La iniciativa obtuvo el primer lugar nacional en el concurso “Desafíos para la Recuperación Post-Incendios” de Anid y surge en un contexto cada vez más complejo para la gestión de incendios forestales en el país. Solo en las temporadas 2024-2025 y 2025-2026, el fuego ya ha afectado más de 28 mil hectáreas, con tasas de mortalidad muy altas en los procesos tradicionales de reforestación.
Frente a este escenario, el proyecto propone un enfoque pionero: producir árboles nativos que, desde sus primeras etapas de desarrollo, adquieran mayor tolerancia al estrés hídrico, térmico y nutricional, aumentando así sus posibilidades de sobrevivir en suelos degradados por incendios.
“Hoy la reforestación post-incendio fracasa en gran medida porque las plantas se producen en condiciones muy favorables. Pero luego se enfrentan a suelos degradados por el fuego, que tienen pocos nutrientes y un alto estrés ambiental. En este proyecto lo que hacemos es preparar las plantas desde la germinación para que puedan adaptarse y sobrevivir bien en esos escenarios extremos”, explica Andrés Fuentes, académico de la Facultad de Ciencias Agropecuarias y Medio Ambiente de la UFRO y líder del proyecto.
Durante la primera etapa —un pilotaje de nueve meses desarrollado en 2025— el equipo evaluó una estrategia eco-biotecnológica basada en complementar el sustrato de cultivo con microbiomas, es decir, comunidades naturales de microorganismos benéficos presentes en suelos de bosques nativos. Estos cumplen un rol clave en el desarrollo de las especies, al ayudarlas a tolerar condiciones adversas como sequía, altas temperaturas y baja disponibilidad de nutrientes, características propias de los suelos tras un incendio.
“Uno de los principales problemas de la reforestación post-incendio es que las plantas producidas de manera tradicional no logran adaptarse al ambiente degradado que deja el fuego. Más del 60% puede morir durante el primer año”, señala Fuentes.