Opinión
El Mostrador
Las universidades y su compromiso con el país
Es importante señalar que esta vocación pública no solo le pertenece al Estado. Tratar de hacer coincidir lo público con lo estatal reduce la esfera pública a un ámbito estrecho, donde actúan solo las instituciones pertenecientes al Estado.
La presencia y aporte de las universidades al desarrollo y devenir del país está en el centro de sus prioridades, compromiso y diario quehacer. Por esto, la población las ha identificado en su permanente aporte y preocupación por abordar los problemas que se presentan en el país. De hecho, en la reciente Encuesta Bicentenario UC las universidades están dentro de las instituciones mejor valoradas por la ciudadanía, contando con un alto prestigio, confianza y gran credibilidad.
La educación tiene una innegable e ineludible vocación pública. El sistema de educación superior está llamado a reflejar la diversidad de Chile, como corresponde a una sociedad democrática. Ello significa que cada institución, con pleno respeto a su identidad, a la dignidad y a los derechos fundamentales de los ciudadanos, con sistemas de selección accesibles por igual a todos, tiene derecho a manifestar y promover en la esfera de la cultura las formas de vida que estime valiosas y el proyecto educativo que estime mejor para el país. Esa pluralidad y diversidad no es un defecto que haya que tolerar, sino todo lo contrario, una virtud que el país necesita cuidar.
En los últimos años, ha habido diversas situaciones complejas en nuestro país en las cuales el aporte de las universidades ha sido muy relevante. Dentro de estas se destaca el estallido social, con aportes a través del estudio y análisis de sus causas, factores relacionados y consecuencias; la pandemia que afectó al mundo por más de dos años, que requirió importantes propuestas y alternativas para la población –destacando las vacunas–, para salir adelante en este tiempo tan desafiante para nuestro país y el mundo.
También, vimos este aporte en ambos procesos constitucionales que movilizaron al país y en los que las universidades colaboraron con análisis académicos, incentivo a la participación, información y difusión de las propuestas. En todas estas situaciones, el aporte de las universidades se caracterizó por entregar certeza, seguridad y una luz de camino futuro a la comunidad. Las universidades católicas –con marcado compromiso público–, estuvieron aportando de manera muy significativa al desarrollo de nuestro país.
En esta labor de las universidades con el país, es necesario potenciar el pluralismo y la pluralidad que se requiere para una libre expresión de todos los proyectos universitarios que aporten al desarrollo de las personas y de la nación. La existencia de diferentes proyectos y visiones es un valor que hay que cuidar. Se requiere que distintas voces aporten al gran coro que represente a la educación superior de nuestro país, para que los estudiantes y las familias puedan elegir la institución que los identifique de mejor forma.
Es importante señalar que esta vocación pública no solo le pertenece al Estado. Tratar de hacer coincidir lo público con lo estatal reduce la esfera pública a un ámbito estrecho, donde actúan solo las instituciones pertenecientes al Estado. De esta forma, en vez de fortalecer lo público, se le debilita. Lo público no es una cualidad jurídica relativa solo a la propiedad de las instituciones, sino que es una característica que deriva del sentido y orientación de las actividades que las instituciones realizan. El aporte mixto de vocación pública es el principio que subyace en la historia institucional de la educación superior de nuestro país.
Es evidente que las universidades aportan al desarrollo del país a través de sus egresados, de la formación otorgada a sus alumnos, colaborando al crecimiento personal y a la movilidad social. Así, egresan de nuestras aulas profesionales que han tenido una destacada participación en el ámbito social, político, económico, científico, cultural, artístico y deportivo, aportando al desarrollo del país.
Además, la investigación y nuevo conocimiento permite avanzar en diversas áreas, algunas cruciales, como son la dignidad de la persona, el desarrollo de la educación en todos sus niveles, la promoción de la justicia, la vivienda digna, la protección de la naturaleza, la distribución equitativa de los recursos, y otros. En el vínculo con su entorno, las universidades entregan aportes concretos a la sociedad a través de diversos proyectos en salud, seguridad, ciencia y tecnología, artes, entre otros.
En nuestro caso y desde la fundación, concordando con la misión e identidad, la Universidad Católica busca promover el diálogo entre fe y cultura, entre competencia profesional y sabiduría cristiana con el objetivo de influir de manera positiva en la realidad de la sociedad. Nos motiva entregar un testimonio y presencia de nuestra identidad, de comunidad y de excelencia académica.
El desarrollo humano integral se convierte así en una materia prioritaria y de permanente reflexión al interior de nuestra institución, ya que estamos convencidos de que el desarrollo de los pueblos necesita de una reflexión en su dimensión humana y espiritual. Promover este proyecto en el centro de nuestro quehacer nos compromete a cumplir con las necesidades de la sociedad. Este es un permanente desafío y una hoja de ruta que se renueva y actualiza.
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