Opinión
Resultados PAES: cuando los datos se usan como cuchillos
Las familias más aventajadas desde el punto de vista socioeconómico y cultural traspasan a sus hijos un capital –llamado capital cultural– que es mayor que en las familias desventajadas y que les permite responder de mejor manera a los mecanismos de la vida escolar.
Como muchos deportes de nuestra cultura nacional, recientemente se vivió el debate sobre los resultados de la Prueba de Acceso a la Educación Superior, PAES. Un lamentable diálogo de sordos que tuvo como objeto de análisis/ira los datos asociados a dicha evaluación.
¿Por qué lamentable? Porque cada día es más evidente que quienes hoy profieren las evaluaciones más grandilocuentes y lapidarias podrían perfectamente hacerlo sin contar con esos datos. Es decir, no reflexionan sobre ellos, sino que los usan para el beneficio de su propio argumento. Veamos algunos ejemplos, con nombre y apellido.
El presidente de la Asociación Chilena de Municipalidades y alcalde de Zapallar, Gustavo Alessandri, señaló en Cooperativa que estos resultados eran evidencia de que la reforma Nueva Educación Pública (NEP) estaba sacrificando a muchas generaciones y que era una “reforma ideológica que choca con la práctica, con la realidad de la educación en Chile”. Más aún, señaló que confiaba en que el Presidente electo consideraría una “lógica de resultados reales y eficiencia técnica”. Es decir, dice que la NEP no está operando con una racionalidad técnica.
Lo que el mencionado alcalde no indica es que la misma NEP que critica evidenció resultados en la prueba Simce 2024 (informados en 2025) superiores a los establecimientos municipales. Busqué en internet sus reflexiones sobre esos resultados, pero no las encontré. Otro aspecto que no señaló Alessandri es que los establecimientos municipales de su comuna obtuvieron modestos resultados en esta misma evaluación, por ejemplo, con el Liceo Bicentenario de Zapallar, que fue 1661 en dicho ranking.
Tampoco menciona que la NEP ha sido objeto de un importante número de evaluaciones del más diverso tipo y gran alcance, incluyendo la participación de organismos internacionales y universidades, es decir, de carácter externo. Vale decir, ha sido una de las reformas que ha sido mayormente monitoreada desde el punto de vista técnico.
Otro ejemplo. El alcalde de Santiago, Mario Desbordes, manifestó que el traspaso de la educación municipal de la comuna de Santiago a los SLEP era “un fracaso”, habiendo pasado solo siete días desde su traspaso. Esta afirmación expresa por sí sola la afirmación que hago al inicio de esta columna: no necesito saber los datos, porque ya tengo la respuesta.
Junto con lo llamativo de esta afirmación, en el mismo momento cuestiona a la exalcaldesa Irací Hassler por la deuda de arrastre de la educación municipal en la comuna que dirige. Vale decir, en un par de minutos critica la operación inexistente de la NEP en establecimientos educacionales, pero, además, destaca uno de los grandes problemas de la educación municipal, que es su inmenso desfinanciamiento, el que, además, deben asumir los nuevos Servicios Locales de Educación como regalo de bienvenida.
Este último aspecto es fundamental. Si vamos a hablar de datos, no podemos olvidar que está documentado por vasta evidencia que la municipalización de la educación fue un gran fracaso, desde diferentes puntos de vista. Solo por mencionar dos aspectos, los municipios generaron una gigantesca deuda de arrastre y no dieron suficiente prioridad al acompañamiento pedagógico a las escuelas que administraban.
El medio Ex-Ante destaca que los resultados de la PAES son críticos “pese a recibir cuatro veces más dinero por alumno que los colegios municipales”, como si la administración municipal fuera una suerte de bastión de la eficiencia educativa. Como ya dijimos, los datos señalan consistentemente lo contrario. Y aún más, el presupuesto municipal de la educación pública es paupérrimo, lo que también está documentado con el lamentable estado de la infraestructura de los establecimientos que están siendo traspasados a los SLEP.
Tanto así, que la NEP ha tenido que generar nuevas líneas de acción para revertir las malas condiciones de los edificios que albergan la enseñanza de las y los estudiantes. Es decir, el presupuesto por estudiante que Ex-Ante menciona que tienen los establecimientos educacionales municipales no es ninguna gracia, sino más bien una innegable evidencia del abandono de la preocupación por la calidad de la educación.
Suma y sigue con otros comentarios, pero hay quienes los han respondido mucho mejor de lo que yo podría hacer. Por ejemplo, en este mismo medio, Gabriel Gutiérrez explica lo insólito que resulta criticar al Sistema de Admisión Escolar (SAE) por los resultados de la PAES en los llamados liceos emblemáticos, considerando que quienes rindieron esta evaluación ni siquiera fueron seleccionados por este sistema.
Cada uno de los análisis de los resultados de la PAES que se han mencionado, resultan entonces fácilmente rebatibles con evidencia. Por ello, es posible concluir que, paradójicamente, se están usando datos, pero sin evidencia. Solo para ver si generan heridas, como cuchillos.
Para finalizar, mencionaré la evidencia más contundente y que parece que cada año se olvida en este deporte nacional. No solo en Chile, sino en el mundo completo, desde hace al menos seis décadas se ha demostrado que la estructura social condiciona lo que ocurre en el sistema educativo. ¿Qué significa esto en la práctica? Que las familias más aventajadas desde el punto de vista socioeconómico y cultural traspasan a sus hijos un capital –llamado capital cultural– que es mayor que en las familias desventajadas y que les permite responder de mejor manera a los mecanismos de la vida escolar. Esta diferencia no puede ser completamente resuelta desde el proceso educativo, solo aminorada.
Teniendo eso en cuenta y considerando lo altamente desigual que es nuestra sociedad, ¿cómo pudiera sorprendernos que los colegios particulares pagados lideren los rankings que están generando este debate?
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.