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Trump, Macron, Xi Jinping: todo el mismo día y más Opinión Archivo

Trump, Macron, Xi Jinping: todo el mismo día y más

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Fernando Reyes Matta
Por : Fernando Reyes Matta Exembajador en China, Director del Centro de Estudios Latinoamericanos sobre China, Universidad Andrés Bello.
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Washington es importante en varios sentidos en una lógica hemisférica, pero Chile es un país abierto al mundo, ya con experiencia de décadas para entender que las transformaciones del siglo XXI se darán en una constante interacción multilateral.


Si uno revisa la agenda internacional del pasado viernes 5 de diciembre, debe concluir que aquí en Chile, a lo menos, hubo carencias informativas para tener una visión de conjunto sobre todo lo ocurrido ese día. Por una parte, nos despertamos con la difusión formal de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

Y se hizo lógico sopesarla en todos sus alcances, especialmente si en ella se plantea un retorno de la Doctrina Monroe, pero ahora con el llamado “Corolario Trump”, es decir, con una interpretación propia de este tiempo, para decir que en todos los asuntos del hemisferio cabe restaurar el “predominio estadounidense” en la región. Un documento de 33 páginas que, además, anticipa el peligro de que la civilización europea desaparezca, que la política norteamericana con China fue equivocada y que se impedirá que “posean o controlen activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio” y aboga contra las “migraciones masivas”.

Pero ese mismo viernes el presidente de Francia, Emmanuel Macron, concluyó su visita de Estado de tres días a China, con un discurso en la Universidad de Sichuan. Fue un discurso potente, tras sus diálogos con Xi, con referencias a los trasfondos culturales y civilizatorios que llevan a China y Francia a pensar juntos, desde sus diferencias, los abordajes comunes ante un mundo de incertidumbres mayores. Una visión que impregnó, por cierto, la declaración oficial de China y Francia con motivo de esta visita.

Macron señaló ante los estudiantes que la humanidad está experimentando en este siglo XXI una profunda transición en hábitos, estilos de vida, innovaciones y cambios en relación con la naturaleza, pero también subrayó que “la humanidad tiene la capacidad de trascender fronteras para desarrollar una agenda común a favor de la paz, la prosperidad y el clima, con respeto y sentido de responsabilidad; es lo que le permite avanzar”.

Fueron palabras en el mismo día en que el documento dado a conocer por el presidente Trump señaló: “Europa continental ha perdido cuota del PIB mundial, pasando del 25% en 1990 al 14% en la actualidad, en parte debido a las regulaciones nacionales y transnacionales que socavan la creatividad y el espíritu emprendedor. Este declive económico se ve eclipsado por la perspectiva real y más sombría de un desvanecimiento civilizacional. Entre los problemas más importantes a los que se enfrenta Europa se encuentran las actividades de la Unión Europea y otros organismos transnacionales que socavan la libertad política y la soberanía, las políticas migratorias que transforman el continente y crean conflictos, la censura de la libertad de expresión y la represión de la oposición política, el colapso de las tasas de natalidad y la pérdida de las identidades nacionales y la confianza en sí mismos”.

Decir que la Unión Europea socava la libertad política y la soberanía fue una crítica que remeció todo el sistema multilateral europeo y llevó a sus más altas autoridades a respuestas fuertes de rechazo a ese enfoque. Y para los mandatarios de Francia y Alemania, entre otros, sonó como una advertencia mayor que el documento norteamericano señalara que la esperanza está en “la creciente influencia de los partidos patrióticos europeos”.

Tal afirmación anticipó que la estrategia norteamericana siente que es “motivo de gran optimismo” el acenso de movimientos y partidos políticos de ultraderecha en ese continente, y dijo ver en ellos la posibilidad de lo que llama el “renacimiento espiritual” en Europa. Lo que se quiere desde Washington es nítido: “Necesitaremos una Europa fuerte que nos ayude a ser competitivos y que trabaje con nosotros para impedir que ningún adversario domine Europa.”

Coincidiendo con lo remarcado en sus conversaciones con Xi y con la declaración oficial, Macron enfatizó ante los jóvenes la tarea de fomentar el entendimiento mutuo, “conocernos y participar en la reflexión colectiva para desarrollar soluciones prácticas a problemas apremiantes como la crisis climática”. Desde el texto de Trump el enfoque es la cara opuesta. Se reitera una diferencia que va en contra de una percepción global sobre la realidad que vive el planeta cuando dice: “Rechazamos las desastrosas ideologías del ‘cambio climático’ y del ‘cero neto’ que tanto han perjudicado a Europa, amenazan a Estados Unidos y subvencionan a nuestros adversarios”.

Macron y Xi, expresaron su respaldo al rol científico del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) y otros órganos técnicos internacionales en la formulación de políticas ambientales basadas en evidencia.

Xi Jinping y Macron no alcanzaron a dialogar teniendo el texto de la nueva estrategia estadounidense en la mano. Pero por todas las acciones y afirmaciones que se venían dando, especialmente aquellas del discurso de Trump en Naciones Unidas, las conclusiones de su encuentro de tres días fueron en dirección distinta. Coincidieron en que, ante la cambiante situación internacional, China y Francia, como dos grandes países independientes, “deben mantener en alto la bandera del multilateralismo, comprometerse con el diálogo equitativo, la apertura y la cooperación, demostrar plenamente el valor estratégico y la influencia global de la asociación estratégica integral entre China y Francia, y trabajar por un mundo multipolar equitativo y ordenado, así como por una globalización económica universalmente beneficiosa e inclusiva”.

Por cierto, las conversaciones fueron francas en identificar los problemas pendientes. Ante los empresarios chinos y franceses se habló del enorme desbalance comercial, con un déficit contra Francia de US$ 54.700 millones. Los productos franceses reclaman más espacio en el mercado chino. O tendrán que imponer aranceles a la invasión de productos chinos. Macron lo dijo con vehemencia al regreso. Pero también remarcó que el espacio de inversiones, de coincidencia en apertura en el comercio mundial, de emprendimientos conjuntos en inteligencia artificial e innovaciones tecnológicas estaban en la agenda de prioridades entre ambos países.

Chile, colocado en la coyuntura de apertura al mundo, donde más del 70% del PBI depende del comercio internacional –y donde China y Estados Unidos representan el 39% y el 14,7%, respectivamente–, debe mirar todos los escenarios que se están desplegando en el complejo escenario internacional. Poner atención, por cierto, a la Estrategia Nacional de Seguridad de EE.UU. y sus proyecciones. Pero también en declaraciones como las de ambos líderes de Francia y China que, más allá de sus diferencias, se sustentan en algo que los chinos no olvidan: Francia fue el primer gran país occidental en establecer lazos diplomáticos formales y de alto nivel en 1964 con la República Popular China.

Y, por cierto, poner todos los ojos en el tercer documento sobre su política de China hacia América Latina y el Caribe entregado también estos días. Un texto donde China le habla a toda la región, pero donde las oportunidades mejores estarán en quien ofrezca la mejor estabilidad institucional, las oportunidades de beneficio compartido y las proyecciones de largo plazo para comercio, proyectos e inversiones.

Los seminarios de estos días en CLAPES de la Universidad Católica, en la Biblioteca del Congreso Nacional y en otras instancias señalan dos cosas: a) la relación con China y el resto de Asia debe llevarse en la conjunción de todos los actores pertinentes: políticos, diplomáticos, empresarios, académicos, artistas, aprender a pensar juntos; b) debemos estar atentos a entender y seguir la diversidad de políticas que están tomando forma en el nuevo devenir internacional. Saber cómo sigue adelante Europa tras el fin de la guerra en Ucrania, entender cuánta política y poder nuevo aporta el llamado sur global.

Son tiempos donde un país mediano como Chile debe saber definir una estrategia que, con sentido realista, refuerce la diversidad de sus vínculos internacionales y que lo haga con serenidad y conocimiento. Washington es importante en varios sentidos en una lógica hemisférica, pero Chile es un país abierto al mundo, ya con experiencia de décadas para entender que las transformaciones del siglo XXI se darán en una constante interacción multilateral.

Por eso, importa lo que ocurra y se resuelva en Beijing, en Tokio, en Berlín, en París, en Nueva Delhi, en Doha o en Johannesburgo. Y también en Madrid, Brasilia, Buenos Aires o Ciudad de México. Es en ese mosaico donde encontraremos el –todo en un día y más– “común denominador” de nuestra estrategia internacional en el tiempo que viene, una forma chilena de llegar al 2050.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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