El partido está yéndose a un rumbo que no me identifica”, advertía entonces.
Ese punto marcó un antes y un después. Su lectura del 18-O —reconociendo demandas legítimas— le valió respaldo transversal, pero también desconfianza interna. La derrota en la primaria presidencial de Chile Vamos en 2021, donde obtuvo apenas un 9,8%, fue interpretada por él como una “traición” de su propio sector. Ahí, según su entorno, comenzó la fractura definitiva.
Choques con sucesivas directivas
El conflicto no se detuvo con el cambio de liderazgos. Tras sus roces con Chahuán, las tensiones continuaron con la actual mesa encabezada por Rodrigo Galilea y Andrea Balladares.
En las municipales de 2024 se produjo el primer choque operativo relevante: Desbordes acusó la exclusión sistemática de candidatos de su sector en la conformación de listas. El episodio se repitió —y agravó— en 2025 durante la negociación parlamentaria con la UDI, Evópoli y Demócratas, donde denunció una “persecución” contra su línea interna, con la bajada de nombres cercanos como el diputado Jorge Durán.
La molestia escaló a niveles críticos. En un chat de la comisión política escribió: “No pierdo más tiempo, la confianza ya no existe”. La respuesta de la directiva fue endurecer posiciones: incluso se evaluó llevarlo al Tribunal Supremo por apoyar a un candidato republicano fuera del pacto. Se trataba del diputado Álvaro Carter (Partido Republicano), en desmedro de la carta que llevaba RN en la zona, Ximena Ossandón.
Resultados electorales y falta de autocrítica
El punto de quiebre político llegó tras las elecciones de noviembre de 2025. RN sufrió una caída histórica, pasando de 34 a 14 diputados y reduciendo su votación a cerca de un 8%. Para Desbordes, la derrota exigía una revisión profunda que nunca ocurrió.
El exministro fue particularmente crítico de la falta de “mea culpa” y de lo que calificó como una conducción errática: cuestionó la ausencia de candidatos en distritos clave, la improvisación en algunas nominaciones y la incorporación de figuras “poco serias” a última hora.
A eso sumó cuestionamientos a la transparencia interna, criticando la prórroga del mandato de la directiva sin aval del consejo general y la escasa información sobre los procesos internos, comparando incluso la situación con prácticas de “opacidad” similares a un “régimen de Venezuela”.
Señales finales antes de la salida
Durante los primeros meses de 2026, Desbordes dejó de disimular su distancia. En enero advirtió que RN estaba “en caída libre” y que no veía “claridad ni rumbo”. A fines de febrero, directamente se marginó del proceso interno que definió como candidata única a Balladares, desestimando que se tratara de una lista de consenso.
“RN va en un declive gigantesco”, dijo entonces, apuntando a la pérdida de identidad y conexión con la clase media, un sello que —según él— el partido sí tuvo durante su presidencia.
En paralelo, optó por replegarse a su rol como alcalde de Santiago, dejando en claro que no participaría en la vida interna de la colectividad. “No tengo tiempo ni ganas”, reiteró.
Un portazo en medio de la crisis interna
La renuncia de Desbordes se suma a la salida del diputado Miguel Mellado y a críticas de figuras históricas como Cristian Monckeberg, profundizando un clima de fractura interna. Sectores liderados por la senadora Paulina Núñez evalúan incluso solicitar elecciones anticipadas o la salida de la actual directiva.
Así, la decisión del exministro no solo cierra una etapa personal, sino que deja a RN enfrentando una de sus crisis más complejas en años, con su identidad en disputa y su liderazgo bajo cuestionamiento.