Relativistas climáticos se sueltan las trenzas
¡Hola! El mundo está caliente y no me refiero solo al calentamiento global. Arrancamos una nueva temporada de Juego Limpio poniendo sobre la mesa las tensiones que marcarán el año, desde luego, pero sin dejar de poner el acento también en aquello que estimula, que guía el camino. El factor humano es clave. Somos parte del problema y de la solución.
En esta edición abordamos el avance del relativismo climático, que dejó de ser un murmullo marginal para instalarse en auditorios empresariales y en la agenda pública, erosionando la legitimidad de la acción climática bajo la apariencia de “realismo”. Sin pudor, Axel Kaiser y el gurú del relativismo climático, Bjørn Lomborg, darán rienda suelta a esta modalidad de negacionismo solapado en un seminario abierto al público.
Frente a esa narrativa, revisamos también el contundente informe de la IPBES que advierte que sin biodiversidad no hay negocio posible y que el modelo de desarrollo actual está generando riesgos económicos y sociales cada vez más concretos.
También nos sumergimos en territorios donde la crisis ya es palpable, como los arrecifes mesofóticos de Rapa Nui que se asfixian lentamente bajo un mar cristalino, mientras analizamos el nuevo liderazgo de Chile en la negociación global contra la contaminación por plásticos, un proceso complejo que busca transformar la gobernanza ambiental internacional.
Y porque el panorama no es solo advertencia, inauguramos Futuro en Marcha, una sección semanal dedicada a las señales de avance: desde el descubrimiento de una nueva especie de pulpo en el Pacífico Suroriental y el histórico registro de la ranita de Darwin en Los Ríos, hasta iniciativas que combaten la contaminación plástica y estudios que recuerdan que la abeja –el ser vivo más importante del planeta– sostiene gran parte de nuestra seguridad alimentaria.
¡Listo! Hecha la invitación, vamos a lo nuestro.
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Relativismo climático a sus anchas en auditorio de la Sofofa
Hace pocos días se supo que la conducción de TVN quedará en manos de Patricio Dussaillant, cercano al Presidente electo, José Antonio Kast. No solo fue asesor comunicacional del Partido Republicano entre 2021 y 2024, sino que actualmente dirige el think tank Ideas Republicanas.
En su calidad de director de ese centro de estudios, el año pasado, en el programa “Animales Políticos”, Dussaillant relativizó el consenso científico sobre el cambio climático. Ante la pregunta de si un eventual Gobierno de Kast actuaría conforme a la evidencia disponible, respondió: “El tema es qué entiendes por cambio climático”.
Luego añadió que “cambio climático vivimos siempre” y que, a su juicio, existen “posturas más ideológicas en el tema”. Relativismo climático en estado puro.
¿Dónde está el peligro? En que el relativismo climático opera como una forma de negacionismo más sofisticada: no niega frontalmente el fenómeno, pero erosiona la legitimidad de la acción y posterga decisiones urgentes.
- Ideas como estas, que bien podrían parecer aisladas, hoy tendrán un completo seminario de tres días, donde el objetivo central es ampliar la base social del relativismo climático.
Abril. Sede de la Sofofa. Un auditorio empresarial, inscripción abierta y un título que no busca matices: “Apocalipsis climático: el fin de un mito”. La Fundación para el Progreso (FPP) instala con este debate un choque cultural, no se trata de un seminario técnico. Los principales exponentes son Axel Kaiser, director ejecutivo de la FPP y Bjørn Lomborg, uno de los relativistas climáticos más refutados por el mundo científico.
El relativismo no niega el calentamiento global. Lo reencuadra. Desde 2019, Axel Kaiser ha sostenido que la preocupación por el clima adquiere un tono “religioso”. El desplazamiento es clave: si la alarma es dogma, la regulación es fanatismo; si la urgencia es fe, la política climática es imposición ideológica.
- El resultado no es refutar datos, sino erosionar su legitimidad pública. La discusión deja de ser empírica y se vuelve identitaria.
Ahí radica el riesgo del relativismo climático: funciona como negacionismo por otros medios. No discute la existencia del fenómeno, pero desacredita su gravedad, cuestiona la escala de la respuesta y, sobre todo, pospone la acción. En contextos de crisis económica o polarización, la idea de que “hay prioridades más urgentes” se traduce en dilación estructural. Y la dilación, en un sistema climático acumulativo, no es neutral.
Lomborg, invitado central y autor de El ecologista escéptico y Falsa alarma, encarna ese enfoque. Acepta la ciencia básica, pero disputa el dramatismo de sus consecuencias y la eficiencia de la mitigación acelerada.
Científicos del clima le reprochan subestimar impactos sistémicos y riesgos no lineales, tratar escenarios extremos como improbables sin ponderar incertidumbres profundas y seleccionar datos acordes a su tesis costo-beneficio. En fenómenos con puntos de inflexión –hielos, corrientes oceánicas, eventos extremos encadenados– minimizar probabilidades puede equivaler a jugar con daños irreversibles.
- El debate, entonces, no es entre crecimiento y ecología, sino entre cálculo económico tradicional y principio de precaución. Convertir la crisis en variable secundaria de una planilla no la vuelve menos física.
Chile ya experimenta sequías prolongadas, incendios recurrentes y estrés hídrico estructural. Presentar el “apocalipsis” como mito no es solo provocación retórica; es intervención en la agenda pública.
El relativismo perdió los estribos cuando dejó de plantear dudas metodológicas y optó por la impugnación cultural del consenso. En la crisis climática, cada año de espera se acumula en la atmósfera.
Sin naturaleza no hay negocio: el informe que sacude al mundo empresarial
Pensando aún en los argumentos económicos para deslegitimar la acción climática, se me vino a la mente la columna “Ni fanatismo ni extremismo: bienvenido el realismo y el pragmatismo”, de Daniel Vercelli Baladrón, de la consultora Manuia.
La columna proponía dejar atrás tanto el rechazo ideológico como la adopción superficial de la sostenibilidad y avanzar hacia un enfoque pragmático. Esto implica que las empresas integren los factores ambientales en el corazón de su estrategia: en la gestión de riesgos, en la toma de decisiones y en sus modelos de negocio, basándose en datos, ciencia y tendencias regulatorias.
- No se trata de “ser verdes” por imagen, sino de anticipar riesgos, adaptarse a nuevas reglas del mercado y asegurar su viabilidad a largo plazo.
Este argumento está en el corazón de un informe que se dio a conocer a mediados de febrero y que por profundos alcances considero oportuno darlo a conocer en este número inicial de la temporada 2026 de Juego Limpio.
Un nuevo informe de la IPBES, The Global Risk Report 2026, lo pone en palabras claras: el modelo de desarrollo actual ha crecido a costa de una pérdida profunda de biodiversidad y ese costo ya no es solo ambiental, sino también económico y social.
Aprobado por representantes de más de 150 gobiernos miembros durante la 12ª sesión plenaria de la IPBES, realizada en Manchester, Reino Unido, el informe de evaluación metodológica sobre el impacto y la dependencia de las empresas respecto de la biodiversidad y las contribuciones de la naturaleza a las personas –conocido como Informe sobre empresas y biodiversidad– concluye que el sector empresarial es clave para frenar y revertir la pérdida de diversidad biológica.
Advertencia: muchas compañías aún carecen de información adecuada para identificar y gestionar sus impactos y dependencias, así como los riesgos y oportunidades vinculados a la biodiversidad.
Lo que antes parecía lejano –la desaparición de especies, la degradación de ecosistemas– empieza a sentirse como un riesgo concreto. Sin agua, sin suelos sanos, sin equilibrio climático, no hay producción posible, sostiene el informe. Incluso industrias que se perciben “desconectadas” de la naturaleza dependen de ella en múltiples niveles, muchas veces invisibles. Aun así, el sistema sigue operando como si ese soporte fuera infinito.
Parte del problema está en los incentivos. En 2023, los flujos financieros globales –públicos y privados– con impactos directamente negativos sobre la naturaleza se estimaron en 7,3 millones de millones de dólares. De ese total, 4,9 millones de millones provinieron de financiamiento privado, mientras que el gasto público en subsidios perjudiciales para el medio ambiente alcanzó aproximadamente 2,4 millones de millones de dólares.
En contraste, ese mismo año se destinaron 220 mil millones de dólares a actividades orientadas a la conservación y restauración de la biodiversidad, provenientes de fuentes públicas y privadas. Esa cifra equivale a apenas el 3% de los recursos e incentivos públicos que fomentan prácticas empresariales dañinas o que desalientan conductas favorables a la biodiversidad.
Pero también hay otro obstáculo más silencioso: la falta de información y de herramientas claras. Muchas empresas no saben cómo medir su impacto ni cómo hacerse cargo de él. Menos del 1% reporta de forma explícita su relación con la biodiversidad.
En ese vacío, las decisiones se postergan o se diluyen en compromisos generales que no logran traducirse en cambios reales.
Rapa Nui: el arrecife que se asfixia bajo el azul profundo
El azul de Rapa Nui no es un simple color: es una transparencia que parece borrar el mar. En esta isla el agua es tan cristalina que engaña a la vista. Los científicos la llaman ambiente oligotrófico: pocos nutrientes, poca turbidez, una luz que cae limpia hasta lo profundo.
Allí abajo, el kare –el coral en lengua rapa nui– se levanta como un bosque de piedra iluminado desde arriba. Es hogar del Nanue, el pez jardinero que poda algas, y de las tortugas que duermen entre sus grietas. Un paraíso que, sin embargo, se está quedando sin aire.
¿Qué se sabe? La primera señal llegó en 2014. El investigador Javier Sellanes, del Centro de Ecología y Manejo Sustentable de Islas Oceánicas (ESMOI) de la Universidad Católica del Norte, descendió con cámaras acopladas a robots submarinos hasta la zona mesofótica, entre los 100 y 120 metros de profundidad. Allí encontró lo inesperado frente a Hanga Roa: un manto oscuro de algas y cianobacterias cubriendo los arrecifes, bloqueando la luz, asfixiando al coral. Donde antes hubo blanco luminoso, ahora había un tapiz verde.
La explicación no estaba en una tormenta lejana ni en un fenómeno remoto del océano abierto. Estaba bajo tierra.
Rapa Nui es una esponja volcánica. Lo que se descarga en la superficie –en pozos sépticos que reemplazan a un alcantarillado integral– se filtra por la roca y emerge en el mar. Con una población residente cercana a los 8 mil habitantes y más de 150 mil turistas al año, el nitrógeno y el fósforo de las aguas servidas comenzaron un viaje subterráneo hacia los arrecifes profundos.
No desaparecieron: percolaron.
La oceanógrafa Práxedes Muñoz encontró la huella química del desastre. A través de isótopos estables de nitrógeno, el equipo confirmó que los nutrientes que “sobrealimentan” las algas no son naturales: provienen de desechos humanos.
Al llegar a los arrecifes mesofóticos, este exceso desata una explosión de cianobacterias que forman una alfombra oscura y densa. No es solo suciedad. Es una barrera mortal que bloquea la escasa luz que llega a esa profundidad y priva a los pólipos del oxígeno y la energía necesarios para sobrevivir. Frente a Hanga Roa, lo que hoy se observa es un cementerio submarino.
En diciembre de 2025, el equipo regresó a bordo del “Santa Victoria” para comparar ese paisaje con sectores aún saludables como Anakena y Vaihu, dentro del Área Marina Costera Protegida de Múltiples Usos. Los datos preliminares son elocuentes: donde el impacto urbano es menor, el arrecife respira; donde el drenaje es constante, la biodiversidad y la biomasa de peces caen. Incluso el sonido cambia. Con tecnología acústica, los científicos comenzaron a “escuchar” el arrecife: uno sano suena como una orquesta; uno degradado, como un desierto.
El peligro que acecha a los arrecifes de Rapa Nui no llega con olas gigantes ni mareas violentas. Es invisible, lento y subterráneo. Viaja gota a gota desde la superficie hasta los 100 metros de profundidad. En el fondo del mar más cristalino del mundo, la ciencia intenta responder si este bosque de coral aún puede sanar o si estamos documentando, con precisión, sus últimos suspiros.
Chile asume liderazgo en pacto global contra plásticos
Chile asumió un rol clave en la gobernanza ambiental global luego de que Julio Cordano, director de la División de Medio Ambiente, Cambio Climático y Océanos de la Cancillería, fuera elegido como presidente del proceso de negociación del tratado internacional contra la contaminación por plásticos.
En Juego Limpio haremos un avance de la entrevista que le realizó la periodista Emilia Aparicio y que será publicada próximamente en El Mostrador.
Desde esta nueva posición, Cordano deberá conducir un diálogo complejo entre países con intereses diversos, en un escenario marcado por la urgencia climática y las tensiones sobre cómo abordar el uso de este material.
“Mi rol como presidente es precisamente facilitar una discusión entre las delegaciones para asegurar ese propósito. A nivel personal es, sin dudas, un desafío muy importante, que veo como una contribución importante de Chile y su diplomacia para encontrar soluciones participativas frente a este problema global”, señaló Cordano, destacando el carácter multilateral del proceso.
El avance de las negociaciones ha sido más lento de lo previsto, aunque dentro de parámetros habituales para este tipo de acuerdos. “En efecto, las negociaciones han tomado más tiempo del que estaba previsto, aunque comparado con otros procesos multilaterales estamos aún en un horizonte razonable para un asunto tan complejo. En este sentido, es natural que haya puntos de divergencia entre las delegaciones”, explicó, subrayando las dificultades de alcanzar consensos en un tema estructural.
Uno de los principales desafíos, según Cordano, es transformar el actual modelo de producción y consumo de plásticos. “La transición desde el actual sistema de producción y consumo de plásticos hacia uno que no genere contaminación en sus diversas fases, así como hacernos cargo de la contaminación que ya existe, es un proceso difícil, que habrá que abordar con un sentido de urgencia, pero también de realismo y pragmatismo”, afirmó.
En esa línea, el foco no está únicamente en reducir el uso del plástico, sino en gestionar sus impactos. “Lo importante es focalizarse en la contaminación que resulta del uso del plástico, que tiene muchas aplicaciones y su tratamiento varía de acuerdo a sus espacios de utilización. La OCDE ha proyectado que al 2060 se podría triplicar la producción global de plásticos, expansión que iría acompañada en la misma medida por contaminación”, advirtió.
El diplomático también destacó la experiencia chilena como referencia, aunque enfatizó que no existe una solución única. “Esta es una materia donde los mismos países deberán trabajar y proveer respuestas que sean apropiadas para cada caso. En Chile hemos visto cómo se ha desarrollado una legislación que justamente apunta a gestionar los plásticos (…). Este ha sido nuestro camino, con las transformaciones necesarias para su implementación. Otros países podrán tal vez considerar variantes”, sostuvo.
Finalmente, Cordano apuntó al rol del tratado como espacio de articulación global. “El tratado puede proveer precisamente un espacio común, con objetivos y propósitos compartidos, con instrumentos y procesos que se puedan desarrollar de manera conjunta, con un mecanismo de apoyo tecnológico y financiero, entre otras herramientas fundamentales para este fin”, concluyó.
Futuro en Marcha
En medio de cifras alarmantes y diagnósticos urgentes, esta nueva sección de Juego Limpio pondrá el foco en lo que sí está avanzando. Cada semana, en Futuro en Marcha reuniremos iniciativas, descubrimientos y políticas que están marcando la diferencia en acción climática, restauración ecológica y conservación de la biodiversidad, demostrando que la transición no es solo una promesa, sino también un proceso en curso que ya está transformando territorios y comunidades.
Un pulpo oculto por 25 años emerge desde el Pacífico
Los investigadores Christian Ibáñez y María Cecilia Pardo, del Departamento de Ecología y Biodiversidad de la Universidad Andrés Bello, identificaron una nueva especie de pulpo de aguas profundas perteneciente al género Graneledone, cuyo hallazgo fue publicado en la revista Journal of Marine Science and Engineering.
Es la primera especie nueva descrita en este género en más de 25 años, elevando a 11 el total de especies reconocidas a nivel mundial y reforzando la importancia del Pacífico Suroriental como reservorio clave de biodiversidad marina. Para los científicos, el descubrimiento combinó asombro ante la vida oculta del océano profundo y orgullo por contribuir al conocimiento del planeta.
La ranita de Darwin reaparece donde nunca antes se había registrado
Por primera vez en sus más de 30 años de historia, la Reserva Nacional Mocho Choshuenco, en la cordillera de Los Ríos, confirmó la presencia de la Rhinoderma darwinii, la Ranita de Darwin, especie en peligro de extinción. El hallazgo se originó tras el reconocimiento de su canto por parte de un guardaparque y fue corroborado en terreno con el avistamiento de un macho adulto y registros auditivos adicionales, lo que sugiere una población establecida en el área.
La incorporación de la reserva a los territorios que albergan esta especie endémica de Chile y Argentina –famosa porque el macho incuba a las crías en su saco vocal– refuerza la urgencia de extremar medidas de bioseguridad para protegerla frente a enfermedades y amenazas a su hábitat.
45 mil toneladas menos, millones por venir: el récord que desnuda la crisis del plástico
La ONG neerlandesa The Ocean Cleanup marcó en 2025 un hito histórico al retirar más de 25 millones de kilos de residuos plásticos en un solo año, elevando su captura acumulada a 45 mil toneladas desde el inicio de sus operaciones. El logro, basado en una estrategia que prioriza interceptar desechos en ríos –donde mil cursos fluviales concentran el 80% del plástico que llega al mar–, representa un cambio de escala en la limpieza oceánica.
Sin embargo, el avance también evidencia la magnitud del desafío: cada año ingresan al océano cerca de 11 millones de toneladas de plástico, según Naciones Unidas. Mientras la organización apuesta por eliminar el 90% del plástico flotante para 2040 con su Programa de 30 Ciudades, la realidad es clara: sin reducir la producción y mejorar la gestión global de residuos, el récord podría ser apenas una pausa en una crisis que sigue desbordando al planeta.
La abeja, el ser vivo más importante del planeta
La abeja ha sido declarada por el Earthwatch Institute como el ser vivo más importante del mundo, y la razón es decisiva: el 70 % de la agricultura global depende de su labor de polinización, un proceso esencial para la reproducción de las plantas y la producción de alimentos. Sin este insecto, buena parte de los cultivos que sostienen la dieta humana simplemente no existirían. Un estudio del CeapiMayor de la Universidad Mayor junto a la Apiculture Corporation of Chile, con apoyo de la FIA, destacó además que es el único ser vivo que no transporta patógenos, reforzando su singularidad biológica.
Sin embargo, enfrenta un declive dramático por pesticidas, deforestación y pérdida de flores, con episodios masivos de mortalidad como el registrado en Brasil, lo que convierte su protección en una prioridad estratégica para la seguridad alimentaria global.
Zorros polinizadores: la inesperada alianza en la cordillera de Santiago
Un registro inédito en la cordillera de Santiago abrió una nueva línea de investigación sobre la interacción entre fauna y flora nativa: durante meses, el fotógrafo e investigador Bernardo Segura documentó a zorros culpeo alimentándose del néctar del chagual –planta endémica de la zona central que florece solo una vez en su vida tras décadas de crecimiento– y transportando polen adherido a su hocico hacia otras flores.
Captadas mediante cámaras trampa en sectores cordilleranos de la Región Metropolitana, las imágenes sugieren que este mamífero podría cumplir un rol inesperado en la polinización de una de las especies más emblemáticas del paisaje chileno.
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