Publicidad
Historia, poder y cultura: la obra de José Bengoa Opinión Imagen: Universidad Academia de Humanismo Cristiano

Historia, poder y cultura: la obra de José Bengoa

Publicidad
Jorge Vergara del Solar
Por : Jorge Vergara del Solar Profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Concepción.
Ver Más

La vinculación entre poder y cultura no es una temática nueva, baste pensar en la relación entre dominación y legitimidad en Max Weber. Es la profundidad histórica y analítica con que las aborda la que constituye el real aporte de Bengoa.


El reciente otorgamiento del Premio Nacional de Humanidades al destacado investigador y académico José Bengoa brinda una excelente oportunidad para hacer un breve balance de su obra. Más que un debate académico, nos interesa hacer una invitación a su lectura y apropiación crítica, considerándola un gran estímulo para nuevas reflexiones.

Una de las mayores cualidades de José Bengoa es que no escribe exclusiva ni principalmente para otros especialistas, sino para un público amplio, y lo hace con amenidad, sencillez y claridad. Bengoa cultiva especialmente el género ensayístico, lo que también favorece la comprensión de sus ideas. También aporta al respecto su poco apego a los límites disciplinarios.

Aunque sus trabajos acusan la influencia de la antropología, la sociología rural y la historia, Bengoa rechaza el discurso disciplinario y combina lecturas y tradiciones intelectuales muy diversas. Su estilo, que no abunda en discusiones conceptuales, también contribuye a entender mejor sus ideas. Adicionalmente, Bengoa posee una gran capacidad de síntesis para abordar problemas complejos y reformularlos de manera asequible, una posible herencia de su formación filosófica.

Bengoa se define como un latinoamericanista y no cabe duda de que ha logrado ocupar un lugar meritorio entre otros grandes pensadores abocados a los pueblos indígenas en la región, como Bonfil Batalla, Stefano Varese, Rodolfo Stavenhagen y muchos otros. Dichos pueblos son la principal materia de interés del autor, un interés que trasciende la vocación intelectual e inclusive el papel de científico social comprometido, participando directamente en comisiones de Naciones Unidas y del gobierno chileno, como la dirección de la Comisión Especial de Pueblos Indígenas (1990-1993) y la Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato (2001-2003).

Dentro de los diversos ámbitos de estudio abordados por el autor, el de la historia y actualidad mapuche ocupa el lugar central, desde Historia del pueblo mapuche, cuya primera edición es de 1985 y que ha sido numerosas veces reeditado; hasta Crónicas de la Araucanía, de 2019, sin contar con otros artículos y capítulos de libro.

Entre otros aspectos, los trabajos de Bengoa al respecto destacan por el aprovechamiento de fuentes orales mapuches y una visión histórica de conjunto desde una perspectiva muy crítica de la historia tradicional, que había relegado a los mapuches y demás pueblos indígenas a un lugar muy secundario.

El autor muestra a los mapuches como sujetos capaces de organizarse, enfrentar conflictos, innovar y relacionarse con otros actores sociales (misioneros, funcionarios hispano-criollos, etc.) y autoridades republicanas, entre otros. En otras palabras, los ve como sujetos históricos de pleno derecho, cuyas luchas se prolongan hasta el día de hoy de diversas formas y desde una diversidad de perspectivas (integracionismo, nativismo, campesinismo, etnonacionalismo).

En segundo lugar, y respecto de la sociedad chilena en general, la gran tesis de Bengoa es que la hacienda es la institución en la que se forjaron las relaciones de opresión y explotación que permitieron a la clase terrateniente chilena construir y mantener su poder por varios siglos, desde el siglo XVII hasta la segunda mitad del siglo XX. Sus efectos comprenden también el plano cultural y el mundo urbano.

Este planteamiento había sido esbozado previamente por Medina Echaverría y Arnold Bauer. El mayor mérito de Bengoa es haberlo profundizado y enriquecido para el caso de Chile. Sostiene así que: “La hacienda fue el crisol de la cultura chilena, de sus amores y de sus odios. Fue tan fuerte la presencia de la hacienda en la cultura del país, que impidió, frenó el desarrollo de una “cultura ciudadana”, de una cultura de las ciudades, de la gente urbana, de la juventud urbana”. La cultura hacendal y sus formas de “esclavitud criolla” no fueron destruidas del todo por la reforma agraria -“una revuelta clásica del campesinado” frente a “una estructura agraria de carácter semifeudal”- ni por la enorme penetración posterior el neoliberalismo. En efecto, en una fecha tan reciente como 2021 escribió que los jóvenes participantes en el estallido buscaban “sacudirse viejos yugos feudales”.

El supuesto carácter feudal de la hacienda latinoamericana y chilena ameritaría una mayor discusión, pero  no cabe duda de que la tesis es sugerente, pues permite entender las formas de dominación en una larga duración y, además, aporta a comprender por qué han podido sobrevivir a  cambios de régimen político, coaliciones electorales, golpes de Estado y procesos de redemocratización. La cultura hacendal es la principal responsable y la que juega un papel mayor en la interpretación de Bengoa.

La vinculación entre poder y cultura no es una temática nueva, baste pensar en la relación entre dominación y legitimidad en Max Weber. Es la profundidad histórica y analítica con que las aborda la que constituye el real aporte de Bengoa en una muy fructífera relación entre historia y análisis del presente. Los estudios políticos en Chile podrían enriquecerse significativamente incorporando este enfoque en sus indagaciones.

El problema fundamental de esta interpretación es que la relaciones propias de la cultura hacendal, aunque muy vasta y penetrante, no son extensibles -o solo parcialmente- a otras instituciones económicas y sociales de la historia latinoamericana: las salitreras, las fábricas, las plantaciones, la gran minería, etc.

En el caso de las salitreras, se formó -como ha señalado Sergio González Miranda- una sociedad multicultural y multinacional, que se nutrió del aporte de trabajadores de distinto origen étnico y nacional, entre ellos también muchos chilenos venidos del campo. Además, las salitreras funcionaban en el marco de relaciones no serviles y de tipo capitalista desde su origen. El proceso de chilenización, iniciado hacia 1910, contribuyó de manera decisiva a la penetración de la cultura del centro, como la llama Bengoa, pero sin eliminar el sustrato pampino y tarapaqueño.

En síntesis, el establecimiento de un vínculo entre dominación y cultura constituye un esquema analítico muy provechoso, pero requeriría ser redefinido de una forma más amplia, más allá del caso de la hacienda. Con ello la tesis de Bengoa mostraría todas sus potencialidades y riqueza.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Inscríbete en nuestro Newsletter El Mostrador Opinión, No te pierdas las columnas de opinión más destacadas de la semana en tu correo. Todos los domingos a las 10am.

Publicidad