Yo opino
Crédito: El Mostrador.
Cáncer de mama: cuando la detección temprana depende de las oportunidades
Hoy conmemoramos el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, y como país nos teñimos de rosado para recordarlo. Las campañas que se llevan a cabo como medida sanitaria, nos recuerdan la importancia de la detección temprana, el autocuidado y los controles preventivos. Sin embargo, detrás de estos mensajes surge una pregunta que considero merece una mayor atención: ¿todas las mujeres en Chile tenemos realmente las mismas oportunidades de detectar esta enfermedad a tiempo?
Las cifras nacionales evidencian la magnitud del problema. Según antecedentes del Ministerio de Salud, el 2024 fallecieron más de 1.840 mujeres por cáncer de mama en nuestro país. Esta enfermedad continúa siendo la principal causa de muerte por cáncer en mujeres chilenas, lo que representa no solo un desafío clínico, sino también una preocupación permanente para la salud pública.
Aunque como país hemos avanzado en materia de prevención y diagnóstico, persisten brechas importantes. Un análisis de la Biblioteca del Congreso Nacional señala que, durante 2024, el programa público de tamizaje registró 655.715 mamografías, alcanzando una cobertura estimada de apenas un 20,2% de las mujeres entre 50 y 69 años, grupo prioritario para esta estrategia. Esta cifra nos invita a reflexionar sobre la distancia que todavía existe entre disponer de prestaciones preventivas y garantizar su acceso efectivo.
Las campañas que se realizan para fortalecer la salud pública invitan y enfatizan en la responsabilidad individual de cada persona: realizarse los exámenes, consultar oportunamente y mantener hábitos saludables. Si bien estas recomendaciones son fundamentales, resultan insuficientes cuando no consideran las condiciones en que viven las mujeres. Para muchas, acudir a una mamografía implica solicitar permisos laborales, reorganizar responsabilidades familiares, asumir costos de traslado o enfrentar dificultades para conseguir una hora de atención. En estas circunstancias, la prevención deja de depender exclusivamente de la voluntad personal y se transforma en una cuestión de oportunidades.
Por otro lado, también es importante reconocer los esfuerzos realizados para fortalecer la respuesta sanitaria. Durante el primer semestre de este año, se cerraron 30.805 garantías GES asociadas al cáncer de mama, un 9,6% más que en el mismo período del año anterior. Estos avances son relevantes, pero deben acompañarse de una evaluación permanente de la oportunidad y continuidad de la atención. Una mamografía, por sí sola, no garantiza un diagnóstico oportuno si posteriormente existen demoras en la evaluación de hallazgos sospechosos, la confirmación diagnóstica o el inicio del tratamiento.
Desde la matronería, esta realidad adquiere especial relevancia, ya que nuestro quehacer profesional no se limita a la atención durante el embarazo o el parto, sino que comprende el acompañamiento integral de la salud sexual y reproductiva a lo largo del curso de vida. La educación sanitaria, la identificación de factores de riesgo, la evaluación clínica y la derivación oportuna constituyen oportunidades concretas para contribuir a la detección temprana del cáncer de mama. La atención primaria de salud desempeña un papel estratégico en este escenario, ya que busca fortalecer el vínculo entre el equipo de salud y las comunidades, desarrollando estrategias de búsqueda activa de mujeres que no acceden a controles preventivos y asegurando mecanismos efectivos de seguimiento, como medidas que contribuyen a disminuir las brechas existentes.
Las instituciones formadoras de profesionales de la salud también tenemos una responsabilidad. Formar profesionales integralmente competentes es indispensable, pero no suficiente. Necesitamos desarrollar una mirada crítica, sensible a las desigualdades y comprometida con una atención centrada en las personas. Comprender que detrás de una mamografía pendiente puede existir una barrera de acceso, y no necesariamente una falta de interés por el autocuidado, constituye parte esencial de una práctica clínica responsable.
Habiendo dicho esto, resulta especialmente preocupante la reciente intervención de Chile ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, donde la representación del estado cuestionó el reconocimiento internacional del aborto como un derecho. Si bien esta declaración se refiere a una materia específica, invita a una reflexión más profunda sobre el lugar que ocupa la salud de las mujeres en las prioridades públicas. Los derechos sexuales y reproductivos no pueden reducirse a controversias ideológicas ni abordarse de manera fragmentada, pues involucran dimensiones fundamentales de la salud, la dignidad y la autonomía de las personas. Desde una perspectiva sanitaria, resulta indispensable recordar que las políticas públicas deben sustentarse en evidencia científica, principios éticos y compromisos internacionales de derechos humanos, independientemente de las orientaciones de cada administración. La protección de la salud de las mujeres exige coherencia, continuidad y responsabilidad institucional. Los derechos en salud no puedenquedar sujetos a interpretaciones políticas circunstanciales.
Por tal motivo, hoy el desafío es trascender las campañas simbólicas y avanzar hacia compromisos sostenidos. La concientización es necesaria, pero debe traducirse en acceso, oportunidad diagnóstica y continuidad asistencial. La verdadera lucha contra el cáncer de mama no consiste únicamente en recordarles a las mujeres que deben cuidarse, sino en construir un sistema de salud que les permita hacerlo.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.