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Si Chile fue presionado, el consentimiento al Escudo de las Américas estaría viciado ANÁLISIS Elaborada por El Mostrador

Si Chile fue presionado, el consentimiento al Escudo de las Américas estaría viciado

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Paz Zárate
Por : Paz Zárate Abogada experta en derecho internacional (@paz_zarateb).
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Ojalá todos los expresidentes de Chile, incluyendo a Eduardo Frei Ruiz-Tagle, conversen a la brevedad con el Presidente José Antonio Kast sobre el complejo escenario geopolítico que enfrenta el país.


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A propósito de la carta de los expresidentes Michelle Bachelet y Gabriel Boric, que sugieren evaluar el retiro de Chile del Escudo de las Américas, hay que decir que, para los países convocados, negarse a esta membresía o retirarse es probablemente muy difícil. Como ya es sabido, el ministro de Defensa, Fernando Barros, y los excancilleres proponían, inteligentemente, que nuestro país permaneciera solo como observador. ¿Qué pasó que no pudimos mantener tal calidad?

La práctica comparada indica amenaza comercial. EE.UU., bajo Trump, usa los aranceles como arma para forzar voluntades hacia varios fines. Y todos los países que declinan alguna oferta o sugerencia de Trump son castigados comercialmente: algo a lo que Chile no podría arriesgarse. Es posible que haya habido presión intensa para forzar a Chile a ingresar a esta alianza. La idea se sostiene sobre la base de casos comparables de otros países y la revelación del excanciller Mariano Fernández sobre discusiones en el Consejo de Excancilleres.

Si Chile recibió presión, incluso velada, no fue libre para decidir su adhesión: su consentimiento estaría viciado. Este es un factor a analizar cuando Chile verifique las implicancias políticas y jurídicas de lo suscrito: tarea que no resulta sencilla, pues EE.UU. deliberadamente mantiene laxitud en los documentos, de modo de dar una apariencia distinta a la realidad, que es el control total de la instancia. Más allá de otras asimetrías, el arma arancelaria sobre la mesa significa que, en la creación y desarrollo de esta alianza, no hay un trato normal entre convocante y convocados.

La situación no se compara al “No” de Ricardo Lagos a George Bush hijo cuando este último pidió el apoyo de Chile para la guerra en Irak. La amenaza entonces era que no se materializara el TLC que negociábamos, es decir, que no se cumpliera una expectativa. Aquí, en cambio, la práctica indica que el peligro suele ser un altísimo arancel general (25% o más): es decir, un daño efectivo a algo que ya se tiene (sobre base 0%, arancel 12,5%, bajo rango en comparación con otros y con exclusiones). Como se ve, no es un tema de simple dignidad: lo que se pierde en uno y otro caso es muy diferente.

Sería bueno que el país pueda, en algún momento, conocer el tipo de presiones que, al parecer, hemos recibido. Esto daría cuenta de que no somos especiales: bajo Trump, EE.UU. aplica amenazas y castigos —arancelarios y de otro tipo— a todos. Busca súbditos a los cuales someter. No amigos a los cuales respetar en su dignidad y libertad.

Aceptar esta realidad es una lección dura para las derechas en todo el mundo, que antes valoraban a Trump, pero han debido alejarse de él. La derecha chilena debe hacer el mismo camino de Giorgia Meloni y otras figuras del sector a nivel global, que, en defensa de la soberanía de sus países, se han distanciado de Trump.

Ojalá todos los expresidentes de Chile, incluyendo a Eduardo Frei Ruiz-Tagle, conversen a la brevedad con el Presidente José Antonio Kast sobre el complejo escenario geopolítico que enfrenta el país.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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