Carreras técnicas y mercado laboral: Las oportunidades de la formación técnico-profesional en Chile
En medio del debate por el real impacto de la educación superior, el rector de Inacap, Lucas Palacios, plantea la necesidad de derribar prejuicios, mejorar el acceso a la información y fortalecer la formación técnico-profesional como una alternativa concreta, con empleabilidad y opciones de ingreso.
Más del 30% de las carreras impartidas en Chile tendría un retorno económico negativo y dos de cada cinco titulados no trabajan en áreas relacionadas con lo que estudiaron. Las cifras, contenidas en un reciente informe de la Fiscalía Nacional Económica (FNE), reabrieron una discusión de fondo: si el actual sistema de educación superior está respondiendo realmente a las necesidades del país y de las personas.
En ese escenario, la educación técnico-profesional aparece como una opción cada vez más relevante para miles de estudiantes que buscan inserción laboral, estabilidad y movilidad social, muchas veces sin la necesidad de rendir la PAES y con acceso a gratuidad.
En entrevista con Agenda País de El Mostrador, Lucas Palacios, rector de Inacap, señaló que los datos evidencian un problema estructural que va mucho más allá de una mala elección individual.
Las verdadera proyección de la educación superior
El estudio de la FNE encendió las alertas sobre el funcionamiento del sistema de educación superior en Chile. No solo por los datos económicos, sino también por su impacto en la trayectoria laboral de los egresados.
“El 35% tiene una rentabilidad negativa, sino que además que 2 de cada 5 titulados después no trabajan en áreas que tengan que ver con aquello que estudiaron”, advierte el rector de Inacap.
A su juicio, estas cifras obligan a cuestionar la sostenibilidad del modelo actual. “Esto nos lleva a pensar si es que el sistema de educación superior tal cual lo conocemos y tal cual opera en Chile es sostenible y proyectable en el largo plazo. Y yo tengo mis serias dudas que eso sea así”, sostiene.
El rector apunta a un crecimiento acelerado de la educación superior durante las últimas tres décadas, que no ha ido acompañado de una adecuada conexión con el mercado laboral ni con el desarrollo productivo del país.
“La verdad es que la educación superior en Chile ha tenido un crecimiento explosivo en los últimos 30 años, pero no está siendo capaz de responder las necesidades del país”, agregó.
Falta de información y decisiones marcadas por prejuicios
Uno de los puntos más críticos que releva Palacios es la falta de información con la que cuentan quienes postulan a la educación superior. A esto se suman decisiones tomadas por tradición familiar o por percepciones sociales instaladas.
“Muchas personas toman la decisión de estudio en base a elementos de tradición familiares, con muy poca información, a veces persiguiendo la idea que el título les va a permitir abrir grandes puertas, muchas veces puertas que están para siempre cerradas”, sostiene.
En ese contexto, la educación técnico-profesional enfrenta el desafío de ser evaluada con criterios más precisos. Palacios advierte que el sistema es altamente heterogéneo y que muchas veces se comparan realidades que no son equivalentes.
“Es muy difícil, si no imposible, meter a todos los institutos profesionales y centros de formación técnica en el otro saco, que es la educación técnico-profesional”, explica. Y agrega que dentro de este subsistema conviven carreras altamente tecnológicas con otras orientadas a servicios, con impactos y resultados muy distintos.
Para Palacios, el problema no es solo estructural, sino también cultural. “En Chile estamos llenos de prejuicios. Y los prejuicios también han invadido, han teñido la educación superior”, dice, apuntando a decisiones de estudio basadas en tradiciones familiares o en expectativas que no siempre se cumplen en el mercado laboral.
En ese sentido, recalca que la educación técnica y la universitaria no deben entenderse como caminos opuestos. “La educación universitaria y la educación técnica y técnico-profesional son absolutamente complementarias. Pero eso pareciera ser que la gente no lo sabe”, sostiene y enfatiza la importancia de entregar información clara y oportuna a los postulantes.
Otras vías de acceso y el rol de la gratuidad
El acceso es otro punto central. Hoy existen alternativas para ingresar a la educación superior sin rendir la PAES, especialmente en el ámbito técnico-profesional, junto con opciones de gratuidad que amplían las oportunidades para distintos grupos sociales.
Para Palacios, derribar barreras también implica ampliar la mirada sobre quiénes pueden estudiar. “Seguimos discriminando a adultos y adultos mayores… a personas que tienen algún nivel de discapacidad… a migrantes que llegan legalmente y quieren sacar adelante a su familia”, enumera.
Finalmente, el rector plantea que el objetivo de fondo debe ser claro: “Que la educación superior se transforme realmente en una plataforma, en un puente de movilidad social que permita que las personas puedan sacar adelante sus proyectos de vida, permita que las personas se realicen, sean felices y puedan colaborar con el desarrollo del país”.
En este escenario, Palacios recalca que existen alternativas para acceder a la educación superior que no necesariamente pasan por la PAES y que la gratuidad también está presente en el mundo técnico-profesional, aunque muchas veces es desconocida.
Para el rector, el desafío es avanzar hacia un sistema que informe mejor, derribe prejuicios y entienda la educación superior como un conjunto de trayectorias complementarias.