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Bachelet lanza su apuesta para liderar la ONU en crisis: “El momento de actuar es ahora”
A través de un documento patrocinado por los gobiernos de Brasil y México, Bachelet presentó su visión par la ONU proponiendo una reforma del multilateralismo con menos burocracia, más resultados y con capacidad para anticipar conflictos en un escenario global marcado por disputas de poder.
La candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de Naciones Unidas para el período 2027-2032 no es solo un movimiento diplomático. Es también una definición política sobre el rol que debe jugar la ONU en un escenario global marcado por conflictos, desconfianza y una creciente disputa de poder entre Estados.
Tal como se explica en el documento de visión presentado por la exmandataria y que cuenta con el patrocinio del gobierno de Brasil y de México, la ONU sigue siendo “el único e irremplazable espacio donde la humanidad se reúne para superar desafíos comunes”, pero enfrenta una crisis de eficacia y legitimidad que exige reformas profundas. En esa línea, la propuesta no busca reinventar la organización, sino hacerla funcionar mejor en un mundo más complejo y fragmentado.
El eje central de su candidatura es una idea simple, pero ambiciosa: construir “las Naciones Unidas que el mundo necesita”. Para ello, Bachelet plantea una modernización institucional que combine eficiencia, transparencia y capacidad de adaptación. El foco no está puesto en crear nuevas estructuras, sino en reducir burocracia, eliminar duplicidades y mejorar la gestión de los recursos existentes, con un énfasis en resultados concretos y medibles.
En términos estratégicos, la propuesta se ordena en cuatro direcciones. La primera apunta hacia adentro: reformar la institución para hacerla más ágil y coherente. Aquí, el acento está en fortalecer la rendición de cuentas y en situar la prevención de crisis como eje central de la acción internacional. La segunda mira hacia afuera: reconectar con las personas, en un contexto donde la desinformación y la distancia entre organismos internacionales y ciudadanía han erosionado la confianza en el multilateralismo.
La tercera dimensión es, en cierto modo, un gesto político. Bachelet plantea la necesidad de mirar hacia atrás, reafirmando los principios fundacionales de la ONU —paz, cooperación y derechos humanos— como base para enfrentar los desafíos actuales. No se trata de nostalgia, sino de recuperar legitimidad en un momento en que el orden internacional muestra signos de desgaste.
La cuarta dirección proyecta el futuro. La candidata propone diseñar una ONU capaz de anticipar crisis y liderar respuestas globales en áreas críticas como el cambio climático, la desigualdad, los conflictos armados y la disrupción tecnológica. En ese marco, insiste en que la organización debe pasar de ser un espacio de debate a una herramienta eficaz, capaz de entregar resultados tangibles a los Estados y a las personas.
El documento identifica con claridad los principales desafíos del sistema internacional: la intensificación de conflictos, el avance de amenazas como los ciberataques, el impacto del cambio climático y el aumento de la desigualdad global. Frente a ese escenario, la apuesta es reforzar el rol de la diplomacia preventiva, fortalecer la mediación y mejorar la coordinación entre agencias, sin aumentar la carga burocrática.
En paralelo, la propuesta mantiene una línea consistente con la trayectoria de Bachelet: poner los derechos humanos en el centro. Esto incluye no solo fortalecer los mecanismos de protección, sino también avanzar en igualdad de género y en la participación de mujeres en procesos de paz y toma de decisiones, entendidos como factores clave para la estabilidad global.
En materia de desarrollo, el énfasis está en la reforma de la arquitectura financiera internacional, el alivio de la deuda y la transición hacia economías sostenibles. La ONU, en esta visión, debe jugar un rol articulador, capaz de coordinar esfuerzos entre Estados, organismos y actores locales, con especial atención a los países más vulnerables.
Pero más allá de los contenidos programáticos, la candidatura tiene una lectura política inevitable. En un contexto de creciente competencia entre potencias y debilitamiento del sistema multilateral, la propuesta de Bachelet busca posicionarse como una alternativa de liderazgo basada en la cooperación, la legitimidad institucional y la capacidad de construir consensos.
La pregunta de fondo no es solo si puede llegar a encabezar la ONU, sino qué tipo de organización podría conducir. Su planteamiento es claro: una ONU más eficiente, más cercana y más relevante, capaz de responder a un mundo donde los problemas son cada vez más globales, pero las soluciones siguen siendo, muchas veces, insuficientemente coordinadas.
En ese sentido, su candidatura no se limita a una aspiración personal. Es también una señal sobre el lugar que América Latina —y Chile— quieren ocupar en el escenario internacional: no solo como actores, sino como promotores de una agenda multilateral en un momento en que el orden global vuelve a estar en disputa.