Opinión
El Reloj de Gateau en México, el Caribe y más allá
Chile no está en la mirilla de Estados Unidos. Sin embargo, la nueva estrategia de seguridad nacional de dicho país establece también un desacoplamiento económico y reducción del comercio de la región latinoamericana con Asia, como prioridad de su seguridad interior.
La película El curioso caso de Benjamín Button, del director David Fincher (con guion de Eric Roth), acerca de un hombre que nace viejo y con el paso de los años rejuvenece, nos introduce la historia de Monsieur Gateau, un relojero no vidente a quien le encargan un reloj para la estación de trenes de Nueva Orleans. Mientras se dedica a su trabajo recibe la noticia de la muerte de su hijo en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Así, Gateau decide invertir las agujas de su reloj para que se muevan en el sentido contrario: el eterno anhelo de devolver al cronos para revivir lo inevitablemente perdido.
Eso es precisamente lo que ha venido ocurriendo desde que Estados Unidos presentó su estrategia de seguridad nacional -particularmente su aplicación en el ataque militar que “extrajo” al dictador Maduro-, la resurrección de la doctrina Monroe y la idea de “patio trasero” para restablecer predominio en el hemisferio.
Si no se hubiera (sobre)utilizado tanto la apelación la doctrina de 1823 podríamos decir ser trata de otro “Cisne negro” – la teoría de Nassim Taleb- racionalizando con espejo retrovisor hechos difíciles de comprender, marcados por lo impredecible. Esta última dimensión es parte del repertorio esencial del 47 Presidente de Estados Unidos que, además, mediante un ingenioso juego de palabras permuta la doctrina Monroe por “Donroe”, dejando su sello personal. Con ello renovó el mensaje original de rechazo a la injerencia de toda potencia extranjera en el hemisferio occidental (en el siglo XIX Europa y Rusia, hoy China y Rusia fundamentalmente).
La primera semana de enero su gobierno amenazó con algún grado de uso de fuerza a Colombia (con desescalada posterior), Cuba, México, además de Dinamarca e Irán, fuera del hemisferio. Aunque algunos remontan este tipo de medidas punitivas a la Guerra Fría, el listado de intervenciones de Schenoni (y otros) –que excluye operaciones de inteligencia sin participación militar directa, diplomacia de las cañoneras o bloqueos; es decir, expresamente con desembarco de tropas o presencia militar estadounidense, arroja que en los 45 años de Guerra Frías hubo en Latinoamérica sólo 3 intervenciones castrenses “abiertas” (República Dominicana, 1965; Grenada, 1983, y Panamá, 1989-1990) frente a una mayoría de 19 acciones “encubiertas” inauguradas con el derrocamiento de Jacobo Arbenz en 1954.
De hecho, el best seller Legado de Cenizas de Tim Weiner (2008) acerca de la historia de la CIA conecta la operación AJAX, urdida en algunos meses para derrocar al primer ministro iraní Mohammad Mosaddeq –quien había osado nacionalizar el petróleo-, y reinstalar a un afín sha (Mohammad Reza Pahlaví), con la decisión de derribar al Presidente Arbenz de Guatemala –quien en época de macartismo tenía participación comunista en su gabinete- mediante la operación PBSUCCESS, que se apoyaba en tropas dirigidas por el coronel Carlos Castillo Armas.
En cambio, el período anterior, entre la Guerra hispano-estadounidense (1898) y la implementación de la política del “buen vecino” en 1933, reúne un total de 21 ataques directos. Fue la Era del Gran Garrote sobre el Caribe, México y Centroamérica, o la “edad enchapada en oro” en la que Estados Unidos pasó del liderazgo económico al poder global, aquella que el Presidente Trump intenta emular.
Por eso, más que distraerse en las comparaciones con el fascismo, con un mandatario que no piensa ni en Mussolini o Hitler, hay que concentrarse en sus propios referentes de expansionismo imperial, como fueron las administraciones de Mckinley (1897-1901) y Theodore Roosevelt (1901-1909). Y si es difícil de creer este “regreso en el tiempo” se puede trazar una analogía entre el plan esbozado para Venezuela, que dilucidó el secretario de Estado Marco Rubio en su reunión con el Senado, y otros tutelajes, como el de Cuba a principios del siglo XX.
El de Venezuela trata de un programa en 3 etapas: Estabilización, recuperación y transición, mediante las cuales Estados se propone acometer el cambio del país. La fase primigenia se orienta a la gobernabilidad de Venezuela y el control de sus activos económicos, léase petróleo, entendido como la llave maestra para encaminar el rumbo del proceso político. La primera parte contempla la “cuarentena” marítima sobre las embarcaciones de otros estados vinculadas al comercio del crudo venezolano. Enseguida la recuperación económica sugiere la reincorporación de Venezuela al mercado global y la re-edificación de sus bases económicas sobre las reglas establecidas por Estados Unidos, garantizando que las empresas de Estados Unidos y Occidente inviertan. Finalmente comparece la cuestión de la reconciliación política y social, lo que permitiría regenerar su sistema político interno que llevaría a una democracia.
Cuando se le consultó a Trump por la duración del plan la repuesta el simplemente “tiempo indefinido”. Hay cierto parecido con la enmienda Platt enunciada por el Congreso de los Estados Unidos para agregar a la Constitución de Cuba en 1901, una adenda exigida en período de ocupación armada. Así se imbricó la política cubana con los intereses de Estados Unidos, situación que perduró hasta mayo de 1934 cuando Estados Unidos y Cuba firmaron el Tratado que la derogó. Si alguien se pregunta por uno de los factores que empujaron el origen del revolucionarismo anti-imperialista cubano en los cincuenta hay que citar también dicha controvertida disposición legal. Hoy el mandatario urge a La Habana a llegar a un acuerdo “antes que sea demasiado tarde”.
Otro arcaísmo son las advertencias a México de un eventual ataque a cárteles de droga en su territorio sin consentimiento de este gobierno. Trump aseveró “Los cárteles controlan México; es muy triste ver lo que le ha sucedido a ese país. Hemos erradicado el 97% de las drogas que ingresan por agua, y ahora vamos a comenzar a atacar por tierra a los cárteles”. La respuesta de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, fue colocar “paños fríos” al decir que aquella “es la forma de comunicar” de Trump. Pero la invectiva proferida ignoró la cooperación de décadas entre México y Washington en la lucha anti-narcóticos, actualizando un viejo escenario de fuerzas armadas estadounidense en territorio mexicano, como se vivió por última vez hace 110 años atrás. En la ocasión luego del ataque del revolucionario Pancho Villa había realizado sobre el poblado de Columbus, Nuevo México, causando muertes de estadounidenses, la administración del “idealista” Woodrow Wilson autorizó en marzo de 1916 el ingreso de tropas al mando del general John J. Pershing en Chihuahua para capturar vivo o muerto al centauro del Norte. Después de 11 meses de infructuosa búsqueda, los militares cruzaron el Río Grande sin resultados.
En lo contingente no hay que olvidar las habilidades comunicacionales del Presidente Trump, que con cuatro o cinco amenazados logra saturar de contenidos una agenda mediática en la que sigue de protagonista. Se reserva quien será el primero en caer para potenciar su fama de impredecible.
Finalmente, cuando ataca opera con celeridad, con operaciones temporalmente acotadas, aunque contundentes, con efectos lo suficientemente demostrables para infundir temor para subordinar a otros (bien lo sabe el régimen autoritario de los Ortega Murillo que excarcelaron el fin de semana a presos político). En definitiva, el patrón de sus intervenciones en Yemen, Somalia, Siria, Nigeria, Irán, y Venezuela recientemente, cuya diferencia es que se consiguió arrebatar la “joya de la corona”, el dictador mismo. Como pronóstico en 2002 Robert Kaplan en el Retorno de la Antigüedad. La Política de los Guerreros, la combinación de populismo y nuevas tecnologías de la información serían caldo de cultivo para la beligerancia.
Desde luego, en este cuadro Chile no está en la mirilla de Estados Unidos. Sin embargo, la nueva estrategia de seguridad nacional de dicho país establece también un desacoplamiento económico y reducción del comercio de la región latinoamericana con Asia, como prioridad de su seguridad interior. Aquello es parte del corolario Trump, como el mismo citado documento lo llama.
Considerando que Chile vende más del doble a China que a Estados Unidos (al igual que otros países sudamericanos) será necesario actuar con realismo pragmático, sin alineamientos cerrados ni disociación de Estados Unidos, a la vez que se retiene algún margen de maniobra mediante diversificación de mercados y socios. Tal vez, usando el propio reloj de Gateau para acudir al conservador tri-ministro Diego Portales que el 10 de diciembre de 1836 escribió a Manual Blanco Encalada una carta que cifraba en la proyección nacional en el Océano Pacifico la fuente de prosperidad de Chile.
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