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Obra “Estampida humana”: una catarsis sobre fracasos sociales CULTURA|OPINIÓN Crédito: Cedida

Obra “Estampida humana”: una catarsis sobre fracasos sociales

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Hasta ahora la compañía Bonobo había explorado el choque cultural entre criollos vs migrantes. Hoy se centran en esos tristes esfuerzos por administrar comunidades histéricas y confundidas, debido a la mercantilización humana.


Si usted aún no se ha enterado que nuestro futuro fue secuestrado, sobre los carabineros anti sistema o cómo lavadoras y aspiradoras inteligentes están prontas a amotinarse, se le recomienda ver “Estampida Humana” de la compañía Bonobo.

Escrita por Pablo Manzi y dirigida por Andreina Olivari junto a Manzi, la compañía nos entrega esta vez una brillante sucesión de cuadros y escenas donde Carlos Donoso, Paulina Giglio, Gabriel Cañas, Gabriel Urzúa, Guilherme Sepúlveda y Coca Guazzini juegan de memoria, como ese Brasil de 1970.

El humor absurdo, el sketch bien concebido, la reflexión social aguda, la declamación de calidad y una puesta en escena impecable nos trae el cruce de una serie de grupos humanos, infructuosos respecto a sus objetivos colectivos.

Del descontento a la desesperanza, la compañía narra las desventuras de una junta de vecinos frente a la invasión a su plaza por los sin hogar, una empresa de electrodomésticos al borde de la quiebra, mientras unos extraños carabineros inocentemente desean formar parte de una rebelión popular.

Los actores se multiplican como el yogurt de pajaritos, para encarnar a todos los personajes y responder al ritmo de un sistema de paneles para el viaje entre al menos tres realidades en crisis.

Muy destacable es la actuación invitada de la consagrada Coca Guazzini, maestra de la comedia, cuya agudeza y talento se integra a esta agrupación, calzando como guante. Incluso, empuja a los jóvenes bonobos hacia rendimientos legendarios, de actores del antiguo programa La Manivela o el Teatro La Comedia.

Una hora y media pasan volando entre risas y emociones profundas, actuaciones dinámicas, sarcasmos e ironías bien construidas.

Ahora no hay relato colectivo y vivimos algo muy parecido a Mad Max.

Desde 1990 el agrupado fracasa, pues ya no vivimos en una sociedad de masas, sino en una de “personalización en masa”, y si me apuran, en una de “personalización narcisista selfie de masas, con perros y gatos, que usan ropa y hacen reiki”. Ni la política, el amor o el fútbol ya son reducto de una épica social, sólo hay distopía alimentada por antivalores aplaudidos a estadio lleno.

Hasta ahora Bonobo había explorado el choque cultural entre criollos vs migrantes. Hoy se centran en esos tristes esfuerzos por administrar comunidades histéricas y confundidas, debido a la mercantilización humana. No es asunto de militancia, esta sociedad narcisista y consumista hace imposible el proyecto político serio, el espacio público y la construcción del Ethos. No somos “tú y yo”, sólo un “tú o yo” en cuotas.

Los comerciantes de los electrodomésticos, ya no pueden oler ni con su mejor sabueso, como antaño, cuáles tendencias o ideologías se podrán manosear para trocarlas en consumo, como ocurrió con la polera del Ché Guevara o la próxima toalla de Humberto Maturana en la feria.

Los vecinos no son capaces de coordinar nada respecto a la toma de la plaza pública, pues los menesterosos además son ahora como un Ku Klux Klan contra los migrantes y no sólo víçtimas de la miseria. Los carabineros sediciosos son torpes, desean formar parte de una rebelión popular, con un concepto de “pueblo” muerto desde la UP.

Los grupos náufragos de “Estampida Humana” son a la vez los del 2019. El estallido ocurrió en Irán, Hong Kong, Francia, varios más países y en Chile. Su banda sonora fue la del filme Joker más mil refritos de los años 60s.

Así como los carabineros de la obra no pueden acordar un simple panfleto, la sociedad chilena fracasó en la única oportunidad en 200 años para escribir una constitución democrática. No hay capacidad de deliberación, sólo patota.

Mi abuelo era carpintero, hacía botes, muebles y podía construir una casa. Decía: “Niño, jamás podrás lograr un mueble usando aserrín”. Lumpen es una palabra que en alemán está cerca del vocablo “aserrín”. Marx escribió cómo nada se podía construir con el “lumpen proletariado” (aserrín =delincuentes).

A nivel mundial y local se premian antivalores de una sociedad lumpen. Se vitorea al mercachifle ladrón en política, al narco barra brava, al narco cantante, neo nazis y la telebasura. Imposible construir sociedad o comunidad. Una mesa hecha de Masisa, se desbaratará en breve, como la integridad de Monsalve o la probidad de Torrealba.

Según Nicanor Parra en cada uno de nosotros hay conflicto, pero hace décadas no sucede nada. Nada de nada. Es como la “mar boba”, explicaba, esa corriente de mar descubierta por los marinos mercantes, la cual no te lleva a ningún destino.

El cambio de la constitución de Pinochet llegó tarde. Chile despertó, sí, pero con muchas neuronas muertas. El ethos de Plaza Italia fue devastado, hoy es sólo un sitio eriazo espiritual. Ahí pronto meterán debajo de la alfombra todo otra vez, el urbanismo nos dejará como en el 2017.

¿Estampida o turbazo? Esta notable creación de Bonobo, es una catarsis sobre sendos fracasos sociales, los panfletos ideológicos, la obsoleta receta Chicago Boy y el lumpen fascismo. ¡Ah! y si le gusta Michael Jackson, vaya también a verla.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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