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No partimos de cero: aprendizajes para una Inteligencia Artificial responsable Opinión

No partimos de cero: aprendizajes para una Inteligencia Artificial responsable

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Gonzalo Riederer
Por : Gonzalo Riederer Socio de Auditoría de PwC Chile
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El desafío es grande, pero también es la oportunidad de construir sistemas que no solo funcionen, sino que merezcan la confianza de todos.


Toda tecnología que tiene un impacto real conlleva riesgos. La diferencia entre una hazaña y un sistema confiable no está en la ambición, sino en las salvaguardas: controles técnicos, procesos, cultura y rendición de cuentas. Para que la IA habilite la creación de valor sostenido, debe adoptar las mismas lógicas que ya convirtieron a otras industrias en seguras. Revisemos 3 ejemplos:

Aviación: del heroísmo al sistema

La aviación dejó de depender del piloto excepcional cuando estandarizó las decisiones bajo presión. Checklists, simuladores y reportes de incidentes sin culpa transformaron el aprendizaje individual en memoria institucional. Para la Inteligencia Artificial, el equivalente son guías de riesgo por caso de uso, pruebas adversariales antes de producción, y protocolos que documenten alucinaciones, fugas de datos o sesgos con trazabilidad completa. La cultura de seguridad no frena la innovación: la hace repetible. 

Energía nuclear: defensa en profundidad

Donde los riesgos son sistémicos, las balas de plata no existen. Las centrales nucleares operan con múltiples capas de protección, licenciamiento estricto y auditoría independiente. En la Inteligencia Artificial, esa defensa profunda se traduce en controles técnicos (filtros, validadores), procesos (segregación entre desarrollo, validación y operación) y gobierno (comités y revisión externa). Fallas habrá; lo decisivo es que las capas contengan, limiten y permitan recuperarnos. 

Infraestructura sísmica: diseñar para el peor día 

Chile sabe que el diseño se valida en el evento extremo, no en la demo. Por eso existen normas, cálculo estructural, revisores independientes y soluciones como aisladores sísmicos que agregan resiliencia. La Inteligencia Artificial enfrenta sus propios terremotos: ataques de variada índole, datos contaminados, cambios bruscos de contexto. Diseñar para ese día exige escenarios de estrés declarados y responsables con autoridad para actuar. 

La Inteligencia Artificial responsable no es una promesa nueva: es aplicar de forma inteligente las salvaguardas que ya hicieron seguras a otras industrias.   Y es que la historia muestra que la confianza no surge por accidente: se diseña, se prueba y se mantiene. En el caso de la IA no es distinto: su potencial transformador depende de que asumamos, desde el día uno, que la responsabilidad no es un freno, sino el habilitador de un impacto positivo. 

El desafío es grande, pero también es la oportunidad de construir sistemas que no solo funcionen, sino que merezcan la confianza de todos. Por ello, Cada salvaguarda que incorporamos es una inversión en resiliencia, en legitimidad y en futuro.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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