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25 años de Vladimir Putin en el poder: de agente de la KGB a jefe absoluto del Kremlin
En el texto los académicos argumentan que durante los últimos dos años, Vladimir Putin ha optado por iniciar un relevo generacional en altos cargos del Estado, con el objetivo de “crear un mecanismo de gobernanza colectiva”.
La llegada del siglo XXI en Rusia trajo consigo una nueva etapa: la de Vladimir Putin como mandatario y líder político local, regional y mundial. La llegada del hombre nacido en San Petersburgo al poder conllevó grandes cambios económicos, políticos, militares y sociales en la potencia euroasiática. Algunos de los cuales revisaremos en este informe especial de France 24.
31 de diciembre de 1999, era el último día del siglo XX: una jornada de cambios en el mundo y de sorpresas en Rusia.
A lo largo de los últimos años de la década de los 90, la Administración de Boris Yeltsin se había visto envuelta en varios escándalos de corrupción. Uno de ellos, denominado por la prensa internacional como el ‘Kremlingate’, sindicaba a miembros de la familia del presidente de haber cobrado dádivas a constructores suizos, que buscaban obtener los contratos de remodelación de la sede del Ejecutivo en Moscú.
Sumado a esto, sobre Yeltsin pesaban acusaciones de tener una frágil salud. Según informes de la ONG especializada en asuntos euroasiáticos Jamestown, durante su estadía en el poder, el líder político, que lideró al país tras el colapso de la Unión Soviética, sufrió un infarto cardíaco y se ausentaba de forma frecuente de la vida pública a causa de múltiples quebrantos.
Aunque en sus palabras de despedida, Yeltsin negó que su partida estuviera ligada a su salud.
El hasta entonces presidente de la Federación dio un paso al costado y renunció al cargo que ocupó desde 1991. Es así como el encargado de liderar al país tras la disolución de la Unión Soviética dejaba como encargado a su primer ministro, Vladimir Putin.
Poco más de tres meses después, el 26 de marzo del 2000, se llevaron a cabo elecciones presidenciales en la totalidad del territorio ruso. Los resultados declararon ganador a Vladimir Putin, quien se lanzó por el Partido Unidad obteniendo el 52,94% de los votos.
Con la victoria, Putin, quien por el momento tenía 48 años, se consolidaba como el mandatario de un país, que a pesar de tener armas nucleares y de ser la nación con más territorio del mundo, pasaba por serios problemas tanto en el plano económico como en el social.
El ascenso de Putin hacia el poder
Pero ¿cómo un hombre nacido en una familia pobre de San Petersburgo pasó a controlar una de las mayores potencias del mundo?
Criado en la Unión Soviética después de la victoria de las tropas rojas contra la Alemania nazi, Vladímir Vladímirovich Putin, creció en un edificio comunitario construido por la URSS en condiciones económicas precarias.
“Tenían un apartamento horrible. Era comunitario, sin ninguna comodidad. No había agua caliente ni bañera. El inodoro era horrible. Daba de lleno contra el rellano de una escalera. Y hacía muchísimo frío —un frío horrible—”, relató Vera Dmitrievna Gurevich, profesora de escuela de Putin en una de las entrevistas hechas en el libro ‘Primera persona: Un asombrosamente sincero autorretrato del presidente de Rusia por Vladimir Putin’.
Tras graduarse como abogado de la Universidad Estatal de Leningrado, Putin optó por presentarse como candidato para ingresar a los servicios secretos de la Unión Soviética conocidos como la KGB.
Según las investigaciones llevadas a cabo en el podcast ‘Le Tsar Sovietique’, desarrollado por Radio France, el joven agente inicialmente trabajó en su ciudad natal en cargos administrativos, luego estudió en la Academia de Inteligencia Extranjera Andropóv de Moscú, y finalmente operó en Dresden hacia los años 80, una de las principales ciudades de la República Democrática Alemana (RDA), que por aquel entonces era uno de los aliados del Gobierno socialista de Moscú.
Fue desde la capital de la provincia de Sajonia, desde donde Putin presenció el colapso de la RDA y su posterior reunificación con la República Federal Alemana en 1989, proceso marcado por la caída del muro de Berlín.
“Lo hemos destruido todo, yo mismo quemé personalmente una gran cantidad de documentos. Quemamos tantas cosas que el horno se agrietó”, dijo Putin al referirse al momento en que los miembros de la KGB tuvieron que deshacerse de cientos de documentos en medio del desplome del Gobierno socialista alemán, en una de las entrevistas que concedió para el libro ‘Primera Persona’.
Obligado a regresar a su país para 1991, Vladimir Putin, empezó su carrera política como asesor del alcalde de San Petersburgo, Anatoli Sobchak, quien había sido uno de sus profesores universitarios. Un puesto en el que presenció de primera mano la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Momento que, según ‘Le Tsar Sovietique’, fue un parteaguas en la vida de Putin.
Según la agencia estatal rusa Sputnik Mundo, el ahora presidente estaba encargado de las relaciones económicas e internacionales y de la atracción de inversiones a la ciudad. Un cargo que le ayudó a darse a conocer en la política local y nacional.
Es así como en 1996, Putin se trasladó a Moscú, en donde lentamente fue escalando en la política interna del Kremlin, hasta ser nombrado como primer ministro del presidente Boris Yeltsin en agosto de 1999.
Un puesto en donde el entonces jefe de Gobierno lideró la contraofensiva contra los rebeldes islamistas chechenos, dándose a conocer ante la opinión pública como un hombre fuerte dentro del Kremlin.
Meses después, tras la sorpresiva renuncia de Yeltsin y la victoria en los comicios del 2000, Putin prometió liderar a la Federación Rusa con las promesas de proteger la democracia y profundizar las reformas económicas de mercado.
El ‘Putinismo’: la acaparación progresiva del Estado ruso
Durante sus primeros años al mando del Kremlin, Vladimir Putin, llevó a cabo múltiples reformas políticas y económicas para centralizar el poder en manos del Ejecutivo de Moscú.
En consecuencia, el jefe de Estado fue poniendo a personas de su confianza en cargos de poder tanto en instituciones públicas como privadas. Para 2004, la Duma aprobó una ley que contemplaba que los gobernadores de las provincias del país fueran nombrados directamente por el Kremlin y no mediante elecciones regionales.
Sumado a esto, como respuesta a manifestaciones ciudadanas llevadas a cabo en 2011 contra los resultados de las elecciones legislativas, el Congreso aprobó una nueva legislación, que le da capacidades al Gobierno de detener opositores o eliminar páginas web “peligrosas”.
Según análisis del Instituto Elcano de Madrid, estas reformas implicaron “legalizar la represión política y frustrar cualquier intento de la oposición de competir políticamente”.
Un punto a tener en cuenta, es que durante el cuarto de siglo en el que el ‘Putinismo’ ha estado al mando del Kremlin, la cúpula del Gobierno se ha mantenido prácticamente intacta a lo largo de los años.
Durante más de 20 años, Serguéi Lavrov y Yury Ushakov han estado al comando de la diplomacia y los asuntos internacionales. Con respecto a la cartera de Defensa, Serguéi Shoigu y Valeri Guerásimov han estado al comando de las Fuerzas Armadas en los múltiples conflictos en los que ha estado inmersa la potencia euroasiática en este periodo de tiempo. Asimismo, Dmitri Peskov, ha sido el vocero del Kremlin y el vínculo del Gobierno con la prensa durante más de 10 años.
Un caso aparte es el de Dmitri Médvedev, quien durante años fue considerado la mano derecha de Putin, llegando a ser su jefe de campaña para las elecciones del 2000. El líder político también nacido y forjado en San Petersburgo fungió como presidente del país entre 2008 y 2012, profundizando la visión de su predecesor en las instituciones gubernamentales de Moscú durante ese periodo de tiempo.
Por la misma vía, a lo largo de los años los Gobiernos de Putin y Médvedev fueron desplazando a los denominados ‘antiguos oligarcas’ de las principales empresas del país, entre las que se encuentran petroleras y gasíferas, para poner al mando de estas empresas a individuos cercanos a su Gobierno.
Así describe este proceso el periodista y antiguo corresponsal de France 24 en Rusia, Xavier Colás, en su libro ‘Putinistán’: “pronto se impuso la idea del presidente: que las empresas estratégicas para el país debían estar bajo el control o a las órdenes del Estado. Pero esto implicaba que el Estado estaría bajo el control de las personas estratégicamente importantes para el presidente”.
A su vez, Vladimir Putin ha cambiado la legislación de su país en múltiples ocasiones para prolongar su estancia en el poder. La última de ellas en 2021, le permitiría estar al frente del Kremlin al menos hasta 2036.
En respuesta a estas medidas, parte de las potencias occidentales y algunas organizaciones internacionales han denunciado violaciones sistemáticas de los derechos humanos por parte de la Administración de Vladimir Putin en contra de la oposición, la prensa independiente, la población LGBTIQ+ , los migrantes, entre otros.
“El Estado no solo consiente los actos de tortura, sino que también participa activamente en ellos y los utiliza como método para obtener confesiones, castigar a los disidentes y mantener el control. La tortura y los malos tratos proliferan bajo custodia policial, en prisión preventiva y detención administrativa y en los centros penitenciarios”, sostiene uno de los más recientes reportes de DD. HH. de las Naciones Unidas en el país.
La máquina de guerra del Kremlin
Desde antes de llegar a la presidencia, Vladimir Putin, ejerció como líder militar con el objetivo de lograr los objetivos del Kremlin. Así pues, el antiguo agente secreto de la KGB ha comandado a su país en varios conflictos, tanto dentro de su territorio como con otras naciones.
Durante su periodo como primer ministro, Putin lideró a las tropas de Moscú en su ofensiva para retomar las provincias de Chechenia y Daguestán, luego de que rebeldes islamistas intentaran crear una República islámica en la zona.
Una operación militar que se agudizó luego de varios atentados contra la población civil en varias ciudades principales de Rusia, que dejaron como resultado 293 fallecidos, según los datos oficiales.
Es así como tras pasar a ocupar la Presidencia, Putin logró hacerse con Grozni y las principales ciudades de la región, destruyendo a buena parte de las tropas rebeldes islamistas, y nombrando en 2007 a uno de sus aliados, Razmán Kadyrov, como jefe de la República de Chechenia.
A su vez, cabe reparar en que varios informes de organizaciones internacionales como Human Rights Watch aseguran que las tropas de Moscú llevaron a cabo crímenes de guerra contra la población civil en Chechenia, Daguestán y sus alrededores.
Para 2008, el Kremlin se vio inmerso en su primer conflicto bélico internacional en el siglo XXI. En el centro de la disputa: Abjasia y Osetia del Sur, dos provincias ubicadas en el territorio de Georgia, en las que parte de la población se identifica como rusa, y en donde se realizaron referéndums de anexión en 1999, que no fueron aceptados por el grueso de la comunidad internacional, que tenían como objetivo que estos dos territorios pasaran a formar parte de la Federación.
Es así como en agosto de 2008, argumentando ataques de milicias prorrusas contra la población georgiana, el Gobierno encabezado por el presidente, Mijeil Saakashvili, decidió enviar a sus tropas a hacer presencia en Abjasia y Osetia del Sur.
En contraposición, el Kremlin vio la jugada del Ejecutivo de Tbilisi como una invasión a su territorio, llevando a cabo una contraofensiva en el territorio georgiano.
“Esta no es una decisión fácil de tomar, pero representa la única posibilidad de salvar vidas humanas”, declaró el entonces presidente, Dmitri Médvedev, en un discurso a la Nación.
Finalmente, luego de que las Fuerzas Armadas del Kremlin se acercaran a Tbilisi y tras varios días de negociaciones con las potencias europeas, se firmó un cese al fuego.
El cese de hostilidades implicó el repliegue de las tropas de Rusia. Sin embargo, hasta hoy en día Abjasia y Osetia del Sur siguen en disputa.
Para 2014, nuevamente otro conflicto tuvo lugar en otro antiguo territorio soviético, Crimea.
Productos de fuertes denuncias de corrupción en el Gobierno, se provocaron grandes protestas ciudadanas en Kiev y las principales ciudades de Ucrania, que desembocaron en la salida del poder del presidente, Viktor Yanukovich, quien era cercano al Kremlin.
Un movimiento político que llevó a Moscú a enviar a centenares de tropas sin insignia a la península de Crimea, un territorio estratégico ubicado a orillas del Mar Negro, para posteriormente realizar un referéndum de anexión, cuestionado por las potencias europeas y Estados Unidos.
Sin embargo, para el Kremlin los comicios fueron totalmente legítimos y respondieron a la voluntad de los ciudadanos.
“Más del 82 por ciento del electorado participó en la votación. Más del 96 por ciento de ellos se pronunció a favor de la reunificación con Rusia. Estas cifras hablan por sí mismas”, aseveró Putin en un discurso a la nación el 18 de marzo de 2014.
Crimea fue el preámbulo de un conflicto aún más grande, el de Ucrania.
No contento con anexionarse la península, en mayo de 2014 Rusia impulsó referéndums con el mismo fin en Lugansk y Donetsk, dos provincias ucranianas ubicadas al este del país, en donde parte de la población es de origen ruso.
De este modo, las tensiones entre los Gobiernos de Moscú y Kiev fueron escalando progresivamente, y se desarrollaron enfrentamientos armados entre el Ejército de Ucrania y miembros de milicias prorrusas, que buscaban reivindicar el resultado de las votaciones entre 2014 y 2022.
En consecuencia, alegando una persecución sistemática contra la población rusófona en la región oriental de Ucrania e intentos por parte del Gobierno del presidente, Volodímir Zelenski de unirse a la OTAN; el 24 de febrero de 2022, Vladimir Putin, anunció que sus tropas habían traspasado la frontera, iniciando así lo que denominó como “una operación estratégica especial”.
Una ofensiva militar que trajo consigo nuevas votaciones de anexión ya no solamente en Lugansk y Donetsk, sino también en las provincias orientales de Kherson y Zaporizhia.
El inicio de una guerra que ha durado más de tres años y medio y que ha cobrado la vida de miles personas, tanto militares como civiles.
¿Está Rusia cada vez más sola?
A lo largo de los 25 años de Vladimir Putin y sus aliados a cargo de la Presidencia de Rusia ha habido múltiples cambios en el relacionamiento con las otras potencias del mundo.
Al inicio de Gobierno Putin tuvo una relación cordial con su homólogo estadounidense George W. Bush. ““Lo miré a los ojos. Lo encontré muy directo y confiable, pude sentir su alma”, declaró el líder político del Partido Republicano en 2001, tras ser consultado sobre si podía confiar en el nuevo inquilino del Kremlin.
A su vez, la Rusia ‘putinista’ tuvo un acercamiento con sus vecinos europeos durante parte del inicio del siglo. Firmando así acuerdos económicos como el del gasoducto Nord Stream, que satisfacía una parte de las necesidades de combustible de Alemania.
Sumado a esto, la Federación rusa acogió durante el primer cuarto de siglo dos grandes eventos deportivos mundiales, la Copa Mundial de la FIFA2018 y los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi en 2014.
Sin embargo, con el pasar de los años y de conflictos como el de Georgia y Crimea el Kremlin ha ido distanciándose de occidente, según el politólogo y consultor, Adrián Rocha, quien fue consultado por France 24.
Para el analista geopolítico, “hubo un punto de quiebre con la anexión de Crimea”, lo que condujo al inicio de una seguidilla de sanciones económicas, que se exacerbaron con la invasión en Ucrania.
Es así como hoy en día, la potencia euroasiática tiene, según las cifras de la Unión Europea, alrededor de 210.000 millones de euros congelados en activos.
Sumado a esto, a raíz de su incursión en Ucrania y sanciones por reiterados casos de dopaje han derivado a la exclusión de las delegaciones rusas de participar en los eventos organizados tanto por el Comité Olímpico Internacional como por la FIFA.
Aunque por otro lado, según análisis del Instituto de Consejo de Asuntos Globales de Chicago, Rusia ha estrechado sus vínculos con potencias y países emergentes de otros continentes, a través de mecanismos como los BRICS, a lo largo de los últimos años para contrarrestar las sanciones de occidente.
Y después de Putin… ¿qué?
Para 2026, el jefe de Estado que completa más de 25 años en puestos de poder cumplirá 74 años, sin un aparente sucesor a la vista. En 2024, el mandatario asumió su quinto mandato que iría, según lo estipulado hasta 2030.
Por lo que varios analistas y centros de investigación ya se encuentran preguntando ¿quién será el nuevo líder de Moscú? y si ese jefe de Estado ¿seguirá el legado de Vladimir Putin?
Muestra de ello es el artículo académico ‘Transición sin sucesor: La transformación del régimen de Putin’ escrito por investigadores del Centro de Estudios Estratégicos de Eurasia.
Durante el texto los académicos argumentan que durante los últimos dos años, Vladimir Putin, ha optado por iniciar un relevo generacional en altos cargos del Estado, con el objetivo de “crear un mecanismo de gobernanza colectiva que tanto fortalezca la capacidad del líder para gobernar como permanezca completamente subordinado a sus directrices”.
Sin embargo, aún no está claro quién será el sucesor de Vladimir Putin ni si la partida del líder derivará en un nuevo capítulo en la convulsa historia de Rusia.
“Si Putin logra rejuvenecer el régimen, el sistema podría ganar un segundo aire. Si fracasa, son posibles dos escenarios. En el primero, el régimen se desmorona gradualmente a medida que la élite envejece y la deserción se hace presente, alimentada por los conflictos entre los grupos ‘viejos’ y ‘nuevos’; en este caso, Putin probablemente permanecería en el cargo y sobreviviría al propio régimen. En el segundo, Putin es destituido del poder, ya sea por causas naturales o externas, mientras el régimen sobrevive y se adapta, superando así a su fundador”, concluye la investigación escrita por Vladimir Pastukhov y Nikolai Petrov.