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La discusión sobre las artes y el patrimonio en la comisión de conocimiento, ciencia, tecnología, arte y patrimonio de la Convención

por 10 octubre, 2021

La discusión sobre las artes y el patrimonio en la comisión de conocimiento, ciencia, tecnología, arte y patrimonio de la Convención
El tema del arte, y las discusiones en torno a él por los y las constituyentes, debiese abordarse desde variadas perspectivas no necesariamente conciliadoras: ejemplos pueden ser quienes vinculan el arte, a partir del conocimiento, a las lecturas de lo práctico, o al menos a la búsqueda de soluciones sobre el uso, como se da en las conversaciones sobre ciencia experimental (la ciencia aplicada es claro que los usos son primordiales); otra perspectiva es sobre la tautologización de las artes, también la no necesidad de relacionar este con lo útil. En este último punto debiese ser importante e interesante la discusión (que, repito, no se ha dado en el contexto constituyente aún) sobre las vinculaciones inevitables de lo estético con los demás conceptos de la comisión, donde los usos de las artes no pueden tomarse, por ejemplo, con los de los conocimientos epistémicos ni la ontología práctica en lo referente al abarcamiento y el entendimiento de la realidad.
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Ya aprobadas y conformadas las comisiones por parte de los y las constituyentes, lo que concierne, particularmente, a la comisión de conocimiento, ciencia, tecnología, arte y patrimonio, hemos podido ver el particular interés de la constituyente Cristina Dorador en los distintos debates y conversaciones en torno a esta comisión tan extensa en conceptos. Claramente, para lograr unificar, lo mejor posible, esta comisión, habrá que tomar una perspectiva inter y transdisciplinaria. Mientras tanto, he extrañado la profundización sobre los últimos conceptos que se leen en esta comisión: arte y patrimonio. Tengo entendido que hay diversas organizaciones vinculadas a las artes y las culturas (principalmente gremialistas) que se encuentran intentando incidir, desde sus distintas perspectivas e intereses, pero no me he enterado de conversatorios de estos últimos temas con las y los constituyentes. 

En este sentido, lo más coherente, es que, una vez que se pueda “definir” o plantear las perspectivas del abordaje en torno al concepto de conocimiento (o conocimientos), por parte de quienes conforman esta comisión, se podrá, también, delinear rumbos teórico-prácticos que involucren de qué manera se tratarán, transversalmente la ciencia, tecnología, arte y patrimonio.

En esta breve columna me interesa referirme, como mencioné antes, a las artes y el patrimonio, los cuales son temas que, históricamente en Chile, se han considerado de manera periférica y, la gran mayoría de las veces, como los temas culturales de “menor” importancia, pues, en general, a partir de las distintas educaciones del país, lo transversal a ellas ha sido las consideraciones públicas y políticas como materias de divertimento y/o recreación. En varias columnas, escritas para este mismo medio periodístico, he mencionado la gran importancia del arte en la educación, y viceversa; también las vinculaciones ontológicas del arte y lo político (con hipótesis de esta vinculación en diferentes contextos) en La pérdida sensible de lo político, El fracaso de la estética política hoy y El fracaso de la estética politica II.

A quienes les interese lo primero, pueden revisar El arte y la estética preceden a lo social y a lo político, también las relaciones de paradigma entre el arte y la tecnología en la revuelta en Del arte localizado al arte nómada. Dentro de la vinculación arte y tecnología, también está la relación del arte y blockchain, Las artes como patrimonio en una constitución, Cuerpos, política y arte, La gran importancia de las artes y las humanidades hoy y su peligro de extinción, La conveniente estetización en el fracaso de la izquierda. En lo patrimonial se encuentra El proyecto de ley de patrimonio no ayuda al patrimonio. Estos son algunos ejemplos rápidos, hay muchos más temas vinculados que he tratado de formas resumidas y que tienen relación con la importancia, urgencia y decaimiento del tema en lo social, educacional, político y ontológico. En este sentido, pensar en desarrollos de importancia real sobre las artes contemporáneas estarían, lamentablemente, muy lejos de tomarse con la fuerza que requieren, pues, la gran mayoría de los acercamientos a ello son bajo una perspectiva de vinculación moderna más que la búsqueda prospectiva de lo desconocido en materia estética. 

El tema del arte, y las discusiones en torno a él por los y las constituyentes, debiese abordarse desde variadas perspectivas no necesariamente conciliadoras: ejemplos pueden ser quienes vinculan el arte, a partir del conocimiento, a las lecturas de lo práctico, o al menos a la búsqueda de soluciones sobre el uso, como se da en las conversaciones sobre ciencia experimental (la ciencia aplicada es claro que los usos son primordiales); otra perspectiva es sobre la tautologización de las artes, también la no necesidad de relacionar este con lo útil. En este último punto debiese ser importante e interesante la discusión (que, repito, no se ha dado en el contexto constituyente aún) sobre las vinculaciones inevitables de lo estético con los demás conceptos de la comisión, donde los usos de las artes no pueden tomarse, por ejemplo, con los de los conocimientos epistémicos ni la ontología práctica en lo referente al abarcamiento y el entendimiento de la realidad.

Lo real (también concepto en disputa) es y toma parte de lo estético, es evidente, pero la relación de una política de las artes en esto debe revisarse con pinzas antes de enfocarla o ponerla en el saco de los conocimientos como perspectiva de lo útil en sí y de la información como problema filosófico. En estos problemas, considero que abordar y profundizar el concepto de identidad podría ayudar a conciliar un entorno medianamente aceptable (por el momento) para ejercer una hipótesis sobre la pregunta por el arte y “ubicarla” en un contexto constitucional. Todo lo escrito anteriormente aún no abarca lo que vendría a ser lo tecnoestético simondoniano (que mencionaba, muy rápido en la columna anterior a esta y que, nuevamente, tendré que postergar para otra reflexión aparte), donde los alcances de lo estético debiesen superar la aún perspectiva ilustrada y romántica de la contemplación y el juicio kantiano, para devenir en un humano encargado de su propia relación con la realidad en lo estético.

Quizás para muchos y muchas, estas breves reflexiones puedan parecer abstractas, lo cierto es que distan mucho de serlo cuando se tiene la oportunidad de plantear bases constitutivas y políticas en torno a de qué maneras nos relacionaremos con uno de los principios iniciales de la relación del humano y las cosas del mundo en el día a día, sin, muchas veces, percatarse: lo estético es parte de la vida en todo momento y lugar, no vivimos sin él en nuestras propias decisiones más importantes sobre elecciones tan simples como elegir una vestimenta un día, hasta qué futuro se decidirá en materia de estudios, de relaciones afectivas, la formación diaria de las y los hijos (pues las decisiones psicológicas no están exentas de bases estéticas), y muchos etcéteras. 

Con respecto al patrimonio, considero que requiere otras columnas, pues habría que tomarlo desde sus bases filosóficas personalistas, y de qué manera estas bases inciden en las decisiones sobre lo que se entiende como conservación de legados particulares o públicos. Sin embargo, una de las bases de principio para tratar, de forma posterior, será la vinculación de esta materia en el arte, es decir, el arte mismo (de una nación, o como lo abarque una nación internacionalmente) no puede dejar de ser un patrimonio (vivo, no vivo, daría lo mismo) en la perspectiva originaria de lo personalista y también en lo comunitario como resguardo de muchas cosas que se entienden hasta ahora con el rótulo de arte. Es decir, la base del arte es ser él su propio patrimonio más allá de los múltiples derechos que se le puedan dar sin saber a qué se le está atribuyendo en realidad.  

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