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La gira caribeña de José Antonio Kast: ¿Es República Dominicana un modelo en temas migratorios? Opinión Crédito foto: X @joseantoniokast

La gira caribeña de José Antonio Kast: ¿Es República Dominicana un modelo en temas migratorios?

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Haroldo Dilla Alfonso
Por : Haroldo Dilla Alfonso Profesor titular, Universidad Arturo Prat.
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Sería muy conveniente que el gobierno que se inaugura en marzo –y todos los que le sucederán en el futuro- aprendan a mirar a las fronteras chilenas como recursos para el desarrollo y como espacios socioculturales más allá de la geopolítica.


El presidente electo José Antonio Kast ha desplegado una gira centroamericana y caribeña en busca de referentes para su gestión. Sintomáticamente ha escogido a República Dominicana como modelo en temas de migración y políticas fronterizas. Kast alabó las políticas del estado dominicano hacia su frontera con Haití, así como la manera como ha sido tratado el tema migratorio en este país. Según dijo, las políticas dominicanas han sido muy efectivas en el manejo de los migrantes haitianos establecidos en el país, en el control fronterizo y, agrega ahora, también de la frontera como lugar de vida de comunidades humanas. Afirma que se trata de una política estatal “relevante y ejemplar” que incluye “…traspasar la fabricación de ciertos bienes a Haití, y con ello colaborar con la economía haitiana”. Todo ello, dijo, es vital en su nueva estrategia de manejo fronterizo que denomina (imitando la jerga trumpista) “escudo fronterizo”.

Realmente, es un aliciente que el presidente electo haya descubierto que las fronteras no son solamente limites geopolíticos, sino también lugares socio/culturales. Se ha demorado en darse cuenta, pero ojalá ello signifique el abandono de su discurso apocalíptico de cierres fronterizos y siembra de minas. Lo llamativo es que haya viajado a República Dominicana para percatarse de lo que ya es un tema del sentido común.

República Dominicana es un país admirable en muchos sentidos. Personalmente me siento orgulloso de poseer su nacionalidad y haber vivido en la media isla por tres lustros. Pero es inobjetable que entre sus virtudes no están sus políticas fronterizas y migratorias cargadas de xenofobia, racismo y arbitrariedades lesivas a los derechos humanos básicos de los haitianos. Y ha sido así desde aquellos lejanos tiempos (1937) en que el dictador Trujillo asesinó varios miles de haitianos y dominico/haitianos, sobre el argumento de dominicanizar la frontera y fortalecer la esencia hispánica, católica y caucásica de una sociedad cuyo rasgo definitorio (otra de sus virtudes) es el mestizaje cultural y racial. 

Los haitianos garantizan el funcionamiento económico de sectores claves de la economía dominicana –agricultura, construcciones- pues constituyen un sector laboral mal pagado, discriminado y reprimido. Y su control no se ejerce solo a través del mercado, sino sobre todo desde la discriminación, la indefensión legal y el acoso represivo. Por eso el estado dominicano produjo en 2013 una sentencia que despojó a centenares de miles de inmigrantes y descendientes de sus nacionalidades dominicanas adquiridas mediante procesos legales o al amparo del jus solis que imperó en RD hasta 2010. Vargas Llosa –quien era muchas cosas menos izquierdista- no dudó en comparar esta expropiación de derechos con la noche de los cristales rotos en la Alemania Nazi.

Desde entonces, los migrantes son perseguidos, capturados en las calles y expulsados sin debidos procesos, hasta un número que se ha fijado en decenas de miles anuales, lo que es favorecido por la contigüidad terrestre y la existencia de cuatro puntos fronterizos habilitados para ello. Ello le ha valido no solo la repulsa internacional, sino también la crítica de sectores empresariales para quienes esa mano de obra es vital. Y como colofón, el estado dominicano ha construido una cerca que llama “inteligente” y que parece haber cautivado la imaginación del presidente electo y su comitiva.

Lo que nadie dijo al presidente electo, y que su comitiva debió informarle, es que la tan comentada cerca inteligente –unos 100 kilómetros de verja en más de 300 kilómetros de frontera- ha resultado un proyecto muy caro. Se calcula que hasta el momento se han gastado más de 40 millones de dólares, en un país en que los servicios sociales básicos son horribles y la pobreza abarca un tercio de la población, sin que se haga notar una disminución efectiva de la migración. Entre otras razones porque la corrupción de los organismos que supuestamente resguardan la frontera, es más poderosa que cualquier tipo de tecnología “inteligente”. 

En su entusiasta evaluación, el presidente electo cometió otro error al repetir un viejo argumento de la derecha xenófoba dominicana: que República Dominicana ayuda a Haití. No es cierto en términos netos, pues al apoyo decisivo de los trabajadores haitianos a la economía dominicana que antes mencionaba, hay que agregar que RD exporta a Haití unos mil millones de dólares anuales de productos no competitivos, de manera que los doce millones de haitianos constituyen un mercado interno degradado en función de la reproducción capitalista de República Dominicana. 

El caso que Kast citó como ejemplo de  ayuda económica dominicana a Haití (vuelvo a citar: “…traspasar la fabricación de ciertos bienes a Haití, y con ello colaborar con la economía haitiana”) no es otra cosa que una maquila, tal y como funcionan a todo lo largo de la frontera de México con Estados Unidos, y comienzan a aparecer en la frontera de Paraguay con Brasil. En este caso la empresa CODEVI –productora de tejidos de marcas Levis y Adidas- concluye su proceso de confección en territorio haitiano, justamente en el segmento de frontera donde se ubican las ciudades de Dajabón y Ouanaminthe que la comitiva cuasi-presidencial visitó. De hecho, CODEVI privatiza un segmento de la línea fronteriza, y al hacerlo, la empresa multiplica sus réditos, pues usa una mano de obra extremadamente barata y opera en un contexto desregulado (fiscal, ambiental, laboral) que facilita sus operaciones. Al mismo tiempo se beneficia de la infraestructura y de los servicios de seguridad dominicanos. Y, finalmente, ha aprovechado los accesos privilegiados haitianos al mercado norteamericano en virtud de la enmienda HOPE. ¿Quién beneficia a quién?

Sería muy conveniente que el gobierno que se inaugura en marzo –y todos los que le sucederán en el futuro- aprendan a mirar a las fronteras chilenas como recursos para el desarrollo y como espacios socioculturales más allá de la geopolítica. Que supere la obsesión unilateral de su programa por zanjas, verjas, drones y soldados, y se aboque, sin descuidar  la seguridad, en políticas de concertaciones y cooperaciones para el desarrollo y la convivencia intercultural. Para todo esto se requiere imaginación y diálogos con otras experiencias donde me temo, hay poco que buscar como referente modélico en la tensa frontera dominico/haitiana.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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