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Claudio Longhi, director: “’Tengo miedo torero’ dialoga profundamente con el teatro italiano”
El director artístico del Piccolo Teatro di Milano reflexiona sobre la recepción chilena del montaje, el diálogo histórico entre ambos países y las razones que lo llevaron a adaptar la novela de Pedro Lemebel, subrayando su potencia política, amorosa y profundamente humana.
Tras su estreno el 22 de enero en el Teatro Nacional Chileno, Tengo miedo torero, adaptación teatral de la novela de Pedro Lemebel, tendrá nuevas funciones este sábado 24 de enero, a las 19:00 horas, en el mismo recinto. La obra sostuvo además un encuentro exclusivo con la prensa encabezado por Claudio Longhi, director artístico del Piccolo Teatro di Milano y responsable de la puesta en escena.
En conversación con El Mostrador, el director abordó la recepción del público chileno, el vínculo de la obra con el teatro italiano, el proceso que los llevó a adaptar la novela y la vigencia de su relato político y afectivo en el presente.

La versión teatral de Tengo miedo torero se estrenó en enero de 2024 en el Piccolo Teatro di Milano, bajo la dirección de Longhi. La obra adapta la novela publicada por Lemebel en 2001, ambientada en Santiago de Chile en 1986, en los años finales de la dictadura militar. En ese contexto, la historia sigue a la Reina de la Esquina, una travesti solitaria que entabla una relación con Carlos, joven militante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, mientras se preparan acciones clandestinas contra el régimen encabezado por Augusto Pinochet.
Sobre la recepción del montaje en Chile, Longhi destacó la respuesta del público tras el estreno. “La recepción del público chileno fue muy, muy calurosa, y es algo que verdaderamente nos llegó al corazón”, señaló. Explicó que el equipo ya había tenido un primer acercamiento a esa sensibilidad durante el proceso de montaje en Italia, donde trabajaron en contacto con la comunidad chilena residente en Milán. “Durante todo el recorrido de ensayos hubo un grupo de amigos chilenos que nos siguió y que venía todos los días, ayudándonos a entrar en la cultura y en la sensibilidad de este país”, relató.
Ese vínculo previo, agregó, hizo especialmente significativa la presentación en Santiago. “Encontrarnos aquí, ayer por la noche, justo frente a La Moneda, fue una experiencia muy fuerte para ellos y creo que también lo fue para nosotros”, afirmó. Para Longhi, pese a la distancia geográfica entre ambos países, existe una cercanía marcada por la historia. “Probablemente un pasaje esencial de la historia de este país, como lo fue el quiebre de los años 70, tuvo un impacto muy fuerte también en la cultura y en la historia italiana”, sostuvo.

Respecto de cómo llegaron a Tengo miedo torero, el director explicó que la elección de la obra no fue el resultado de una planificación previa, sino de un proceso que definió como “bastante casual”. Longhi relató que trabaja desde hace muchos años con el actor Lino Guanciale, protagonista del montaje, y que al asumir la dirección del Piccolo Teatro di Milano en 2020 decidió, durante los primeros años, no realizar montajes propios y concentrarse en su labor como director artístico.
Sin embargo, junto a Guanciale comenzaron a reflexionar sobre qué obra podría ser adecuada como primer montaje dirigido por él en el Piccolo Teatro, considerando la relevancia histórica del espacio. “Sentíamos el peso de la responsabilidad de hacer una elección de este tipo”, explicó. En un inicio, evaluaron trabajar sobre Los negocios del señor Julio César, una novela de Bertolt Brecht que planeaban llevar a escena.
Mientras avanzaban en ese proceso, la esposa de Guanciale —sabiendo de su interés por la literatura latinoamericana— buscaba un libro de Roberto Bolaño para regalarle. Fue entonces cuando un librero le recomendó la novela de Pedro Lemebel. “Lino no conocía a Lemebel, leyó el libro, se enamoró y me dijo: ‘Léelo, porque es bellísimo’”, recordó Longhi. Tras leerlo, decidió que Tengo miedo torero debía convertirse en su primer montaje en el Piccolo Teatro.
Según explicó, la novela establecía un vínculo profundo con la historia del teatro italiano. “Desde mi punto de vista, era un libro que tocaba profundamente la historia de nuestro teatro, por su contenido político y, sobre todo, por la fuerte humanidad que atraviesa el texto”, afirmó, señalando que esa dimensión humanista forma parte central de la estética del Piccolo Teatro, históricamente dirigido por figuras como Giorgio Strehler y Luca Ronconi.

En cuanto a los elementos de la novela que resultaron centrales en la adaptación teatral, Longhi destacó, en primer lugar, el trabajo con el lenguaje. Aunque leyó la obra en traducción italiana, sostuvo que incluso así era posible percibir “la energía, la capacidad inventiva y la poeticidad extraordinaria de esta lengua”, subrayando que se trata de un lenguaje con una fuerte vocación teatral.
Otro aspecto que destacó fue la manera en que Lemebel construye la ciudad. “Es cierto que los protagonistas del romance son la Reina de la Esquina y Carlos, pero creo que la verdadera protagonista de esta novela es Santiago”, señaló. A través de cuatro figuras —la Reina, Carlos, Pinochet y Lucía Hiriart— y de un espacio central, la casa de la Reina, la obra logra, según explicó, hacer convivir una historia íntima con más de una década de historia del país, que no se limita solo a Chile, sino que dialoga con un período histórico compartido a nivel global.
Para Longhi, una de las fuerzas principales del texto está en su capacidad de entrelazar una historia de amor con una historia política. “Es una gran historia de amor, pero al mismo tiempo una historia política extraordinaria”, sostuvo. En ese cruce, explicó, se produce una doble iniciación: la de Carlos en el amor y la de la Reina en la política, permitiendo narrar, desde lo íntimo, una historia colectiva.

Finalmente, el director se refirió a la lectura del contexto histórico en el presente. Citando a Bertolt Brecht, afirmó que “para ver bien las cosas hay que mirarlas desde lejos”, señalando que abordar un período histórico anterior permite observar el presente con mayor claridad. “Mirar una historia desde cierta distancia permite entender qué ha cambiado, qué sigue siendo igual y tomar una posición frente al presente. El espectador debe ser libre de elegir”, concluyó.
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