Opinión
AgenciaUno
Soluciones basadas en la naturaleza: preparar hoy las ciudades para los eventos extremos de mañana
Cada emergencia deja tareas urgentes; también abre la oportunidad de revisar cómo se están construyendo las ciudades.
Las lluvias intensas y los aluviones registrados este año en la Región de Coquimbo, Tocopilla y, más recientemente, en la comuna de Las Condes, en la precordillera de Santiago vuelven a poner en evidencia la exposición de las ciudades frente a eventos extremos. Estos episodios refuerzan la necesidad de avanzar hacia una planificación urbana que permita anticipar los riesgos, reducir vulnerabilidades y proteger a las personas.
La gestión de desastres se ha concentrado históricamente en reaccionar, reparar y reconstruir. Esta respuesta sigue siendo indispensable, pero resulta insuficiente. Chile tiene la capacidad de avanzar con mayor decisión hacia una cultura de prevención que integre el riesgo climático en la planificación urbana y priorice a las personas y su calidad de vida.
Inundaciones, aluviones, olas de calor e incendios plantean desafíos distintos, pero comparten una necesidad: anticiparse. Esto supone mejorar los sistemas de alerta y fortalecer una planificación urbana que evite la ocupación de zonas de riesgo y reconozca el papel de los ecosistemas en la prevención y mitigación de sus impactos. Habitualmente, la respuesta a los desafíos urbanos se asocia a grandes obras de infraestructura gris o convencional, como colectores, canales y sistemas de contención, cuya finalidad es drenar el agua. Estas soluciones son fundamentales, pero no son la única herramienta disponible. La protección y recuperación de los ecosistemas puede complementar la infraestructura existente, contribuir a gestionar el agua y generar ciudades más saludables y resilientes.
En este contexto surgen las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN): acciones que protegen, gestionan y restauran ecosistemas para responder a desafíos sociales, ambientales y económicos. En las ciudades, pueden incluir humedales y quebradas restauradas, parques inundables, refugios climáticos, corredores verdes, jardines de lluvia, zanjas de infiltración y sistemas de drenaje sostenible. También contemplan la gestión del paisaje y las franjas cortafuegos para contribuir a prevenir incendios.
Estas medidas complementan, pero no reemplazan, las obras de ingeniería ni la gestión del riesgo. Su efectividad depende de las características de cada territorio, un diseño adecuado y mantenimiento a largo plazo. En zonas expuestas a aluviones, la evaluación geológica, el manejo de quebradas y la regulación del uso del suelo son indispensables.
Además de reducir riesgos, estas soluciones favorecen la biodiversidad, mejoran los espacios públicos, ayudan a regular la temperatura y ofrecen oportunidades de recreación y encuentro. Invertir en naturaleza también es invertir en bienestar y calidad de vida.
La experiencia internacional demuestra su potencial. En Beira, Mozambique, la recuperación del río Chiveve, la rehabilitación de manglares y la creación de un parque urbano de 17 hectáreas contribuyeron a reducir el riesgo de inundaciones para unas 50.000 personas, además de generar espacios de recreación y oportunidades para la comunidad.
En Chile, este enfoque ya cuenta con una hoja de ruta. La Estrategia Nacional de Ciudades Verdes (ECV), liderada por los ministerios de Vivienda y Urbanismo, en colaboración con el Ministerio del Medio Ambiente, y el apoyo técnico de la FAO, busca integrar infraestructura verde y SbN en la planificación y gestión urbana.
El desafío es traducir esta visión en decisiones concretas: incorporar estas soluciones en la planificación territorial, orientar la inversión pública y privada, proteger los ecosistemas urbanos y periurbanos y fortalecer las capacidades locales para mantenerlos. También es fundamental coordinar estas medidas con la gestión del riesgo y la participación comunitaria.
Cada emergencia deja tareas urgentes; también abre la oportunidad de revisar cómo se están construyendo las ciudades. Las lecciones de Las Condes, Tocopilla y Coquimbo deben impulsar una cultura de prevención y decisiones sostenidas en el tiempo.
Construir ciudades más verdes es mucho más que sumar árboles o parques. Es planificar con conocimiento del territorio, reducir vulnerabilidades y reconocer que la naturaleza puede ser parte de la infraestructura que protege a las personas. Prepararnos hoy es una forma concreta de cuidar la vida, el bienestar y el futuro de quienes habitan las ciudades.
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