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Wagner Moura y eventual gobierno de Kast: “Ojalá que respete a los derechos humanos y la democracia”

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Marco Fajardo Caballero
Por : Marco Fajardo Caballero Periodista de ciencia, cultura y medio ambiente de El Mostrador
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El actor brasileño estrenó “El agente secreto” en el pasado Festival Internacional de Cine de Viña del Mar, donde fue la cinta de clausura. Por su papel de un profesor perseguido en plena dictadura brasileña además resultó nominado este lunes en los Globos de Oro.


“El Agente Secreto”, una película brasileña de suspenso político (2025) dirigida por Kleber Mendonça Filho y protagonizada por Wagner Moura, fue la cinta de clausura del reciente Festival Internacional de Cine de Viña del Mar.

Previamente además logró el premio a mejor dirección en Cannes para Kleber Mendonça Filho y el de mejor actor para Moura.

A eso se sumó que este lunes ha conseguido tres nominaciones a los Globos de Oro, -un récord para la cinematografía brasileña- en las categorías de mejor película, mejor película de habla no inglesa y mejor actor. Moura ya había sido nominado en la categoría Mejor Actor de Serie de Televisión en los Globo de Oro de 2016 por su papel de Pablo Escobar en la serie “Narcos”.

La historia sigue a Marcelo, un profesor que huye de la represión durante la dictadura militar de 1977 y llega a Recife buscando una nueva vida, solo para descubrir que su pasado vuelve a perseguirlo. Una cinta aclamada internacionalmente, también seleccionada para representar a Brasil en los Oscar 2026. El próximo 26 de febrero se estrenará en Chile.

Su personaje es un civil, atrapado por una dictadura, en una cinta donde sin embargo esa palabra nunca se pronuncia.

“Yo creo que él (Kleber) quiso hacer algo sobre gente que es afectada por la dictadura simplemente por los valores que tienen o por quiénes son, que por el simple hecho de ser quienes son ponen su vida en riesgo, y creo que eso es muy fuerte”, comentó Moura esta semana en una ronda con varios medios de comunicación, entre ellos El Mostrador, organizada por la plataforma MUBI, donde el filme debutará el próximo 17 de abril.

Fueron doce años sin hacer un filme brasileño como actor.

“Hubo el deseo mío también de explorar, hacer otras cosas en otras lenguas, pero no puedo pasar tanto tiempo sin trabajar en portugués, porque yo siento que es muy liberador hablar mi propia lengua”, dijo.

“Soy brasileño, tengo fuerte el carácter de la cultura de Bahía, de Salvador, de ahí soy. Nosotros todos somos un reflejo de nuestro pasado, de nuestra cultura. Yo nunca entendí actores que llegan de todos lados, por ejemplo, a Hollywood, a Estados Unidos, y tratan de mezclarse y de volverse parecido a los gringos o como eso”.

El actor tiene una fuerte conexión con la memoria histórica de su país, cuya prueba más palpable es su ópera prima “Marighella”, que fue la cinta inaugural en SANFIC en 2019. Estrenada en el Festival Internacional de Cine de Berlín, la producción ambientada está ambientada en 1969, año en que la dictadura brasileña mató al político y guerrillero Carlos Marighella.

Fue la película inaugural de SANFIC15 y tuvo muchos problemas para estrenarse en Brasil por la oposición del gobierno de Jair Bolsonaro (2018-2022), un abierto defensor de la dictadura del cual Moura fue un decidido detractor.

Memoria histórica

“Nosotros siempre hicimos películas sobre sobre la dictadura, pero igual en Brasil tenemos un problema de memoria muy grande”, admite Moura.

“Creo que hay que hacer más películas (sobre el tema). No creo que las que el arte exista para preservar la memoria, creo que es el arte es algo más más grande que eso, pero igual tiene ese efecto, ¿no? El arte, el periodismo, las universidades, que no casualmente son las cosas a primera cosa es que son atacadas por gobiernos autoritarios”.

Para él, al hablar de la dictadura de 1977, “igual hablamos de Brasil hoy también. Porque muchas cosas ha cambiado, pero por ejemplo, Bolsonaro es una manifestación física de los ecos de la dictadura militar. Aún los valores de la dictadura siguen ahí”.

Su impulso al filme

En cuanto a su personaje, Moura explica que hace mucho tiempo tenía ganar de trabajar con el director de la cinta, conocido entre otros por su cinta “Aquarius” (2016).

“Nosotros dos fuimos muy críticos contra el gobierno de Bolsonaro y los dos sufrimos la consecuencia de eso. Entonces, estábamos los dos llamándonos uno al otro y decíamos, ‘hermano, ¿cómo vamos a reaccionar a eso?’. Creo que la película nace de la perplejidad de nosotros con lo que estaba pasando en Brasil, cuando un gobierno decidió que iba a traer los valores de la dictadura militar para el país, para una democracia gigante como Brasil, en el siglo XXI”.

Fue entonces un impulso conjunto, de crear personajes, de traer la cultura brasileña para la pantalla, asegura.

Globos de Oro

Por otro lado, al ser consultado sobre qué significa su nominación a los Globos de Oro, y la atención mundial que está concitando el cine brasileño, que este año ganó el Oscar a la Mejor Película Extranjera con “Aún estoy aquí”, también un filme centrado en la dictadura, él responde que “el cine brasileño siempre estuvo ahí, es una cinematografía fuerte”.

“Siempre hicimos películas políticas, desde los 60, del movimiento del Cine Novo, que fue una producción cinematográfica potente, pero que depende de políticas de Estado. Desafortunadamente, la verdad es que son políticas de gobierno, así que cambian, cambia el gobierno”, explica.

“Hoy, por ejemplo, bajo Lula, hay toda fuerza para la cultura, el Ministerio de la Cultura está otra vez ahí, y eso hace mucha diferencia, así que claro, la democracia y la cultura caminan juntos. No es sólo nuestra película, la película de Gabriel Mascaro (“O ultimo azul) ganó (el Gran Premio del Jurado) en Berlín, entonces es un momento muy bueno para el cine brasileño y eso no pasa de casualidad, eso son políticas públicas”.

Moura celebra que estas películas “están recibiendo atención fuera del país y es muy especial, es muy bonito, porque es la cultura brasileña ahí, siendo vista por todos lados”.

“Pero es aún más importante, creo, para Brasil, para los espectadores brasileños, para una reconexión del público brasileño con el cine brasileño. Para que la gente se vea, porque ningún país se desarrolla sin verse en su producción cultural, en sus películas, en sus obras de teatro, en sus libros. Ese es el desarrollo de un país, es patrimonio simbólico”.

A nivel personal, su nominación lo pone “muy feliz, muy contento, pero igual siento que represento una cultura, y creo que es importante para actores jóvenes brasileños, que puedan ver que sí se puede, que se puede trabajar con arte, con cultura, y las cosas pasan”.

El personaje

En cuanto a su personaje, Moura señala que tiene una “admiración por las generaciones pasadas que lucharon, que pelearon por por la democracia”, tal como en su cinta “Marighella”, aunque en este caso su personaje, un profesor universitario, es un hombre común y corriente.

“La mayor parte de las víctimas de la dictadura no son los héroes, no son los guerrilleros, no, son las personas en general. Los regímenes autoritarios persiguen a gente a personas por el color de su piel, por su orientación sexual, por su religión, por sus ideas políticas, por su conducta moral. Los de la academia, los periodistas como ustedes, los artistas, son los primeros a ser atacados por regímenes autoritarios”.

“Me gusta mucho que en esa película los héroes sean gente común, gente que está ahí, que trata de vivir con sus valores, de mantenerse mantenerse fieles fieles a sus valores. Eso sí, es loco que que en en algunos momentos de la historia, incluso hoy en muchas partes del mundo, solamente vivir de acuerdo con sus valores ponga tu vida en riesgo”.

En cuanto a la construcción del personaje, “yo me pongo mucho a mí mismo en los personajes que hago. De alguna manera los personajes soy yo, o alguna versión de quién soy, me pongo ahí con honestidad, y a veces eso es difícil, porque a veces uno no sabe bien quién es en algún momento o toca buscar en cosas que están ahí que uno no quiere ver, cosas feas. Los personajes todos son de una manera son reflejos de mí mismo”.

Además este personaje “vino de una inquietud, de un sentimiento muy grande de injusticia, de perversidad, acerca de Brasil. Es un personaje que es una mezcla entre mí mismo, Kleber y las memorias que tenía yo del Brasil bajo la dictadura, que otra vez está muy cerca, porque la dictadura brasileña oficialmente terminó en 85, pero de hecho no terminó en 85. Los ecos de la dictadura siguen hasta hoy ahí. Bolsonaro es una manifestación física de los ecos de la dictadura militar”.

La lección de Kast

A pocos días de la elección presidencial y la probable elección de un candidato de ultraderecha, ¿qué nos puede enseñar esta película y su personaje para enfrentar este periodo que se viene en Chile?

“No sé si tenemos lo que enseñarle. Creo que siempre películas son importantes, pero tengo problemas en pensar que las películas  enseñan algo, porque no están ahí para eso”.

Moura recordó entonces el estreno de su película en SANFIC en 2019.

“Tuve una emoción muy grande, por ejemplo, cuando hice ‘Marighella’ y no pude estrenarla en Brasil porque Bolsonaro la censuró. Se estrenó en Berlín en 2019 y yo solamente pude estrenarla en Brasil en 2021, luchando, con metiendo detectores de metales en las puertas, horrible”, recordó.

“Y fue muy emocionante pasar la película en en el Sanfic, porque fue lo más próximo que pude estar de Brasil. Cuando fui a SANFIC,  la reacción de los chilenos con la película fue muy fuerte. A mí me emocionó, nunca voy a olvidar eso. Me emocionó mucho porque claro, tenemos esa misma herida abierta, la dictadura”.

“Ustedes saben bien, hermano, lo que es un gobierno autoritario. Nosotros, ustedes, los argentinos, los uruguayos, todos nosotros que vivimos eso a la vez, con toda la vaina de la Operación Cóndor, en esa época terrible”.

En cuanto a un eventual gobierno de José Antonio Kast, “ojalá sea un gobierno de derecha civilizada”.

“Yo respeto a la derecha, la derecha tiene existir, como balance, de lo ideológico y de pensamiento. Pero que no sea un gobierno como fue Bolsonaro en Brasil, como es lo de (Javier) Milei en en Argentina. Que sea una derecha que respete a los derechos humanos, que respete a las ideas de los otros, que respete a la oposición, que tenga respeto por la democracia”.

Mayor desafío

Frente a la consulta de cuál fue la escena que mayores retos implicó para él, señala que fue hacer el hijo del personaje, ya adulto.

“Nosotros cuadramos que Fernando sería mi último día de filmación, porque me iba a cortar el pelo y todo. Pero tres días antes de hacerlo, empecé a pensar, ay, cómo voy a hacerlo, y luego me calmé porque yo viví por mucho tiempo haciendo la piel de su papá, de Armando, y pensé que lo que iba a hacer con Fernando era hacer en él la ausencia de su padre, acordándome del niño en la escena del carro. Porque él, más que nada, es un niño que no pudo vivir con su papá, como muchos niños en Brasil, como muchos niños en muchas partes del del mundo”, responde.

“Pero no solo eso, era un niño que le tocaba vivir sin la memoria de su papá, con una memoria mentirosa de quién su papá, porque la manera con que Kleber escogió mostrar su muerte es con la foto en el periódico, y lo que está es escrito en el periódico es que fue profesor corrupto. O sea, es una doble manera de matarlo, lo matan y después matan a su memoria, matan a su reputación”.

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