Groenlandia, el botín que puede desestabilizar el clima del planeta
¡Hola! Al partir esta introducción se me vino a la cabeza una frase que usé en el primer número de Juego Limpio y que me regaló Pepe Maza hace ya varios años, con ocasión del eclipse total de sol en 2019, en la Región de Coquimbo: me dijo esa vez que sí se podía “tapar el sol con un dedo”. Para eso bastaba poner el pulgar en dirección al sol, cerrar un ojo y ya está.
Con los años he usado esa frase como una metáfora para un sinfín de cosas. En los pocos días que van de 2026 han pasado situaciones muy graves y no quiero tapar el sol con un dedo. Y no quiero hacerlo porque, al mismo tiempo, quiero que el sol se cuele entre los dedos y que ilumine.
Por eso he combinado dos noticias peligrosas que vienen de Estados Unidos con otras dos que provienen de Chile. Las últimas son las que iluminan.
- En Groenlandia bajo asedio cuento por qué la insistencia de Donald Trump en “tomar” la isla es una señal de alarma para el clima global. No es solo una disputa geopolítica: es una amenaza directa a uno de los sistemas que ayuda a enfriar el planeta. Lo que pasa en el Ártico no se queda en el Ártico.
- Esa misma lógica de choque se profundiza en El golpe global, donde Estados Unidos decide retirarse de los principales organismos que coordinan la lucha contra el cambio climático. Es un enorme paso atrás, que deja a la ciencia y la cooperación internacional en una situación frágil justo cuando más las necesitamos. Pero también deja claro algo: el mundo va a tener que aprender a avanzar incluso cuando uno de sus actores más grandes decide mirar hacia otro lado.
- Y aquí es donde Juego Limpio cambia de tono. En La batalla científica por la luga roja mostramos que, lejos de las grandes potencias, científicos de Chile y Brasil están trabajando juntos para proteger una especie clave para las comunidades del sur. Es ciencia aplicada al futuro, pensada para que el cambio climático no se lleve por delante a quienes viven del mar.
- Algo parecido ocurre con el Río Bueno, un proyecto que busca que Chile deje de tomar decisiones a ciegas sobre su naturaleza. Ponerles valor real al agua, a los bosques y a la biodiversidad no es poesía: es una herramienta concreta para que el desarrollo no destruya lo que nos sostiene. Y eso también es una forma de esperanza.
- Las Breves medioambientales van en la misma línea. Un puma monitoreado para cuidarlo mejor, comunas organizándose para enfrentar la escasez hídrica, apicultores protegidos frente a plaguicidas. Son señales de que, incluso cuando el escenario global se vuelve más duro, acá se sigue trabajando por un futuro más justo.
Ese es el espíritu de esta edición: el mundo está en una encrucijada, pero no estamos condenados a quedarnos de brazos cruzados.
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Groenlandia bajo asedio: el territorio clave del clima mundial en la mira de Trump
Cuando Donald Trump volvió a insistir en que Estados Unidos podría “tomar” Groenlandia por las buenas o por las malas, el mundo científico encendió una señal de alarma. No se trata solo de una disputa geopolítica por la seguridad nacional de Estados Unidos. Lo que está en juego es uno de los sistemas más delicados que sostienen el clima del planeta.
Para este artículo consultamos en Juego Limpio múltiples fuentes abiertas. Acá va una síntesis de por qué el futuro de Groenlandia debería preocuparnos a todos.
Veamos. Groenlandia no es una isla cualquiera. Bajo su gigantesco manto de hielo –el segundo cuerpo de agua dulce más grande de la Tierra después de la Antártica– se regula parte del “termostato” del mundo. Su superficie blanca refleja la radiación solar y ayuda a enfriar el planeta, como si se tratase de enorme aire acondicionado natural.
- ¿Dónde radica el peligro? En que ese sistema ya está colapsando. El Ártico se calienta dos, tres y hasta siete veces más rápido que el promedio global. Desde el año 2000, Groenlandia ha perdido cerca de cinco billones de toneladas de hielo. El resultado es una descarga masiva de agua dulce al océano y un aporte directo al aumento del nivel del mar.
Pero el daño va más allá de las costas. El derretimiento altera la Circulación Meridional de Vuelco del Atlántico (AMOC). Al cambiar la densidad del océano por el ingreso de agua dulce y caliente, esa corriente se ralentiza.
- Si la AMOC se debilita, se desordenan las lluvias, las tormentas y los huracanes. Europa se enfría, América Latina y el Caribe enfrentan cambios en la Zona de Convergencia Intertropical y se alteran fenómenos como El Niño y La Niña. Groenlandia no controla solo su clima: influye en el del planeta entero.
En ese escenario, explotar minerales, petróleo o tierras raras en la isla no es un negocio cualquiera. Es una apuesta de alto riesgo climático. Las zonas costeras son inestables: los glaciares que sostenían los fiordos se están retirando y las paredes de roca colapsan, generando desprendimientos capaces de provocar tsunamis.
Las mismas montañas que hoy atraen a la minería por sus minerales críticos son también las más propensas a derrumbarse. Y como Groenlandia no tiene carreteras pavimentadas, todo debería transportarse por mar, exponiendo puertos, minas e infraestructura a olas gigantes y accidentes en uno de los mares más impredecibles del mundo.
Como vemos, la situación no es nada fácil, porque además el suelo tampoco es seguro. El permafrost –la base congelada de la isla– se está derritiendo. Eso debilita el terreno, inclina edificios y destruye pistas de aterrizaje. Incluso una base militar de Estados Unidos ya enfrenta grietas y hundimientos por este fenómeno.
Fuera de todo aquello hay un peligro silencioso. Bajo ese suelo congelado hay radón, un gas radiactivo que al liberarse aumenta el riesgo de cáncer. El calentamiento y la intervención humana pueden romper esa barrera natural que lo mantiene atrapado.
Groenlandia es, al mismo tiempo, un laboratorio del colapso climático y una pieza clave para evitarlo. Convertirla en una zona de extracción intensiva, con el eufemismo de la seguridad nacional, sería acelerar un proceso que ya amenaza la estabilidad del planeta. En la carrera por los recursos del Ártico, el verdadero costo no se mide en dólares, sino en grados de colapso climático y humano.
Para entender más lo delicado de la situación: te recomiendo las siguientes lecturas. La primera de ellas da cuenta de los cientos de tambores de combustible, oxidados, que Estados Unidos abandonó a la intemperie en Groenlandia desde la Segunda Guerra Mundial y que todavía siguen ahí:
- Las bases militares abandonadas por EE.UU. en Groenlandia
- La carrera contra el radón radiactivo
- El derretimiento del hielo de Groenlandia
- Una señal de alerta temprana basada en la física muestra que la AMOC está en curso de inflexión
- Estudio de la NASA: se ha perdido más hielo en Groenlandia de lo que se había estimado anteriormente
- Por qué los científicos del clima están haciendo sonar la alarma sobre el sistema de circulación oceánica AMOC
El golpe global: Estados Unidos se baja del tablero climático
Casi como un monopolio, todas las noticias más relevantes, por la preocupación que conllevan, vienen de EE.UU. Y con la última medida, Donald Trump volvió a sacudir el orden mundial. Con lo que paso a contarte, ya son cerca de 400 los golpes que ha dado Trump contra la ciencia climática.
Esta semana anunció que Estados Unidos se retirará de 66 organizaciones y tratados internacionales, incluidos los pilares del sistema climático global. No es solo un gesto político: es un terremoto para la gobernanza ambiental, la ciencia y la cooperación internacional.
La decisión va mucho más allá del Acuerdo de París. Trump ordenó la salida de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático, del IPCC, de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) y de organismos que sostienen la ciencia, el financiamiento y las reglas del combate al calentamiento global.
- Estados Unidos, el país que más gases de efecto invernadero ha emitido en la historia, quedará fuera de las mesas donde se negocia cómo reducirlos.
El impacto no es solo diplomático. La retirada debilita el corazón del sistema multilateral que coordina respuestas a incendios, sequías, inundaciones y crisis alimentarias. “Reduce la capacidad colectiva para responder a fenómenos que no reconocen fronteras”, advirtió Andrés Nápoli, experto climático de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales. Para países vulnerables, esto significa menos cooperación, menos datos y menos apoyo cuando el clima golpea.
- América Latina queda especialmente expuesta. Estados Unidos abandona espacios donde se define cómo se financia la adaptación climática, cómo se protege la biodiversidad y cómo se transita hacia energías limpias. La salida del IPCC y del Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global, con sede en Uruguay, pone en riesgo redes científicas que alimentan las políticas públicas de la región.
- El vacío que deja Washington es eminentemente geopolítico y no quedará libre. Europa y China ganan espacio en organismos como la Cepal, la IRENA o la IPBES, donde se construyen las nuevas reglas del desarrollo sostenible. Para América Latina, eso puede significar nuevas alianzas, pero también una reconfiguración del poder en foros donde antes Estados Unidos era un actor clave.
Dentro de EE.UU., la decisión también tiene costos. El propio secretario ejecutivo de la Convención Climática de la ONU, Simon Stiell, advirtió que este paso atrás dañará la economía, el empleo y el nivel de vida del país.
Al quedar fuera de la ciencia y de los mercados de la transición energética, Estados Unidos se arriesga a perder competitividad justo cuando las renovables y las tecnologías limpias definen el futuro.
Trump no solo está rompiendo con tratados. Está aislando a su país del mayor desafío del siglo XXI.
Acá te dejó una breve descripción de las instituciones más importantes que deja Estados Unidos. Ahora, ojo, que la administración gubernamental las abandone no significa necesariamente que sus científicos tiren la esponja:
- Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático (CMNUCC): es la base de las COP, del Acuerdo de París y del financiamiento climático. La retirada de EE.UU. debilita la arquitectura que sostiene adaptación y pérdidas y daños en la región.
- IPCC: define la base científica de la política climática global. América Latina depende de sus informes para planificación y negociación; sin Estados Unidos, se resiente su gobernanza y financiamiento.
- Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global (IAI): red científica regional con sede en Uruguay, clave para estudiar el clima. La salida de Estados Unidos amenaza su financiamiento y la cooperación científica norte-sur.
- IPBES: plataforma que evalúa el estado de la biodiversidad global. América Latina es una región central en sus estudios y decisiones por su alta biodiversidad.
- GEF, IRENA, ITTO, IUCN: sostienen financiamiento, comercio, energías renovables y conservación. La salida de EE.UU. afecta programas clave para desarrollo y protección ambiental en la región.
La batalla científica para proteger el alga que da sustento al sur de Chile
En las aguas frías del sur de Chile, desde Los Lagos hasta Magallanes, vive una de las especies más importantes para las comunidades costeras y al mismo tiempo más amenazada: la luga roja.
Esta alga, que durante décadas ha sostenido la pesca artesanal y la maricultura, hoy enfrenta una amenaza silenciosa: el cambio climático está alterando el océano y empujando a las especies a desplazarse más hacia el sur en busca de condiciones más favorables.
- Para adelantarse a ese escenario, científicos de Chile y Brasil unieron fuerzas en un proyecto que busca protegerla antes de que sea demasiado tarde.
- La iniciativa es liderada por el investigador brasileño Pablo Riul y el científico chileno Andrés Mansilla, desde la Universidad Federal de Paraíba y la Universidad de Magallanes, respectivamente.
Su objetivo es claro: identificar qué zonas del extremo sur seguirán siendo un refugio seguro para la luga roja en el futuro, de modo que pueda seguir existiendo y siendo aprovechada de manera responsable por las comunidades que dependen de ella. “La idea es detectar áreas que sean climáticamente estables, para que las poblaciones puedan mantenerse en equilibrio y la extracción sea sostenible”, explica Riul.
Para lograrlo, el equipo trabaja con algo que pocos países tienen: más de 25 años de datos recogidos en terreno sobre las especies marinas del sur de Chile.
- Esa información, reunida por investigadores locales durante décadas, permite mirar hacia adelante y proyectar qué pasará con estas algas en los próximos años, incluso hasta fines de este siglo. Con esos antecedentes, los científicos quieren elaborar mapas que sirvan para orientar decisiones de protección y conservación.
La colaboración entre Brasil y Chile es clave en este esfuerzo. Para Juego Limpio, Riul precisa que trabajar desde Punta Arenas significa estar en un verdadero laboratorio natural, donde es posible observar de cerca cómo reaccionan las especies a un océano que se calienta. Para Mansilla, esta alianza permite unir capacidades y conocimientos para entender mejor cómo las especies marinas están llegando al límite de sus territorios, de la misma forma que ocurre con las plantas en las altas montañas.
- Esta cooperación también ha permitido que investigadores de distintas disciplinas trabajen juntos, combinando ciencia marina, matemáticas y física para entender mejor el futuro de estos ecosistemas. Durante su estadía en Chile, Riul incluso participó en expediciones por fiordos y canales australes, visitando lugares remotos como el Faro Evangelistas y las islas Diego Ramírez, donde la presencia humana es mínima y la naturaleza muestra con claridad los cambios que están ocurriendo.
Más que un proyecto científico, esta colaboración busca proteger una forma de vida. La luga roja no es solo un alga: es parte del sustento de muchas familias del sur y del equilibrio de un ecosistema único.
Río Bueno, el plan piloto que busca cambiar cómo Chile cuida y usa su naturaleza
En la sesión del 7 de enero, la Comisión de Medio Ambiente del Congreso se detuvo en un proyecto que puede cambiar la forma en que Chile mira sus ríos, bosques y paisajes: el plan piloto del Río Bueno, en la Región de Los Ríos.
- No es una iniciativa más. Es un intento concreto por ponerle números y valor real a la naturaleza, para que cuando el Estado decida dónde invertir, qué proteger o qué permitir, lo haga con información clara sobre lo que está en juego.
Pero ¿qué significa eso en la práctica? Entre 2023 y 2025, un equipo de expertos chilenos, junto a la Universidad de Stanford y el Banco Interamericano de Desarrollo, trabajó en la Cuenca del Río Bueno midiendo cosas que normalmente no aparecen en los presupuestos: la calidad del agua, el aporte de los bosques, la biodiversidad y los servicios que estos ecosistemas entregan a las personas. Con esos datos se pudo evaluar qué zonas necesitan protección, dónde es posible restaurar y cómo mejorar la gestión del territorio.
Para quienes viven en Valdivia y en las comunas cercanas, esto no es algo abstracto. El Río Bueno sostiene actividades productivas, turismo, pesca y agricultura, además de ser parte del paisaje y de la identidad locales. Si se degrada, las pérdidas no son solo ambientales, también son económicas y sociales.
- El piloto busca justamente evitar que eso ocurra, entregando herramientas para que las decisiones públicas no se tomen a ciegas.
Uno de los puntos más relevantes es que este trabajo permitió unir mundos que muchas veces caminan por separado: medio ambiente, economía y planificación. Al poner el capital natural en el centro, se abre la posibilidad de que cuidar los ecosistemas deje de verse como un freno al desarrollo y pase a entenderse como una condición para que ese desarrollo sea duradero y beneficie a más personas.
Por eso el proyecto no se queda solo en el Río Bueno. Esa experiencia se transformó en la base de una nueva etapa, que entre 2026 y 2028 llevará este enfoque a otras regiones del país.
- Ministerios, el Banco Central y equipos científicos están alineando información, reglas y herramientas para que la naturaleza también cuente cuando se toman decisiones económicas.
La discusión en el Congreso dejó una pregunta abierta que toca directamente la vida cotidiana de las personas: ¿cómo crecer sin destruir lo que nos da agua, alimento y estabilidad climática?
El Río Bueno aparece hoy como una prueba de que sí se puede avanzar, siempre que se parta por conocer y valorar lo que la naturaleza realmente nos entrega.
Mira la ficha del proyecto AQUÍ.
Breves medioambientales que sí importan
Huilo Huilo invita a la comunidad a darle nombre a puma monitoreado por GPS
La Reserva Biológica Huilo Huilo lanzó un concurso abierto en redes sociales para que la comunidad proponga y vote el nombre de un puma macho que habita en vida silvestre dentro del área protegida, como parte de su proyecto de conservación que incorporó un collar GPS al ejemplar, lo que permitirá monitorear en tiempo real su comportamiento, ecología y ámbito de hogar para apoyar su protección y reforzar el vínculo con la ciudadanía.
La iniciativa se inscribe en el programa de restauración ecosistémica que impulsa la Fundación Huilo Huilo, que ya ha tenido resultados emblemáticos, como la recuperación del huemul del sur y su reintroducción a la vida silvestre, y que ahora busca profundizar el conocimiento y la conservación del puma dentro del corredor biológico del territorio, utilizando tecnología de punta y el respaldo del SAG para resguardar uno de los ecosistemas más valiosos del sur de Chile.
Gobernador Orrego lanza segunda fase de plan regional para enfrentar escasez hídrica
El gobernador de la Región Metropolitana, Claudio Orrego, junto a alcaldes de distintas comunas, lanzó la segunda versión del Programa de Prevención y Control de la Escasez Hídrica mediante Estrategias Hídricas Locales, que se ampliará a otros 17 municipios para enfrentar el riesgo de desabastecimiento, proteger ecosistemas y apoyar actividades productivas, en el marco de la iniciativa “La Llave Eres Tú”, que ya benefició a 30 comunas y busca instalar un nuevo modelo de gestión local del agua para reducir el consumo hídrico regional.
SAG exige aviso previo por uso de plaguicidas tóxicos para proteger a las abejas
Desde el 26 de enero de 2026, quienes apliquen plaguicidas tóxicos para las abejas deberán avisar con 48 horas de anticipación a los apicultores cercanos, según la Ley Apícola, medida que el SAG llamó a cumplir informándose a tiempo, junto con nuevas restricciones horarias y el uso obligatorio del sistema SIPEC Apícola para resguardar a estos polinizadores clave para la agricultura y la biodiversidad.
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