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Relaciones en la era digital: socióloga explica que “la intimidad tiene implicancias sociales” CULTURA Congreso Futuro

Relaciones en la era digital: socióloga explica que “la intimidad tiene implicancias sociales”

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Emilia Aparicio Ulloa
Por : Emilia Aparicio Ulloa Periodista El Mostrador
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Tras el debate viral sobre si “tener novio es vergonzoso”, la socióloga Marie Bergström propone mirar más allá. Desde los cambios económicos y el feminismo hasta las apps de citas, sus investigaciones muestran que las relaciones jóvenes no están en crisis, sino atravesadas por nuevas normas.


Un artículo reciente de la revista Vogue se volvió viral al decir que “tener novio es vergonzoso”. La frase, provocadora y eficaz para circular en redes, parecía condensar una idea extendida: que las nuevas generaciones estarían abandonando el amor romántico, el compromiso y la vida en pareja. Sin embargo, para la investigadora del Instituto Francés de Estudios Demográficos y doctora en Sociología de la Sciences Po de París, Marie Bergström, invitada a Congreso Futuro, ese tipo de titulares dicen más sobre el funcionamiento de los medios que sobre lo que realmente ocurre en la vida íntima de los jóvenes.

“Yo no le daría tanta importancia”, señala en conversación con El Mostrador.

“Creo que lo que quizá dice es que hoy la soltería no está necesariamente asociada a un estigma social, que puede ser socialmente valorada y valiosa en ciertas edades, pero no creo que refleje un fenómeno más grande. Tal vez solo nos dice que hoy es más fácil ser soltero, que no se considera necesariamente algo malo o algo no elegido. La soltería puede ser una situación elegida”, agrega.

Lejos de ser un tema banal o meramente privado, las relaciones amorosas, la intimidad y el sexo son para Bergström un objeto de estudio central, no solo por sus implicancias sociales y políticas, sino por el valor mismo del conocimiento.

“Creo que es importante. Hay una importancia intrínseca, en el sentido de que, así como es importante saber sobre las estrellas, el sistema solar o las galaxias, incluso si no hacemos nada concreto con ese conocimiento, los seres humanos perseguimos el conocimiento. Y estudiar la intimidad es, en primer lugar, importante simplemente para comprender cómo funcionan estas cosas”, explica.

“Puede ser interesante e importante de manera aplicada: es importante para la salud mental, tiene importancia para el bienestar. Hoy hablamos mucho de fertilidad y de la caída de las tasas de natalidad, y no podemos mirar solo la formación de la familia. También necesitamos mirar qué buscan los jóvenes cuando buscan amor, qué quieren, qué tipo de relaciones no quieren tener, qué tipo de futuro ven para sí mismos. Todo esto tiene implicancias políticas y sociales muy concretas”, añade, desde el Centro Cultural Ceina.

Desde la sociología, además, se amplía el foco más allá de las experiencias que suelen dominar el discurso público. “Cuando los medios hablan de relaciones, muchas veces hablan de las relaciones de un grupo muy pequeño: privilegiado, educado, urbano, de clases medias y altas. Como socióloga, mi trabajo es decir: ‘Esa es una forma de vivir las relaciones’, pero si miras a jóvenes de clase trabajadora o a personas mayores, no verás lo mismo. La perspectiva científica es importante para entender que el discurso mediático no es un modelo universal”, afirma.

Jóvenes, precariedad y experimentación

Uno de los puntos centrales del análisis de Bergström es el contexto estructural en el que hoy se vive la juventud. “Creo que necesitamos poner los cambios en el comportamiento sexual en perspectiva, en un cambio más macro. Hablamos mucho de la tecnología digital, y claro que ha tenido impacto, pero también hay que pensarlo en términos de cambio económico”, dice.

Según sus investigaciones, los jóvenes “permanecen jóvenes por más tiempo”: se van más tarde del hogar familiar, consiguen trabajo más tarde y se estabilizan más tarde. “Eso significa que la adultez joven se ha convertido en un período de experimentación. Es económicamente inseguro, pero también es un tiempo de libertad y esa libertad se usa para experimentar”.

En esa experimentación, el feminismo ha tenido un rol clave. Bergström subrayó el impacto del movimiento Me Too y de los debates sobre sexualidad y derechos que atravesaron distintos países.

“El nuevo movimiento feminista, del que Me Too fue parte, puso bajo el foco el hecho de que existe desigualdad de género en la intimidad, que existe violencia sexual y que mujeres y hombres no tienen las mismas experiencias en las relaciones íntimas. También hay desigualdades en el trabajo doméstico”, sostiene.

Ese proceso generó reflexión, especialmente entre los más jóvenes. “Una de las implicancias más fuertes que vemos es este gran aumento de minorías sexuales, especialmente de mujeres jóvenes que se definen como bisexuales. Definirse como bisexual no significa dejar de tener relaciones con hombres; significa estar abierta a otros tipos de relaciones. También puede ser una forma de cuestionamiento político de la heterosexualidad como sistema y como norma”, puntualiza.

Apps de citas: ¿mataron lo romántico?

Las aplicaciones de citas suelen ocupar el centro del debate público, muchas veces como símbolo de una supuesta “crisis del amor”. Bergström propone una mirada más sobria.

“Han cambiado mucho la forma en que comienzan las relaciones, pero no creo que hayan cambiado tanto cómo funcionan. Hoy es una forma muy común de conocerse: entre el 20 y el 30% de las parejas en Europa comienzan en aplicaciones. Eso es mucho. Claro que deslizar en una app es una experiencia muy distinta a conocer a alguien en una fiesta”, explica.

Sin embargo, cuando se observa lo que ocurre después, las diferencias se diluyen. “Cuando miramos más adelante, cómo la gente se enamora, cómo forma pareja, cómo se va a vivir junta, los sueños que tienen, los proyectos que tienen, todo eso es muy similar. A veces exageramos la importancia de estas apps. Son importantes para conocerse, pero no han cambiado tanto el tipo de relaciones”.

Incluso, señala, la desconfianza hacia ellas revela algo inesperado: “El hecho de que seamos tan críticos muestra que seguimos siendo muy románticos”.

Amigos con derechos, vínculos sexoafectivos, relaciones abiertas: la diversificación de las formas de intimidad no implica, según Bergström, el fin del amor o del compromiso. “Las formas de ser íntimos con alguien son mucho más diversas. Las personas siguen teniendo relaciones de pareja, encuentros casuales, pero también estas otras formas, que son una manera de construir un vínculo, aunque no impliquen necesariamente un compromiso”, detalla.

Esto responde a momentos vitales específicos. “Hay períodos en la vida, especialmente para los jóvenes, en los que quieres intimidad, compañía, sexo, afecto, pero no estás en un momento en el que puedas comprometerte en una relación de pareja. No significa que ya no quieran estar en pareja, sino que piensan que hay diferentes posibilidades y diferentes momentos para distintos tipos de relaciones”.

De hecho, Bergström es clara en desmontar la idea de una generación cínica o desapegada. “Los jóvenes son muy reflexivos. Existe esta idea de que cuando vas a estar con alguien tiene que ser algo bueno. En ese sentido, creo que son tan románticos como sus padres o incluso más. Siguen queriendo relaciones de pareja, pero no quieren comprometerse a cualquier precio. Cuando entran en una relación, lo hacen en serio”, destaca.

¿Menos sexo o sexo distinto?

Otro mito extendido es el de la llamada “recesión sexual”. Para Bergström, se trata de un malentendido. “No es que no haya sexo, sino que nuestras vidas íntimas son diferentes. Hay más personas solteras, y las personas solteras tienen menos sexo regular, pero más parejas sexuales”.

Incluso dentro de las parejas, la baja en la frecuencia no necesariamente es negativa. “Después de Me Too, es posible que una de las razones por las que algunas personas tienen menos sexo sea que se preguntan más: ¿quieres?, ¿te parece bien?, ¿estás de acuerdo? Hay menos obligación, especialmente para las mujeres. Tal vez tengamos menos sexo, pero mejor sexo”.

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