Opinión
Chile ante el punto de inflexión: ¿estamos construyendo la economía del futuro?
Chile enfrenta este punto de inflexión en condiciones particularmente complejas. Necesitamos recuperar el crecimiento, mejorar la productividad, generar empleo y fortalecer las capacidades de innovación. Al mismo tiempo, adaptarnos al cambio climático y enfrentar los cambios tecnológicos.
Las grandes revoluciones tecnológicas no solo transforman la manera en que producimos. También modifican las estructuras económicas, el trabajo, las instituciones y las oportunidades de desarrollo. La economista Carlota Pérez ha mostrado que estas revoluciones atraviesan distintas etapas: instalación, crisis y despliegue de su potencial. Entre ellas se produce un punto de inflexión en el que las capacidades tecnológicas avanzan más rápido que nuestra capacidad social e institucional para aprovecharlas.
Todo indica que vivimos una transición de esta naturaleza. La revolución digital se acelera con la inteligencia artificial (IA), ampliando las posibilidades de generar conocimiento, resolver problemas complejos y crear nuevas actividades económicas. Sin embargo, el potencial tecnológico no garantiza mayor bienestar. En una reciente entrevista en El Mostrador, Óscar Landerretche advierte que estas transiciones pueden extenderse por décadas y afectar profundamente a quienes las viven. El trabajo no solo proporciona ingresos, sino también identidad, reconocimiento y pertenencia. Por ello, el desafío trasciende la productividad y alcanza la capacidad de nuestras democracias para sostener la cohesión social.
Chile enfrenta este punto de inflexión en condiciones particularmente complejas. Necesitamos recuperar el crecimiento, mejorar la productividad, generar empleo y fortalecer las capacidades de innovación. Al mismo tiempo, adaptarnos al cambio climático y enfrentar los cambios tecnológicos.
Con frecuencia abordamos estos desafíos como problemas independientes. Discutimos el crecimiento separadamente de la transformación productiva; el empleo, de la innovación; la IA, de la educación y el trabajo; y el cambio climático como un problema ambiental, ajeno a nuestra estrategia económica. Esta fragmentación puede llevarnos a diseñar políticas que resuelven problemas específicos, sin hacerlo de manera coherente para la transformación de nuestra economía.
El cambio climático ilustra esta interdependencia. Adaptarnos no es solamente una obligación ambiental, sino una condición para sostener nuestra productividad y competitividad, que también puede generar nuevas actividades económicas y empleos. El desafío es dejar de observar estas transformaciones como amenazas independientes e identificar las oportunidades que surgen de su convergencia.
La IA y el cambio climático están generando necesidades para las cuales aún no existen soluciones suficientemente desarrolladas. Allí podrían surgir oportunidades para construir nuevas empresas de clase mundial, en la gestión inteligente del agua bajo escasez extrema, la integración de energías renovables y almacenamiento, la operación inteligente de infraestructura crítica, la gestión predictiva de riesgos climáticos o la coordinación de cadenas logísticas. Son desafíos globales frente a los cuales disponemos de condiciones favorables para experimentar, desarrollar conocimiento y validar soluciones.
Chile necesita reactivar su economía. La inversión privada es indispensable y mejorar las condiciones para su desarrollo constituye un objetivo legítimo. Sin embargo, enfrentar este punto de inflexión exige preguntarnos si basta con recuperar las condiciones para invertir o si necesitamos, además, crear aquellas que permitan desarrollar nuevas actividades productivas.
Como plantea Carlota Pérez, el desafío no es solo acelerar la incorporación de tecnologías, sino construir las instituciones y capacidades que permitan desplegar su potencial en beneficio de la sociedad.
Chile tiene la oportunidad de hacerlo. Cabe entonces preguntarse si la mega reforma del ministro Quiroz incorpora los incentivos necesarios para abordar, de manera integrada, los desafíos y oportunidades que plantea la convergencia entre la revolución digital, la inteligencia artificial y el cambio climático.
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