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Pantallas y sueño infantil: cómo afectan el crecimiento físico y emocional de niños y adolescentes Niñez Crédito: El Mostrador.

Pantallas y sueño infantil: cómo afectan el crecimiento físico y emocional de niños y adolescentes

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El uso de pantallas antes de dormir puede afectar el descanso y el desarrollo físico y emocional de niños y adolescentes. La psicóloga infantojuvenil Valentina Mosso explica cuánto tiempo se recomienda según la edad y por qué conviene evitar dispositivos una hora antes de acostarse.


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El tiempo que niños, niñas y adolescentes pasan frente a las pantallas puede interferir con uno de los procesos fundamentales para su desarrollo: el sueño. Durante el descanso profundo se libera la hormona del crecimiento, mientras que dormir bien también contribuye a la atención y la regulación emocional. Por ello, limitar el uso de dispositivos antes de acostarse y establecer rutinas familiares son medidas relevantes durante esta etapa.

Cómo influye el sueño en el crecimiento infantil

El crecimiento durante la niñez y la adolescencia no comprende únicamente cambios físicos. También involucra el desarrollo cognitivo, emocional y social, procesos en los que la calidad del sueño cumple un papel importante.

Durante las fases más profundas del descanso aumenta la secreción de la hormona del crecimiento, relacionada con el desarrollo muscular y la regeneración y reparación de los tejidos. Por esta razón, dormir adecuadamente es parte de las condiciones que favorecen el desarrollo físico durante la infancia.

Sin embargo, sus efectos no se limitan al organismo. La calidad del descanso también puede influir en la atención, el comportamiento y la capacidad de regular las emociones durante el día.

Valentina Mosso, psicóloga infantojuvenil de Endoplus, explica que “La hormona de crecimiento se libera principalmente al inicio del sueño y en las fases más profundas. En ese sentido, dormir bien no solo es clave para el crecimiento físico, sino también influye directamente en otros aspectos como la ansiedad, la regulación emocional y la atención de los niños y adolescentes en las actividades que realiza durante el día”.

Pantallas antes de dormir: por qué pueden afectar el descanso

Uno de los factores que puede interferir en la calidad del sueño es el uso de dispositivos electrónicos antes de acostarse. La exposición a pantallas durante ese período puede dificultar la consolidación de una rutina nocturna adecuada y desplazar actividades necesarias para el descanso.

La especialista también advierte sobre el hábito de comer mientras se mira un dispositivo, una práctica que puede interferir con las rutinas cotidianas. Por ello, recomienda evitar las pantallas durante la hora previa a acostarse y dar prioridad a un descanso de buena calidad.

“El uso de estos aparatos antes de dormir, o el comer mientras se mira una pantalla, desconecta de todo este ciclo natural. Por eso, la recomendación es evitar el uso de pantallas al menos una hora antes de acostarse, priorizando el sueño para que sea de buena calidad”.

Las consecuencias de dormir poco o tener un descanso de mala calidad pueden extenderse a distintos ámbitos de la vida infantil. Entre los efectos se encuentran las dificultades de concentración, la irritabilidad, las alteraciones del comportamiento y el aprendizaje, además de posibles repercusiones en la salud física y psicológica, como ansiedad y depresión.

Cuánto tiempo frente a pantallas se recomienda según la edad

Los límites de exposición a dispositivos electrónicos varían según la etapa del desarrollo. De acuerdo con las recomendaciones entregadas por Mosso, es importante considerar la edad de cada niño o niña y evitar que el uso de pantallas desplace el sueño, las comidas y el juego.

En menores de 18 meses, la especialista señala que no se recomienda la exposición a pantallas, salvo en videollamadas o situaciones en que sea necesario mantener el contacto con algún familiar.

Entre los 2 y los 5 años, plantea limitar el tiempo sedentario frente a pantallas a un máximo de una hora diaria. También recomienda priorizar contenidos de calidad y educativos, acompañados por una persona adulta, y desplazar su uso hacia los fines de semana.

Desde los 6 años en adelante, la orientación es establecer acuerdos familiares sobre el uso de dispositivos, procurando que no interfieran con los horarios de sueño, las comidas ni el juego.

La Organización Mundial de la Salud publicó en 2019 una guía sobre actividad física, comportamiento sedentario y sueño para menores de cinco años. En ella recomienda limitar el tiempo frente a pantallas y priorizar el descanso y el juego activo como parte de un desarrollo saludable.

Por su parte, la Sociedad Chilena de Pediatría advierte que, dado que la liberación de la hormona del crecimiento suele concentrarse en la primera mitad de la noche, las alteraciones en la estructura del sueño podrían asociarse a un menor crecimiento físico en niños y niñas.

Cómo establecer una rutina de sueño sin generar conflictos

Reducir el tiempo frente a las pantallas puede convertirse en una fuente de tensión cuando los niños y adolescentes no comprenden el motivo de los límites. Por eso, la especialista plantea que las conversaciones familiares sobre el descanso, el crecimiento y los cambios corporales se desarrollen en un ambiente seguro y predecible.

Preguntar cómo se sienten y conversar sobre sus hábitos permite abordar estas medidas con mayor naturalidad, sin transformar la hora de dormir en un momento de conflicto. La idea es que las restricciones se entiendan como parte del cuidado y no únicamente como una prohibición.

En ese contexto, Mosso aconseja a los adultos transmitir que “estamos aquí para acompañar y guiar en este proceso para que pueda desarrollarse lo mejor posible en esta etapa tan crucial, y que a veces los cuidadores tomarán decisiones justamente para cuidarlos”.

Además de regular el uso de dispositivos, la especialista destaca la importancia de promover el juego activo durante el día. El descanso adecuado, una buena alimentación y el movimiento regular forman parte de las condiciones que contribuyen al desarrollo integral durante la infancia y la adolescencia.

El bienestar emocional también forma parte del crecimiento

La relación entre sueño y desarrollo infantil muestra que los hábitos cotidianos pueden influir en más de una dimensión de la salud. La falta de descanso o su mala calidad pueden repercutir en el aprendizaje, la concentración y el comportamiento, además de afectar el bienestar físico y psicológico.

En ese escenario, establecer horarios, reducir la exposición a pantallas antes de dormir y mantener espacios de conversación dentro de la familia son medidas que buscan favorecer una rutina más saludable. La aplicación de límites, según la especialista, debe considerar la etapa de desarrollo de cada niño y acompañarse de orientación y contención.

La recomendación final es entender el descanso como parte del cuidado integral, junto con la alimentación y la actividad física. Como concluye Mosso, lo importante es entregar a los menores “un ambiente seguro donde el niño pueda crecer feliz y desarrollarse plenamente en sus habilidades sociales y socioemocionales”.

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