Opinión
Archivo (AgenciaUno)
Los tres ejes políticos que explican la realidad chilena
Estos son los ejes izquierda/derecha, pueblo/élite y politicidad/apoliticidad-pragmatismo. Los ejes han operado de forma conjunta y es por ello que es difícil definir el funcionamiento del sistema político a partir de uno de ellos únicamente.
Las elecciones presidenciales y parlamentarias no son fáciles de explicar desde el punto de vista de qué es aquello que permite estructurar u ordenar el sistema político. Se ha utilizado en el último tiempo, desde una forma coloquial hasta la académica, la palabra “clivaje”, entendida como el punto de división o de fractura social, duradera o permanente en el tiempo, que estructura la discusión política.
El concepto es correcto si queremos ubicar un punto que explique el comportamiento de los actores dentro del sistema político, pero estimo que no es claro afirmar hoy cuál es el clivaje o fractura de nuestro sistema, como sí lo fue el clivaje clerical/anticlerical en el siglo XIX, el clivaje en torno a la cuestión social propia del siglo XX o el de dictadura/democracia.
Por ahora debemos utilizar un lenguaje menos intenso, pero explicativo. Estamos ante un proceso de reacomodo y no hay una fractura de clara perdurabilidad temporal. Es por ello que en esta columna hablaré de “ejes políticos”, entendidos como aquellos puntos entre los cuáles se mueve el sistema político y que permiten comprenderlo, como también el comportamiento de los electores.
Si observamos lo que ha venido ocurriendo desde Piñera 1, luego de la primera derrota histórica de la ex Concertación, se puede afirmar que el sistema político está en un periodo de reconfiguración. Apareció una nueva izquierda y una derecha radical, las cuales conviven con una centroizquierda y una derecha tradicional. Las elecciones de gobernadores y elecciones locales del año pasado significaron su aparición definitiva de todas estas fuerzas.
A ello, en las dos últimas elecciones parlamentarias, se adicionó un centro díscolo, como lo es el Partido de la Gente, que apareció, desapareció y volvió a aparecer, respecto del cual no es posible afirmar aún su sostenibilidad y perdurabilidad en el sistema. Pasamos de un modelo de dos grandes bloques a un sistema de 4/4.
En este contexto coexisten tres ejes políticos que permiten entender nuestro sistema. Operan de forma coincidente, pero que se han expresado con diversas intensidades y de una forma no lineal. Estos son los ejes izquierda/derecha, pueblo/élite y politicidad/apoliticidad-pragmatismo. Los ejes han operado de forma conjunta y es por ello que es difícil definir el funcionamiento del sistema político a partir de uno de ellos únicamente.
El eje tradicional izquierda/derecha es uno que no ha fallecido. Es más, podemos identificar que la política en los últimos seis años ha operado desde ahí; en especial, la política que se instituyó en la Convención Constitucional, el Gobierno del Presidente Boric, el Consejo Constitucional y las recientes elecciones.
En los dos órganos constituyentes la disputa se produjo claramente desde la relación entre Estado subsidiario y Estado social fuerte, caracterizado, en resumen, el primero, por una preeminencia de los grupos intermedios privados y, el segundo, por un rol relevante del Estado, como siempre, mediado por posiciones eclécticas. La tensión persona/Estado fue uno de los centros medulares de la política constituyente.
El Gobierno del Presidente Boric mostró el aterrizaje de un Gobierno de izquierda, dejando atrás los gobiernos de centroizquierda, asunto que significó el arribo de una lógica y una tensión profundas en el eje izquierda/derecha. Su intensidad es tal que definió la elección presidencial entre Kast y Jara, donde la disputa libertad/comunismo se tomó gran parte de la campaña presidencial. Este eje está tan vivo que las dos candidaturas que pasaron a segunda vuelta en 2025 se ubican en los polos de él.
Luego, el eje pueblo/élite aparece con claridad con el estallido social y en especial en la elección de los convencionales constituyentes de izquierda. La tesis de fondo fue la búsqueda de la redacción de una Constitución del pueblo –o plebeya– en contra de la elite hegemónica, representada por la política y partidos tradicionales, así como por la élite económica. Esto se expresó con mayor fuerza en la primera mitad de la Convención en los acuerdos en materia medioambiental, de los pueblos indígenas y las diferentes aristas de la plurinacionalidad, el Estado regional y un Congreso con una Cámara de las Regiones.
Tal línea estructurante se manifestó en 2025 en la candidatura de Franco Parisi y su alta votación. Siguiendo a Laclau, en él concurre el pueblo, un líder carismático y su antagonismo con la elite tradicional vigente. El líder representa las demandas insatisfechas, produciéndose un vínculo afectivo entre pueblo y líder en contra de la elite. Lo propio es poder configurar una identidad del pueblo ante múltiples demandas incumplidas.
El eje politicidad/apoliticidad-pragmatismo se vincula a la tensión y grieta entre los votantes. El punto de diferenciación está entre aquellos que votan de forma pragmática o apolíticamente, entendido esto como un voto sostenido en elementos coyunturales y conveniencias individuales o grupales, versus el votante militante o ideológico, que ejerce su derecho a voto con base en principios y valores de un sector.
La primera vuelta presidencial nos expresó esta segunda categoría de votos en las candidaturas de Jara y Kast, donde ella obtuvo un voto militante de 26,85% y Kast un 23,93%, siendo una base fiel y constante. El electorado pragmático puede pasar de una posición o de un sector político a otro. Votaron “Rechazo” a la propuesta de izquierdas en el plebiscito 2022, en contra al borrador de derechas en 2023, por candidatos moderados en la elección de gobernadores (no se eligió ningún gobernador comunista ni republicano) y en las elecciones locales en 2024 y por Kast (republicano) en segunda vuelta en 2025, quien venció a Jara (comunista).
Concluyendo, el punto de todo lo anterior son dos cuestiones. La primera es que no existe un eje que explique de forma global cómo está operando el sistema político chileno, sino que solo es posible entenderlo con base a estos tres ejes políticos. Lo segundo es que tales ejes no operan de manera aislada, sino que se instituyen de manera mixta.
En la Convención Constitucional operó el eje izquierda/derecha y pueblo/elite. En la primera vuelta, Jeannette Jara utilizó el de pueblo/elite y en la segunda el de izquierda/derecha. Como afirmamos, Franco Parisi utilizó el eje pueblo/elite, pero ese electorado votó pragmáticamente en segunda vuelta por Kast. Kast ha sido más consistente en la utilización del eje izquierda/derecha, con visos pueblo/elite al tratar de situarse como un candidato fuera del sistema tradicional, pero también ha utilizado el pragmático, al fijar como pilares de su campaña asuntos de coyuntura como seguridad, migraciones y economía, y no los asuntos político-valóricos que lo definen.
Así, podríamos afirmar que los partidos políticos sostienen su actuar en el eje izquierda/derecha, pero, sobre él, utilizan otros ejes estructurales, requiriendo convivir con la forma en que el electorado se ha movilizado votando con base en las circunstancias particulares de cada elección.
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