CULTURA|OPINIÓN
“Postfútbol”: un espejo incómodo y necesario
Este texto fue leído este miércoles en la presentación del libro “Postfútbol” de Juan Pablo Meneses.
Leer Postfútbol de Juan Pablo Meneses no es un ejercicio cómodo. Es, más bien, mirarse al espejo… y no gustarse demasiado.
Porque este libro no viene a celebrar el juego. Viene a incomodar. A decir algo que muchos sienten, pero pocos se atreven a poner en palabras: el fútbol que conocimos ya no existe. Ese deporte era barrio, era identidad, era pertenencia. Uno no elegía equipo: nacía en él.
Pero ese fútbol, el de la cancha embarrada y la tribuna de cemento, empezó a ceder.
Meneses lo lanza sin anestesia: “El fútbol ha muerto. Viva el postfútbol”. Y no es nostalgia barata. Es diagnóstico brutal.
Hoy el fútbol se juega también —y a veces más— en el celular. El camarín ya no es un espacio íntimo: es contenido para las redes.
El jugador ya no solo compite: se expone, se vende, se construye como marca personal. Vive pendiente del rendimiento… y del algoritmo.
Y el hincha, ese actor sagrado, también cambió. Ya no solo alienta. Opina en tiempo real, edita jugadas, apuesta, consume highlights de 30 segundos. La paciencia murió. La espera incomoda. El partido completo, para muchos, sobra.
El gol ya no se grita de inmediato: se revisa. Se chequea. Se congela en una pantalla. El desahogo ahora tiene VAR… y también tiene WiFi.
Y entonces aparece la pregunta incómoda: ¿cuándo dejamos de vivir el fútbol para empezar a consumirlo?
Porque el postfútbol del que habla Meneses no es solo un cambio en el juego. Es un cambio cultural profundo. Pasamos de lo colectivo a lo individual. De la camiseta al nombre en la espalda. Del estadio al feed.
Antes discutíamos formaciones. Hoy discutimos seguidores. Antes el ídolo era inalcanzable. Hoy sube historias.
Y en ese tránsito, algo se perdió.
No todo, es cierto. El fútbol sigue ahí. Late. Resiste. Todavía hay momentos en que una jugada rompe la lógica, en que un estadio estalla y por un segundo olvidamos el teléfono, la cámara, la validación externa.
Pero son segundos. Y cada vez cuestan más.
Postfútbol no es un libro sobre el fútbol. Es un libro sobre nosotros. Sobre cómo transformamos incluso lo más simple, lo más humano, en espectáculo permanente, en vitrina, en producto.
Y quizás lo más incómodo es esto: el problema no es el negocio, ni la tecnología, ni las redes. El problema es que nos acostumbramos.
Porque mientras seguimos mirando la pantalla, el fútbol, ese que alguna vez fue nuestro, se nos fue de las manos.
Y ni siquiera nos dimos cuenta.
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