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Día Mundial de la Eficiencia Energética: el desafío de usar mejor la energía en Chile y el mundo Sostenibilidad Crédito: Cedida.

Día Mundial de la Eficiencia Energética: el desafío de usar mejor la energía en Chile y el mundo

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Cada 5 de marzo se conmemora una fecha que invita a reflexionar sobre el uso responsable de la energía, clave para enfrentar el cambio climático, reducir costos y avanzar hacia economías más sostenibles.


En un contexto marcado por el avance tecnológico, la digitalización y el crecimiento urbano, el consumo energético se ha convertido en uno de los grandes desafíos del siglo XXI. La discusión ya no se centra únicamente en cuánto se produce, sino también en cómo se utiliza la energía y cuál es su impacto ambiental, económico y social.

Cada 5 de marzo se celebra el Día Mundial de la Eficiencia Energética, una jornada que busca promover el uso racional y sostenible de la energía en todo el planeta.

Más allá del concepto de “ahorrar electricidad”, la eficiencia energética apunta a un cambio más profundo: utilizar la energía de forma inteligente. Esto implica optimizar procesos productivos, modernizar edificaciones, mejorar tecnologías y modificar hábitos de consumo para reducir emisiones sin frenar el desarrollo.

Según explica Ricardo Zamarreño, docente de la Universidad del Alba, “la eficiencia energética no es solo un concepto técnico, es un imperativo social y económico. En Chile, optimizar el uso de la energía permite reducir costos para las familias y las empresas, pero también avanzar hacia una economía más limpia y resiliente. Las universidades tenemos el desafío de formar profesionales capaces de liderar esta transformación, incorporando innovación y sostenibilidad en cada proyecto industrial, social, económico, etc.”.

Crédito: El Mostrador.

El escenario global y los compromisos climáticos

A nivel internacional, la transición energética avanza, aunque todavía a un ritmo insuficiente para cumplir los objetivos climáticos. De acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía, mejorar la eficiencia energética es la forma más rápida y costo-efectiva de reducir emisiones contaminantes.

De hecho, esta estrategia podría aportar hasta el 40% de la reducción necesaria para alcanzar los compromisos climáticos globales.

Entre los principales desafíos que enfrentan los países destacan la reducción del consumo energético sin afectar el crecimiento económico, la descarbonización de sectores intensivos como el transporte, la industria y la construcción, así como la incorporación de innovación tecnológica y digitalización para gestionar mejor los sistemas energéticos.

También se considera clave aumentar la inversión en infraestructura eficiente y ampliar el uso de energías renovables como la solar, eólica, hídrica o geotérmica, dependiendo de las condiciones naturales de cada territorio.

América Latina y el avance de las energías renovables

En América Latina, el panorama muestra algunos avances relevantes en la transición energética. Según explica David Burrieza, director de los Mercados de Energía, Telco e Industria de Indra Group para Perú y el Cono Sur, la región ya genera cerca del 60% de su electricidad a partir de fuentes renovables.

“La región ya genera cerca del 60% de su electricidad a partir de fuentes renovables. Si se ejecutan los proyectos planificados, América Latina podría multiplicar su capacidad solar y eólica en más de 460% hacia 2030”.

No obstante, el especialista advierte que el desafío no solo pasa por aumentar la generación limpia, sino también por digitalizar y optimizar los sistemas energéticos para hacerlos más eficientes y resilientes.

El desafío energético de Chile

En el caso de Chile, el debate sobre eficiencia energética adquiere características propias. El país ha logrado avances en la incorporación de energías renovables, posicionándose como uno de los referentes regionales en generación solar y eólica.

Sin embargo, todavía existen brechas relevantes en sectores como la industria, el transporte y el parque inmobiliario.

Entre los principales desafíos se encuentran el aumento constante de la demanda energética impulsado por la digitalización y el crecimiento urbano, la necesidad de mejorar la eficiencia en procesos industriales y edificaciones, así como fortalecer políticas públicas que incentiven la inversión en tecnologías eficientes.

A esto se suma la transición hacia la electromovilidad y la electrificación de procesos productivos, cambios que requieren estándares de eficiencia cada vez más exigentes.

En ese escenario, el Día Mundial de la Eficiencia Energética se plantea no solo como una conmemoración simbólica, sino como un recordatorio de la necesidad de repensar la forma en que se produce, consume y gestiona la energía.

En un contexto de recursos limitados y compromisos climáticos urgentes, mejorar la eficiencia energética aparece como una estrategia que combina dimensiones ambientales, económicas y tecnológicas.

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