Opinión
Foto: AgenciaUNO
La dupla Ba-Bo (Bachelet-Boric)
La dupla se instala como líder de los dos bloques opositores, con una convocatoria que desestabilizó a la derecha más extrema, cuyas descalificaciones machistas, en voces de Olivares (PDG), Kaiser y Carter, terminaron levantando un tercer liderazgo que podría ser clave: el de Evelyn.
Quien ejerce de vocero de Gobierno, sin serlo oficialmente –Máximo Pavez–, salió a criticar duramente a los expresidentes Michelle Bachelet y Gabriel Boric, luego que ambos encabezaran una inédita y trascendente reunión con los presidentes de los partidos de toda la oposición, uniendo desde el PC hasta el Partido Liberal. Por cierto, los exmandatarios son líderes que tienen todo el derecho de expresar su opinión sobre la marcha del país y, por lo demás, siempre ha sido así. Importantes intervenciones hicieron en su momento Ricardo Lagos y Sebastián Piñera. Por si acaso, vocero, el mundo y la política funcionan así. Incluso cuando Kast deje de ser Presidente, tendrá la libertad de hablar cuando se le dé la gana. También usted.
El casi vocero Pavez, con esa contradicción que caracteriza a nuestros políticos, señaló que los expresidentes no deberían opinar de la “contingencia” –como si los exmandatarios tuvieran que recluirse en el ostracismo–. Claro que eso es solo cuando les conviene. Eduardo Frei, quien ha demostrado su incondicionalidad con Kast, salió justo en estos días apoyando la decisión de La Moneda de adscribir al Escudo de las Américas. Opinión de “contingencia”, pero a favor del Gobierno. Ahí sí la experiencia y sus declaraciones son toleradas. Incluso aplaudidas.
También en estos días, varios dirigentes oficialistas montaron en cólera por la reaparición de la dupla de expresidentes. Incluso, un parlamentario de Renovación Nacional, quien en febrero de 2022 hizo un llamado a “atrofiar” al futuro Gobierno sin que ni siquiera asumiera Gabriel Boric, se quejó del “obstruccionismo” de la oposición –vaya falta de coherencia– y las emprendió contra los exmandatarios.
Lo que sí está claro es que, tanto al Gobierno como a la derecha chilena, la reaparición de la dupla Ba-Bo o Baric (Bachelet-Boric) los descolocó. Es tan evidente como básico el sentimiento que le causa a La Moneda el protagonismo repentino de ambos: temor.
El primero en entrar a escena fue Boric. El joven exmandatario volvió a la agenda política alrededor del mes de junio –luego de tres meses de silencio riguroso– y, de ahí en adelante, ha estado permanentemente dando su punto de vista en temas como el CAE, caída de la economía, la seguridad, además de una pincelada de mea culpa por algunos errores cometidos durante su mandato.
Al comienzo, La Moneda no le prestó mayor atención, sin embargo, cuando se sumó Bachelet a la agenda política contingente, las alarmas se encendieron de inmediato.
El Gobierno de Kast –en un error político mayor– le quitó el respaldo de Chile a la expresidenta para la Secretaría General de la ONU, restándole toda posibilidad de avanzar sin contar con el apoyo de su propio país. Como comentamos en la columna de la semana pasada, le bastaba al Gobierno con bajar los decibeles y “hacer como que la apoyaba” y el resultado habría sido el mismo, más aún cuando Estados Unidos haría lo imposible para impedir que la exmandataria ganara.
En eso, el personaje de derecha más sincero fue Ximena Ossandón (RN), quien señaló con inquietud que más valía “Bachelet en la ONU que acá”. Y qué duda cabe. Michelle retornó con todo. Participando de dos homenajes masivos, entrevistas y mensajes en redes sociales en unos pocos días. Mal que mal, la venganza es un plato que se sirve frío…
Tengo la impresión de que la dupla diseñó una estrategia político- comunicacional perfecta para entrar en la agenda y, de paso, golpear el tablero y al Gobierno de Kast. La primera señal fue la declaración criticando la incorporación al Escudo de las Américas. Y La Moneda, además de resentir el golpe, cometió el primer error: sobredimensionar el comunicado, en vez de ignorarlo para que no subiera el tono. Por supuesto, la dupla entendió que cada vez que entren en la coyuntura el Ejecutivo se subirá al ring.
Pero faltaba el golpe más importante. La reunión convocada en la Fundación de Bachelet –que dejó claro que juega de local– logró un verdadero milagro, para una oposición que, pese a le debilidad del Gobierno de Kast, no lograba aprovechar el momento producto de su incapacidad política y falta de liderazgos. La dupla Bachelet-Boric juntó a todos los presidentes de los partidos de las oposiciones.
El Partido Comunista, Frente Amplio, Partido Socialista, PPD, Partido Liberal y la Democracia Cristiana se sentaron a la mesa por primera vez desde diciembre de 2025, cuando ganó José Antonio Kast la elección. Diez largos meses de desavenencias y falta de capacidad de articulación dejadas atrás, gracias al liderazgo y capacidad de mando y convocatoria de los dos expresidentes.
Y aunque Bachelet descartó que la cita correspondiera a un intento por ordenar el sector, lo cierto es que constituyó un primer paso en esa perspectiva. Si hay algo que no ha tenido el llamado progresismo es alineamiento y un relato común para enfrentar temas coyunturales como la discusión de la Ley de Reconstrucción, la crisis económica y de empleo o los temas de seguridad. De ahí el valor que tuvo la declaración conjunta de Bachelet/Boric por la relación con EE.UU., señal que los partidos entendieron.
Bachelet se encargó además de ironizar con la frase que una semana antes desató un vendaval y sobrerreacción del Gobierno y una parte de la derecha, cuando señaló: “Yo creo que si”. La exmandataria dijo que no era el momento de pensar en candidaturas, lo que también fue reforzado por Gabriel Boric.
Pero el objetivo estaba cumplido. La dupla se instala en la agenda política como líder de los dos bloques opositores, con una capacidad de convocatoria que, por cierto, logró desestabilizar a la derecha más extrema, que tuvo que recurrir a las descalificaciones machistas en voces del PDG Olivares, Kaiser y Carter, los que, de paso, lograron levantar un tercer liderazgo que puede ser clave en el escenario que viene: el de Evelyn.
En una de esas, en la próxima columna analizamos el trío Bachelet, Boric, Matthei.
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