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La inteligencia artificial no es autónoma: el trabajo humano precarizado que sostiene la tecnología Digital Créditos: El Mostrador.

La inteligencia artificial no es autónoma: el trabajo humano precarizado que sostiene la tecnología

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La socióloga e informática argentina Milagros Miceli expuso en Congreso Futuro 2026 el trabajo humano invisible que sostiene la inteligencia artificial, revelando un sistema global marcado por la precarización laboral, la tercerización hacia el Sur Global y el mito de una IA autónoma y neutral.


En su charla “El trabajo humano que sostiene la inteligencia artificial”, presentada en Congreso Futuro 2026, la socióloga e informática argentina Milagros Miceli puso en el centro del debate una dimensión habitualmente invisibilizada del desarrollo tecnológico: el trabajo humano que sostiene los sistemas de Inteligencia Artificial. Su exposición abordó la situación de millones de personas en el mundo —particularmente en el Sur Global— que realizan labores esenciales para el funcionamiento de estas tecnologías, como el etiquetado de datos, la moderación de contenidos y la “suplantación” de sistemas automatizados. La experta fue categórica: no existe una inteligencia artificial verdaderamente autónoma ni neutral.

De acuerdo con estimaciones del Banco Mundial, entre el 4,4 % y el 12,5 % de la fuerza laboral mundial, es decir, entre 150 y 430 millones de personas, trabaja en plataformas digitales, muchas de ellas en tareas directamente vinculadas al desarrollo de la IA. Ese fue el eje central de la intervención de Miceli, quien describió un ecosistema laboral marcado por la precarización, la invisibilidad y la desigualdad estructural, especialmente en países del Sur Global.

Desde una mirada crítica, la investigadora cuestionó la narrativa dominante sobre la autonomía de los sistemas inteligentes y expuso su profunda dependencia del trabajo humano. En ese contexto, reveló los sesgos, filtros políticos y omisiones que atraviesan toda la cadena de producción de la inteligencia artificial. “Es un trabajo que en general permanece oculto, que tiene que ver con crear conjuntos de datos que se usan para el entrenamiento de la inteligencia artificial”, explicó.

La brecha no es solo tecnológica, sino también social y geográfica. Mientras los modelos de IA suelen desarrollarse en centros de poder como Silicon Valley, quienes sostienen su funcionamiento reciben sueldos bajos y trabajan en condiciones muy distintas. La tercerización hacia países del Sur Global es una práctica extendida, en territorios donde el desempleo es alto y las oportunidades son escasas, lo que facilita aún más la precarización laboral.

Miceli detalló las distintas tareas que conforman este engranaje invisible. Entre ellas, la generación de datos, a través de anuncios que incentivan a los usuarios a compartir información personal, como: “¿usas gafas? Gana $2,5 subiendo una imagen de tu prescripción”. También la anotación y moderación de contenidos, mediante instrucciones como “lee estos textos y selecciona una etiqueta según corresponda”. A esto se suman las tareas de verificación, por ejemplo: “te mostraremos dos listas con ocho sugerencias adecuadas a tu búsqueda, tu tarea consiste en elegir la mejor” y, finalmente, la suplantación, donde personas reales se hacen pasar por asistentes automatizados, respondiendo a usuarios desde opciones predefinidas.

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“Sin estos trabajadores y trabajadoras no existiría la inteligencia artificial como la conocemos hoy en día. Servicios como ChatGPT, como filtros de moderación, como recomendaciones”, subrayó Milagros Miceli.

La experta también advirtió que los propios usuarios de internet participan, muchas veces sin saberlo, en el entrenamiento de la IA. Como ejemplo, mencionó las casillas de verificación que aparecen en la web para comprobar que alguien “es humano”. Según explicó, esta es “una tarea de etiquetado de datos”, por lo que cada interacción de este tipo contribuye directamente a la construcción de bases de datos y al desarrollo del negocio tecnológico.

La precarización en voz de los propios trabajadores

Durante su exposición, Miceli presentó avances del proyecto Data Workers Inquiry, una investigación que lidera junto a otros 28 expertos en sociología, ciencia política y filosofía, destinada a documentar el trabajo oculto de la IA en diez países del mundo. El proyecto recopila testimonios, muchos de ellos anónimos, por temor a represalias, sobre las condiciones laborales, las tareas realizadas y las formas de control ejercidas por las empresas.

Uno de los casos presentados fue el de un trabajador brasileño anónimo, identificado como Ruba, quien relató cómo las plataformas atraen personas prometiendo buenos ingresos, horarios flexibles y tareas simples. La realidad, sin embargo, es muy distinta: altas exigencias, control permanente del rendimiento y pagos diarios que, muchas veces, “no siempre se paga por lo que se hace”.

Otro testimonio correspondió a un trabajador en Kenia que participó como entrenador de ChatGPT. Su labor consistía en revisar y filtrar datos sensibles, lo que implicó una exposición constante a contenidos altamente perturbadores. Con el tiempo, esta experiencia afectó su salud emocional, generándole problemas de sueño, episodios de angustia nocturna y un impacto directo en su vida personal.

Miceli advirtió que este tipo de situaciones, sumadas a las condiciones laborales precarias, generan consecuencias psicológicas profundas, que incluso podrían ser consideradas enfermedades laborales. Como ejemplo, mencionó el caso de una trabajadora venezolana que hoy enfrenta una enfermedad crónica “que surgió a partir de hacer este trabajo y cómo todo esto viene de somatizar el estrés, la incertidumbre, la injusticia”.

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La socióloga también denunció que muchas empresas mantienen deliberadamente el mito del uso exclusivo de IA como estrategia de marketing, cuando en realidad gran parte del servicio es trabajo humano. “Llegan a extremos como la suplantación –trabajadores que se hacen pasar por IA–. Cada uno de estos trabajadores y los cientos que entrevisté antes de este proyecto han firmado acuerdos de confidencialidad con las empresas que contribuyen al ocultamiento de este trabajo, pero también a un nivel de secretismo altísimo dentro de esta industria, donde no pueden hablar de para quién trabajan, qué hacen, en qué consiste su trabajo, cómo son los datos, ni qué se va a entrenar con esos datos”, comentó.

En su reflexión final, Milagros Miceli cuestionó de manera directa la idea de que la inteligencia artificial sea una tecnología objetiva, neutral y completamente automatizada. Recalcó que detrás de su funcionamiento existe una red de trabajadores precarizados, principalmente en regiones del Sur Global como África, Asia y Latinoamérica, cuyas realidades quedan fuera del relato oficial del progreso tecnológico.

La charla “El trabajo humano que sostiene la inteligencia artificial” se encuentra disponible en el canal de YouTube de Congreso Futuro.

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