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John Searle: cuando las palabras crean mundos… y también silencios CULTURA|OPINIÓN Crédito: Universidad de Girona

John Searle: cuando las palabras crean mundos… y también silencios

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El contraste que aquí aparece en él es brutal. Un pensador que dedicó su obra a mostrar el poder creador del lenguaje, utilizó también las palabras y su posición académica para manipular, intimidar y dañar. ¿Qué hacemos con ese legado?


John Searle, filósofo fallecido en septiembre de 2025, dedicó su vida a recordarnos algo tan obvio como profundo: hablar no es solo describir la realidad, es hacer cosas en el mundo. Decir te prometo” no es una simple frase, es un acto que nos compromete. Decir te declaro inocente” no refleja un hecho, lo crea. Los actos de habla, especialmente los declarativos, crean realidades sociales que no existirían sin lenguaje.

Con esta idea, Searle renovó la filosofía del lenguaje: mostró que nuestras instituciones el dinero, las leyes, el matrimoniono son hechos naturales” sino construcciones colectivas sostenidas en palabras y acuerdos. Su obra influyó en la lingüística, en la filosofía política y en la terapia familiar sistémica, aunque de manera indirecta, donde entendemos que los vínculos se tejen en narrativas, secretos y promesas.

Pero hay otro Searle del que también es necesario hablar. En 2017 fue acusado de acoso y agresión sexual por una de sus asistentes.  Dos años después la Universidad de California, en Berkeley, le retiró el estatus de profesor emérito tras determinar que había transgredido las políticas internas de acoso y represalia. No era la primera vez que surgían denuncias. En diversos momentos, estudiantes y colegas señalaron conductas similares.

El contraste que aquí aparece en él es brutal. Un pensador que dedicó su obra a mostrar el poder creador del lenguaje, utilizó también las palabras y su posición académica para manipular, intimidar y dañar. ¿Qué hacemos con ese legado?

Quizás la respuesta no está en borrar a Searle, sino en leerlo críticamente. Reconocer que su teoría de los actos de habla sigue siendo lúcida y útil, pero también recordar que los actos de habla pueden ser abusivos. Una promesa puede crear confianza, pero también dependencia. Una declaración puede instituir una familia. Por el contrario, generar exclusión o degradar.

Desde una mirada feminista, este caso es ejemplar: no basta con celebrar la genialidad de un autor sin mirar las condiciones de poder en esa genialidad que se ejerció. El lenguaje crea mundos, sí, pero también puede establecer  silencios cómplices. Y quizá el mejor uso de sus conceptos sea aplicarlos a estas realidades: ver cómo los discursos de poder, las frases de intimidación o los pactos de silencio sostienen jerarquías y desigualdades.

El legado de Searle es contradictorio.  Su obra nos recuerda el poder del lenguaje; su biografía nos advierte de los peligros de ese poder cuando se usa sin ética. Entre ambas lecciones queda una certeza: el lenguaje no es inocente. Y lo que hacemos con las palabras puede sostener tanto la dignidad como el abuso.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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