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Quillón celebró el vino del sur: cepas patrimoniales y tradición campesina toman protagonismo Gastronomía

Quillón celebró el vino del sur: cepas patrimoniales y tradición campesina toman protagonismo

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Loreto Santibáñez
Por : Loreto Santibáñez Editora de Agenda País, Revista Jengibre y Braga.
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El Concurso del Vino de Quillón confirman que el futuro del vino chileno también se está escribiendo desde sus raíces más antiguas, en las parras patrimoniales y la tradición campesina del Itata y el sur de Chile.


En el sur de Chile, el vino no siempre nace en grandes bodegas ni en viñedos perfectamente alineados. Muchas veces surge de parras viejas que crecen en secano, en pequeñas parcelas campesinas, donde las familias han cultivado uvas durante generaciones.

Ese mundo vitivinícola ligado al territorio fue el protagonista del Concurso del Vino Quillón – Ñuble 2026, un certamen que buscaba celebrar la diversidad de los vinos del sur y el valor de las cepas patrimoniales.

Pero este año la celebración tuvo un tono distinto ya que el evento debió suspender parte de su programación debido a los incendios forestales que afectaron las zonas del Itata y del Biobío, recordando que el vino también es un producto profundamente expuesto a la fragilidad del paisaje que lo rodea.

Por eso la premiación se realizó el 4 de marzo en el Complejo Turístico Valle del Sol, en la comuna de Quillón, territorio que busca posicionarse como un polo del vino en el sur y que además fue la primera comuna chilena en integrarse a la red internacional Città del Vino, una asociación de municipios con vocación vitivinícola que promueve la cultura, el turismo y el desarrollo local ligado al vino.

Un certamen que mira hacia el sur vitivinícola

Durante décadas, el mapa del vino chileno estuvo dominado por los grandes valles vitivinícolas del centro del país. Sin embargo, en los últimos años el sur ha comenzado a recuperar un protagonismo histórico en un proceso de revalorización que pone en el centro a las cepas patrimoniales, la viticultura campesina y la producción a pequeña escala.

Más de 200 muestras de vino llegaron hasta Quillón para participar en la competencia, provenientes de distintos territorios vitivinícolas del sur de Chile: Itata, Bío-Bío, Malleco, Cautín, Osorno e incluso Chile Chico, reflejando la amplitud de una escena que crece año a año.

La evaluación estuvo a cargo de un jurado especializado nacional e internacional, que realizó la cata técnica antes de que se desataran las emergencias forestales. Gracias a ello, los resultados del concurso pudieron definirse, aunque la programación pública y parte de las actividades asociadas debieron suspenderse por seguridad.

El vino mejor evaluado del certamen fue el espumante “Traful Brut”, elaborado con Pinot Noir por la Cooperativa del Valle de Galvarino, en el Valle de Cautín, que obtuvo la distinción de Mejor Vino del Concurso.

También destacaron otras etiquetas representativas del dinamismo vitivinícola del sur:

  • Traful Brut Pinot Noir 2024 — Cooperativa Valle de Galvarino (Cautín).
  • Pet Nat Torontel 2025 — Viña Familiar Guarilihue (Itata).
  • Espumante Trifulca Brut Rosé Cinsault — Viña Trifulca (Itata).
  • Viognier 2023 — Viña Kutralcura (Malleco).
  • Viejo Riel País 2023 — Viña San Roke (Biobío).

La diversidad de estilos —desde espumantes hasta pet nat o reinterpretaciones de cepas tradicionales— refleja la creatividad de una nueva generación de productores del sur.

La fuerza de las cepas patrimoniales

El resurgimiento del vino del sur tiene su epicentro en el Valle del Itata, uno de los territorios vitivinícolas más antiguos de América. Allí sobreviven viñedos plantados hace más de un siglo, cultivados en secano y trabajados por pequeños agricultores.

Durante mucho tiempo estas uvas fueron destinadas a vinos simples o vendidas a granel. Hoy, en cambio, forman parte de un proceso de revalorización de las cepas patrimoniales chilenas, entre ellas:

  • País, considerada una de las variedades más antiguas del continente.
  • Cinsault, que ha encontrado en el Itata una expresión particularmente elegante.
  • Moscatel de Alejandría, histórica en la zona.
  • Torontel, una variedad aromática tradicional del sur.

Lejos de replicar modelos internacionales, muchos productores están apostando por vinos que expresen el paisaje, la historia y la identidad del territorio. Y es que el vino del Itata y de los valles vecinos no se entiende sin su base campesina.

En muchas localidades del secano interior, las viñas siguen siendo pequeños predios familiares, donde se mantienen prácticas transmitidas por generaciones: vendimias manuales, fermentaciones en lagares abiertos o tinajas de greda, y parras en cabeza que sobreviven sin riego artificial.

Durante décadas este modelo fue visto como un signo de atraso. Hoy, sin embargo, es precisamente esa viticultura de pequeña escala la que despierta interés en el mundo del vino.

Enólogos jóvenes, proyectos cooperativos y pequeñas bodegas han comenzado a embotellar estos vinos con identidad, cambiando el destino histórico de muchas uvas que antes se vendían sin origen ni relato.

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