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Designación en el Ministerio de Seguridad: sorpresas y desafíos de distinto tipo Opinión Archivo

Designación en el Ministerio de Seguridad: sorpresas y desafíos de distinto tipo

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Mauricio Duce Julio
Por : Mauricio Duce Julio Profesor de la Escuela de Gobierno UC e investigador principal núcleo milenio "Complejidad criminal".
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Sin perjuicio del legítimo derecho que se tiene a revisar lo que se ha avanzado en este año de implementación de la nueva institucionalidad, es de esperar que no se intente inventar de nuevo la rueda y se parta como si de nuevo estuviéramos en punto cero.


Durante las últimas semanas hubo altas expectativas por el anuncio que el presidente electo hizo finalmente el pasado 20 de enero de las personas que lo acompañarían en su gabinete. En esta columna quiero presentar algunas reflexiones sobre la designación en el Ministerio de Seguridad, la que podría caracterizarse como sorpresiva, aun cuando por razones muy distintas.

Como es sabido, Trinidad Steinert fue finalmente designada. Hasta el día previo ella se desempeñaba como Fiscal Regional de Tarapacá, contando con una carrera en el Ministerio Público de más de 20 años. Las sorpresas en su designación fueron varias. La primera, es que ella no aparecía dentro de los nombres de personas que con más fuerza se especulaba podían asumir el cargo y a los que aparentemente fue ofrecido en forma previa (por ejemplo, al senador electo Rodolfo Carter o al diputado electo Enrique Bassaletti).

El segundo elemento de sorpresa es que esta designación ha generado un escenario institucional inédito a la fecha. A pesar de no existir una prohibición legal, por primera vez alguien que ocupa una responsabilidad tan alta en el Ministerio Público (Fiscal Regional) renuncia a ella para asumir un cargo político de primera línea y perfil como lo es encabezar a este ministerio. Esto ha generado algunas polémicas y preocupaciones de distinto signo e, incluso, el anuncio de algunos parlamentarios de un proyecto de ley destinado a impedir que vuelva a ocurrir.

Finalmente, un tercer elemento sorpresivo que me llamó la atención es que, a pesar de la enorme relevancia que adquirió la seguridad en la campaña presidencial y todos los anuncios acerca de su centralidad para la nueva gestión, la designación dejó en evidencia que no había un diseño muy afinado de las nuevas autoridades en la asignación de quien será responsable del sector, cuyo nombre –de acuerdo con múltiples informaciones de prensa– terminó consolidándose sólo unos pocos días antes del anuncio del presidente electo.

Sin entrar a las consideraciones de corte más político, que van un poco más allá de mi especialidad, quisiera destacar que estimo positivo el cambio de perfil que se produjo en el último momento en esta designación. Por diversas razones era preocupante que alguien que viniera de cargos de perfil muy político y con una trayectoria de abordar materias de seguridad con mucho énfasis en sus dimensiones más performáticas asumiera su dirección. Otras razones también hacían inconveniente que asumiera esta responsabilidad un ex integrante de fuerzas de orden y seguridad.

Veo con muy buenos ojos, en cambio, que se haya optado por alguien de perfil más técnico y con muchos años de experiencia trabajando en un sector importante del sistema de seguridad (la persecución penal y la justicia criminal).

La futura ministra Steinert conoce y comprende las dificultades que sopone enfrentar el delito tarea a la cual se ha dedicado por más de 20 años; le ha correspondido dirigir, gestionar y coordinar el trabajo de distintas agencias estatales en la ejecución de estrategias de persecución penal (fiscalía, policías, servicios auxiliares, etc.); conoce las limitaciones y fortalezas de componentes muy relevantes de nuestra institucionalidad en esta tarea, entre otras. Este conocimiento y experiencia pueden ser un aporte muy relevante en su nuevo trabajo a partir del próximo 11 de marzo.

Con todo, hay que considerar algunas de prevenciones. La primera, es que la ministra deberá ser especialmente cuidadosa en su relación con el Ministerio Público, de manera de evitar algunas legítimas preocupaciones que han surgido acerca de este cambio inédito en funciones. La verdad es que las tensiones entre la política y el trabajo de un órgano autónomo como el Ministerio Público no son nuevas y vienen presentándose hace rato. Por ejemplo, recordemos lo ocurrido en los últimos procesos de designación de fiscales nacionales. Con todo, en el escenario actual de enorme desconfianza de la ciudadanía tanto hacia la clase política como al Ministerio Público, me parece muy importante evitar cualquier suspicacia que pueda existir en la materia.

Por otra parte, sus conocimientos y experiencia deben ponerse al servicio de su nueva función de una manera un poco distinta a las que varios actores políticos han enfatizado y seguramente presionarán cuando esté ya en funciones. El Ministerio de Seguridad fue recientemente creado, con el propósito de superar un vacío de capacidad técnica y de gestión en nuestra arquitectura institucional en la formulación, implementación, desarrollo, coordinación, seguimiento y evaluación de la política de seguridad. En este contexto, lo que necesita esta nueva institucionalidad es una dirección que le permita gestionar estos desafíos tomando un poco de distancia de la contingencia cotidiana y teniendo énfasis más bien en la mirada de política pública que requiere el sector.

En una dirección contraria, muchos actores políticos han instalado la idea de que la experiencia operativa de la futura ministra favorece que cumpla sus funciones con una fuerte orientación de ese carácter en su trabajo, por ejemplo, para constituirse en sitios de suceso en delitos graves o participar en la ejecución de operativos. Esto es un error.

Ese tipo de aproximación al trabajo de seguridad es propio de los fiscales o las policías, pero no de la autoridad que encabeza al ministerio. Entenderlo así sería equivalente al pedirle a la ministra de Salud que dedique parte importante de su tiempo a realizar intervenciones quirúrgicas en pabellones para disminuir la demora en las listas de espera y no, en cambio, a través de gestionar soluciones globales al problema.

No es ahí el aporte que se espera de un ministro de Estado y menos en la forma que fue concebido y diseñado el Ministerio de Seguridad. También es un error, ya que una orientación de ese tipo es pan para hoy (a través de la potencial exposición pública y presencia en los medios), pero hambre para mañana (por no haber invertido el tiempo y energía suficiente en parea hacerse cargo de los problemas estructurales del sector que sólo el ministerio puede ayudar a corregir).

Esperemos que el presidente electo haya decidido designar a la ministra teniendo presente este modelo de trabajo y que ella, por su parte, tenga claridad y decisión para evitar ejercer su función con un énfasis incorrecto o cediendo a las enormes presiones que enfrentará en el día a día para ello.

Otro desafío enorme para su gestión será la de abandonar una mirada muy parcial que existe de la seguridad en el debate público, que pareciera entender que se trata solamente de problemas de capacidad de persecución y sanción de los delitos o que los problemas de violencia y delincuencia sólo están asociados al avance del crimen organizado.

La evidencia muestra que las posibilidades de llevar adelante una política de seguridad exitosa que se sustente en el tiempo dependen de la capacidad de avanzar en muy distintos frentes y atacando diversos problemas de manera equilibrada, incluyendo también a la prevención con un rol central. También, que los problemas que enfrentamos en la actualidad se vinculan al crimen organizado, pero también a otros fenómenos que hay que prestar atención.

Finalmente, sin agotar todos los temas posibles, quisiera mencionar un último desafío para su gestión. Ella asumirá un Ministerio que tiene apenas un año de vida y que requiere para su consolidación que exista una cierta continuidad en los procesos ya iniciados. Especialmente, se requiere instalar una mirada de Estado a los problemas de seguridad que tenga capacidad de pervivir en el tiempo y no depender de contingencias o cambios políticos temporales. Sin perjuicio del legítimo derecho que se tiene a revisar lo que se ha avanzado en este año de implementación de la nueva institucionalidad, es de esperar que no se intente inventar de nuevo la rueda y se parta como si de nuevo estuviéramos en punto cero.

El país necesita que a la futura Ministra Steinert le vaya muy bien y pueda exhibir éxitos en su gestión. Hay que desearle la mejor de las suertes en la enorme tarea que asumirá.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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