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Si no lo ven, no lo sueñan: Lo que pierden las niñas cuando Chile no apoya a Bachelet Yo opino Créditos: Agencia Uno.

Si no lo ven, no lo sueñan: Lo que pierden las niñas cuando Chile no apoya a Bachelet

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Desde las infancias se instalan brechas profundas entre niñas y niños a partir de los roles y estereotipos de género. Mis charlas, talleres y espacios terapéuticos están atravesados por esta idea: aquello que parece “natural” es, en realidad, aprendido.

Entre los 5 y los 7 años, niñas y niños comienzan a internalizar los mandatos asociados a su sexo: cómo deben sentir, qué les debe interesar, cómo deben expresarse, qué les debe gustar y hasta qué les está permitido soñar. Como sociedad participamos activamente en este proceso al naturalizar que existen “cosas de niñas” y “cosas de niños”, a través de los juguetes que regalamos, los cuentos que contamos, los referentes que mostramos y los juegos que posibilitamos.

Estas prácticas tienen efectos concretos en el presente y en el futuro. Cuando, incluso mediante los juguetes, se asocia a las niñas con el espacio doméstico y reproductivo (muñecas, cocinitas, planchas, maquillaje) y a los niños con la exploración del espacio y el desafío intelectual (pelotas, microscopios, autos, cohetes), se van moldeando intereses, habilidades y expectativas de vida. Con el tiempo, esto produce habituación, confianza y dominio en ciertos ámbitos, mientras otros quedan fuera de su horizonte posible.

Que la revista Science haya publicado que a los seis años las niñas comienzan a percibirse menos inteligentes que sus pares masculinos no es azar ni biología. No se trata de que sus cerebros estén “programados” para ello, sino de que crecen en un entorno que no potencia de igual forma sus intereses ni su autoconfianza. Es el resultado de una estructura social que distribuye estímulos, oportunidades y reconocimiento de manera desigual.

El espacio público y de poder ha estado históricamente dominado por varones. No porque posean capacidades superiores, sino porque existe una brecha inicial que orienta a las mujeres hacia el espacio privado y a los hombres hacia el espacio público. La socialización temprana define qué territorios parecen propios y cuáles ajenos.

Fomentar el interés y la participación de las mujeres en los espacios de decisión es una tarea colectiva. Desde la crianza, la educación formal y los medios de comunicación es posible abrir caminos, fortalecer intereses no condicionados por estereotipos, revertir inseguridades aprendidas y habilitar a las niñas para ocupar plenamente todos los espacios.

Un elemento fundamental en este proceso son las referentes. Que las niñas vean a mujeres siendo brillantes, liderando, decidiendo, ocupando espacios de poder y construyendo autonomía. Mujeres dirigiendo organizaciones, gobernando países, legislando, investigando, emprendiendo, transformando sus comunidades y levantando la voz en sus territorios.

Que el gobierno de Chile no considere importante que una mujer chilena encabece la Organización de las Naciones Unidas a nivel mundial es un ejemplo perfecto para evidenciar que no estamos preparados para darle la importancia que requiere mostrarle a las niñas lo lejos que pueden llegar, lo mucho que pueden hacer, lo grande que pueden soñar.

Reducir estas brechas requiere acción conjunta. No cambiarán si no abrimos deliberadamente estos caminos, si no ampliamos los horizontes de lo posible y si no construimos un mundo donde las niñas puedan mirar a otras mujeres y decir, con convicción: “Yo quiero ser como ella.”

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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