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Felicitaciones, Max Opinión Créditos: Cedida.

Felicitaciones, Max

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Daniel Reyes Morales
Por : Daniel Reyes Morales Alcalde de La Florida.
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Hoy en La Florida celebramos a Max. Estudiante del Colegio Bellavista, puntaje nacional en Matemática 1, uno de los 2.800 mejores resultados del país en la última PAES.

Quienes lo conocen me cuentan que Max es un joven muy normal: alegre, tranquilo, con propósito, metas claras, una mamá muy presente, un colegio que lo acompañó y un entorno que cuidó su proceso.

El Colegio Bellavista es municipal. Y ha sido su casa desde que entró a kínder, hace 13 años. Parto por aquí porque la educación no es una consigna ni una lucha ideológica. Es, más bien esto: trayectorias largas, continuidad, comunidad y apoyo bien puesto. Personas reales, no slogans.

Durante dos décadas, una generación política convirtió la educación en bandera, en relato épico y en campo de disputa ideológica. Prometieron que, desde la protesta, la gratuidad total y el cambio del modelo, emergería una educación pública de excelencia. Los datos, lamentablemente, no avalan esa promesa.

Hoy, en el ranking de los 100 mejores resultados PAES por colegio, aparece solo un establecimiento público, en el lugar 72. El resto corresponde casi en su totalidad a colegios particulares pagados, ni siquiera al sector particular subvencionado, donde se concentra más de la mitad de la matrícula escolar del país.

La comparación histórica resulta aún más incómoda. En 2006, cuando comenzó el movimiento pingüino, había tres colegios municipales entre los 100 mejores resultados. En 2018, antes del deterioro institucional y de la violencia instalada desde 2019, había cuatro municipales y tres particulares subvencionados. Hoy, el número volvió a caer. No hubo avance estructural; hubo retroceso.

Y no por falta de talento —Max es prueba de ello—, sino por decisiones políticas mal tomadas, por la ideologización del debate educativo y por no haber protegido los pocos modelos que sí empezaban a mostrar buenos números. El plan de Liceos Bicentenarios demostró que la exigencia académica, el foco pedagógico y el apoyo del Estado podían marcar diferencias. Luego fue debilitado, abandonado y finalmente golpeado por una
violencia que entró con fuerza a los colegios. Este gobierno se va dejando una deuda difícil de eludir: no haber cuidado aquello que sí funcionaba en educación.

En La Florida, la realidad educativa ofrece otra lección que el debate nacional suele ignorar. Cerca del 75% de nuestros estudiantes asiste a colegios particulares subvencionados. Familias de clase media que creen en el mérito, en el esfuerzo y en un Estado que acompaña con inteligencia, no que adoctrina ni destruye modelos por razones políticas. El próximo gobierno tiene el deber de ofrecerles un plan claro y responsable.

La educación del siglo XXI no se juega en disputas ideológicas del pasado. Se juega en inteligencia artificial, habilidades emocionales, tecnología, creatividad, pensamiento crítico, cuidado del medio ambiente y convivencia. También —sin complejos— en disciplina y esfuerzo personal. No se construye desde la rabia ni desde la violencia, sino desde la estabilidad, la exigencia y el respeto por los procesos educativos.

Mientras algunos siguen discutiendo “relatos”, jóvenes como Max nos recuerdan algo simple y poderoso: cuando hay familia, escuela, propósito y un Estado que acompaña bien, las cosas sí funcionan.

Felicitaciones, Max. Ojalá sepamos estar a la altura de lo que tu esfuerzo nos exige. Y que logres convertirte en el ingeniero químico que sueñas ser.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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