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El conde Fuente-Alba y los ahorritos de Pinochet

por 6 mayo, 2016

El conde Fuente-Alba y los ahorritos de Pinochet
La hipótesis por la plusvalía normativa del dinero (Pinochet), versus la hipótesis por la plusvalía del flujo (Fuente-Alba). El que vende la fuerza de su trabajo (Pinochet), versus el que gasta en el flujo del estatus y el poder (Fuente-Alba). Uno que acumula capital aprovechando una coyuntura favorable (Pinochet), y el otro que desborda toda coyuntura en el juego del hiperconsumo en la era del vacío hipercapitalista. El dinero como la cuenta de un asalariado, versus ‘la pasada’ de un chico listo del mundo de los negocios. Hay evidentemente un desplazamiento notable de sentidos.
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Se podría decir que mientras Pinochet, según propia declaración, juntó su platita con el ánimo de ahorrar, Fuente-Alba lo hizo para consumir.

Lo del consumo de autos de alta gama es sin lugar a dudas el mejor ejemplo. Hay en esto un signo de los tiempos: Pinochet a la antigua; Fuente-Alba, un posmo…

Si fuera cierto lo del general Fuente-Alba, sería más que notable la diferencia. El exceso, el hiperconsumo y su deseo (según explica Baudrillard) por desechar lo que se consume, en un eterno retorno libidinoso, saltan a la vista.

Antiguamente la gente ahorraba su platita en una cooperativa de ahorro. Ahorromet. Orientcoop. No importaba el nombre. La lógica era bien distinta. Más encima si en ello estaba un espíritu solidario. Ahorrar para comprarse su casita. Ahorrar para la vejez. Ahorrar a la antigua. Con dignidad. Calladamente. Es lo que el socarrón y cómico Pinochet halló a mano para decir ante tanta pregunta inquisidora: ¿qué de malo habría en ello, en tener una “platita” en un banco extranjero, si era el ahorro de toda una vida?

No digo que justifique ni al dictador, ni menos al general Fuente-Alba, si fuera culpable de alguna irregularidad. Ya tendrá la justicia pega suficiente para tratar de dirimir si es el caso o no. Simplemente advierto que el signo y el valor del dinero tienen una notable diferencia en cada uno de los dos generales.

Son dos hipótesis totalmente distintas: uno –si se quiere– imbuido todavía de un Chile que ya no existe, y el otro, apasionado del Chile de los winners, de los Peñailillo, de los Compagnon, de los Dávalos.

Cada general tiene a sus propios defensores y eso, también, dice mucho, pues entre Hermógenes y Correa también circula la diferencia entre los dos Chile de los que hablo. El Chile de Pinochet y el Chile creado por Pinochet: el Chile del Conde, el Chile de uno de sus herederos (Bourdieu).

La hipótesis por la plusvalía normativa del dinero (Pinochet), versus la hipótesis por la plusvalía del flujo (Fuente-Alba). El que vende la fuerza de su trabajo (Pinochet), versus el que gasta en el flujo del estatus y el poder (Fuente-Alba). Uno que acumula capital aprovechando una coyuntura favorable (Pinochet), y el otro que desborda toda coyuntura en el juego del hiperconsumo en la era del vacío hipercapitalista. El dinero como la cuenta de un asalariado, versus ‘la pasada’ de un chico listo del mundo de los negocios. Hay evidentemente un desplazamiento notable de sentidos.

No hay ánimo en lo que digo, por cierto, en caer en el moralismo. Simplemente es preguntarse: ¿por qué no?

La lógica blin-blin también la puede encarnar un general de ejército con estirpe prusiana, ¿por qué no?  Seamos coloquiales: capaz que sea un fanático de ‘Rápido y furioso’, que cante inspirado el himno de Wiz Khalifa y hasta que haya soltado uno que otro lagrimón por Paul Walker, ¿por qué no?

La pregunta, por lo aparentemente grotesco, es obvia. ¿Qué locura hay en el acto de comprar un auto de alta gama, o mejor dicho, en pasar de uno a otro, en el desechar y consumir Audis o Mercedes? Digámoslo así. Lo que sucede es que se lleva el simulacro hasta tal punto, que deja de ser incluso imagen de la imagen, y pasa a transformarse en sujeto real. El individuo es desplazado por su simulacro; el sujeto, por su fantasma (ver, Guattari-Deleuze, Capitalismo y esquizofrenia). Ahí lo loco.

Las cuentas favorables las saca Hermógenes Perez de Arce para el dictador, quien –según él– habría dicho solemne antes de morir: "Juro por la memoria de mi madre que nunca tomé un peso que no me correspondiera". El fanatismo da para todo, es cierto. Y no es mi caso. Pero si en el imaginario de Pinochet hay una asociación libre (o incluso pensada) hacia la cultura del Chile que ya no existe, el del ahorro, algo dice. No se puede negar.

Por su parte, el general Fuente-Alba, “El Conde”, como se le conoce en la familia militar por su buen gusto y estirpe, sabrá defenderse con su aparato de lobby y expertos en crisis encabezados por Enrique Correa. Cada general tiene a sus propios defensores y eso, también, dice mucho, pues entre Hermógenes y Correa también circula la diferencia entre los dos Chile de los que hablo. El Chile de Pinochet y el Chile creado por Pinochet: el Chile del Conde, el Chile de uno de sus herederos (Bourdieu).

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