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Ucrania paga la cuenta de la guerra contra Irán Opinión Archivo

Ucrania paga la cuenta de la guerra contra Irán

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Alberto Rojas
Por : Alberto Rojas Director del Observatorio de Asuntos Internacionales de la Escuela de Periodismo y Comunicación de la U. Finis Terrae. @arojas_inter
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Para Trump, la prioridad es contener los precios de los combustibles. Para Putin, obtener ingresos y reducir su aislamiento. Y para Zelenski, mantener la capacidad de defensa de un país invadido.


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La guerra iniciada por Donald Trump contra Irán hace más de siete meses está teniendo consecuencias inesperadas a miles de kilómetros de Medio Oriente. Una de ellas es el deterioro de las relaciones entre Washington y Kyiv, mientras el presidente estadounidense intenta contener el aumento de los precios de los combustibles. Esto, porque para conseguirlo, ha recurrido nada menos que a Vladimir Putin y eso significa que Ucrania podría terminar pagando parte de la cuenta.

El 9 de octubre, Trump anunció un acuerdo con Rusia para suministrar diésel a los mercados internacionales: 300.000 toneladas iniciales, otras 500.000 en noviembre y un millón posteriormente. A cambio de eso, Washington flexibilizó las restricciones sobre los combustibles rusos, debilitando parte de las sanciones impuestas tras la invasión a gran escala de Ucrania, en febrero de 2022, durante la administración de Joe Biden.

La decisión responde a una urgencia económica y política. La guerra contra Irán, iniciada por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero, ha encarecido significativamente los combustibles cuando se aproximan las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre.

Sin embargo, las cifras revelan una contradicción. Las primeras 300.000 toneladas equivalen a 2,25 millones de barriles de diésel, suficientes para cubrir apenas 15 horas del consumo estadounidense de destilados, según un estudio realizado por Reuters. Aunque esta comparación no determina su impacto sobre los precios, ilustra la limitada magnitud del suministro. Aunque para Putin representa nuevos ingresos y un alivio de las sanciones.

Una tregua que nunca existió

El acuerdo choca con uno de los principales éxitos militares ucranianos: los ataques con drones contra refinerías e instalaciones petroleras rusas, que han provocado interrupciones productivas y dificultades de abastecimiento. Para Kyiv, eso permite golpear la economía que financia la invasión, pero para Trump, dificulta sus esfuerzos por contener los precios.

El 11 de octubre, Trump anunció una supuesta tregua energética. Zelenski aceptó suspender los ataques contra refinerías rusas si Moscú detenía sus bombardeos contra la infraestructura energética ucraniana. Pero Rusia continuó atacándola y, cuatro días después, Kyiv reanudó sus operaciones contra instalaciones petroleras rusas.

Las presiones estadounidenses fueron más lejos. Trump declaró que Ucrania necesitaba un nuevo presidente, responsabilizando a Zelenski tanto de la falta de un acuerdo de paz como del encarecimiento del diésel.

La vulnerabilidad tecnológica

A estas tensiones se sumó otro episodio inquietante. Esta semana, las fuerzas ucranianas denunciaron restricciones en Starshield, la versión militar del sistema satelital Starlink de SpaceX, lo que afectó las comunicaciones de drones de ataque e interceptación.

El contraste resulta significativo. En febrero de 2022, Elon Musk respondió a una solicitud ucraniana activando Starlink y enviando terminales al país para que Ucrania tuviera acceso a internet, lo que resultó fundamental para mantener las comunicaciones durante la invasión rusa. Cuatro años después, esa dependencia tecnológica ahora también representa una vulnerabilidad estratégica.

Aunque el servicio ya se comenzó a restablecerse, el episodio dejó interrogantes. Musk atribuyó las restricciones a las autoridades militares estadounidenses, mientras que Washington negó que Trump hubiese ordenado limitarlas. No existen pruebas concluyentes de que se tratara de una medida deliberada para presionar a Zelenski, pero la duda quedó planteada.

Estos acontecimientos revelan una contradicción estratégica. Washington busca aliviar las consecuencias económicas de su guerra contra Irán mediante concesiones energéticas a Moscú, mientras presiona a Ucrania para que abandone operaciones militares eficaces y cuestiona públicamente a su presidente.

Esto deja en evidencia que, para Trump, la prioridad es contener los precios de los combustibles. Para Putin, obtener ingresos y reducir su aislamiento. Y para Zelenski, mantener la capacidad de defensa de un país invadido.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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