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Chañaral, realidad sobre el litoral

por 20 julio, 2015

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En las últimas décadas, hemos comprendido que la actividad minera para alcanzar el nivel productivo necesario, depende del borde costero para las distintas etapas de su proceso. Ahí convergen puertos, plantas desaladoras y abastecimiento energético, que representan un importante apoyo al desarrollo de la minería de Atacama y Chile. Sin embargo, a pesar de estos méritos, no todo es ganancia. Desde tiempos inmemoriales, los pescadores artesanales han sufrido el efecto inverso, perdiendo sistemáticamente espacio y recursos naturales. Es el costo de la producción minera.

El caso de Chañaral es simbólico y complejo. Desde la década del 50 hasta la actualidad, la carencia de regulación y normativas medioambientales, han generado una permanente inferioridad productiva en actividades vinculadas al borde costero. La acuicultura de pequeña escala, la pesca artesanal y el turismo, son cada día menos productivas y con menor capacidad de competencia en relación a otras áreas aledañas de la región y el país. Haciendo algo de historia, cuando Chañaral daba forma a su primera Área de Manejo, Caldera exportaba al mundo.

 Los pescadores de Chañaral deben ser los más afectados de todo Chile. Por su parte, han debido lidiar con la Ley de Pesca, que les reduce la capacidad de desplazamiento para la explotación de recursos naturales y la Ley de Bases Generales de Medio Ambiente que, a través de distintas instancias, les segmenta y reduce la única milla disponible, para la instalación de innumerables industrias que influencian la reducción de recursos naturales al corto y mediano plazo.

Junto con este obstáculo, sin solución en el tiempo, el pescador artesanal debe convivir con la regulación de una ley injusta, carente de sentido social y diseñada para el empresario, caracterizada por una fuerte influencia en el ámbito legislativo que se encarga de hacer imperceptible la opinión de los pescadores, buzos y recolectores de orilla. Sus recursos naturales son sobreexplotados para abastecer otras industrias, tal es el caso de las salmoneras, en que el pellet utilizado como alimento es elaborado a base de harina de pescado capturado en Atacama.

Con la Ley Longueira los artesanales quedaron con 1 milla, equivalentes al 0,5% de la Zona Económica Exclusiva del mar territorial de Chile. El otro 99,5% es terreno de industriales, empleando artes de pesca demoledores para el ecosistema marino, tal es el caso de la pesca de arrastre. Cabe señalar que el 0,5% de territorio para los artesanales es un valor hipotético, los industriales pueden comprar cuotas y habilitar la “perforación de la milla” para explotar un área, supuestamente protegida legal y administrativamente para el trabajo de los pescadores artesanales. De hecho, es común ver flotas de lanchas capturando en el único rincón con ecología estable, el Parque Nacional Pan de Azúcar.

El Censo Pesquero Artesanal del Instituto Nacional de Estadísticas del año 2008, demostró que la pesca artesanal triplica en número la cantidad de empleo en relación a los industriales y posee una fuerte participación femenina, incluyendo a la mujer en todas las escalas, incluso como directivas. Este escenario también se replica en Atacama y particularmente en Chañaral, hoy devastada por una catástrofe natural que destruyó más del 40% de la ciudad y que tuvo gran impacto en el borde costero, afectando nuevamente a los pescadores artesanales de la zona.

De hecho, existe información preliminar que demuestra que el primer día de catástrofe, fueron arrojados más de 100 mil litros de ácido sulfúrico en la bahía de Chañaral. La fuerza del alud tuvo un impacto que superó un radio de 12 kilómetros en mar abierto. El día 10 decantó. Hacia el norte, el perímetro de flujo cubrió Áreas de Manejo y se dispersó en dirección al Parque Nacional Pan de Azúcar y por el Sur, su efecto llegó a una caleta de pescadores, Áreas de Manejo, una lobera y el hábitat de aves guaneras. Por supuesto, esto incluye la ruta hacia los caladeros de pesca ancestrales.

Los pescadores de Chañaral deben ser los más afectados de todo Chile. Por su parte, han debido lidiar con la Ley de Pesca, que les reduce la capacidad de desplazamiento para la explotación de recursos naturales y la Ley de Bases Generales de Medio Ambiente que, a través de distintas instancias, les segmenta y reduce la única milla disponible, para la instalación de innumerables industrias que influencian la reducción de recursos naturales al corto y mediano plazo.

Por esta razón, para implementar una nueva Ley de Pesca, resulta fundamental, antes de derogar la Ley Longueira, establecer un parámetro base, con un enfoque retrospectivo, considerando variables ecológicas, sociales y de presión industrial; por ejemplo, para facilitar la obtención de Áreas de Manejo, fomentar la investigación e innovación y fortalecer la organización social de base que permita establecer los intereses de los artesanales sobre el criterio de la Ley de Pesca y, a su modo, hacer justicia.

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