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La asociatividad entre universidades: colaborar desde los principios y no desde la conveniencia Opinión Imagen referencial

La asociatividad entre universidades: colaborar desde los principios y no desde la conveniencia

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Nelson Vásquez Lara
Por : Nelson Vásquez Lara Rector de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
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Chile necesita fortalecer sus redes universitarias para enfrentar sus desafíos futuros. La cooperación es indispensable y sólo puede construirse sobre la confianza, la integridad académica y los valores compartidos.


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En un mundo crecientemente globalizado e interdependiente, ninguna universidad, por prestigiosa que sea, puede desarrollar plenamente su misión permaneciendo aislada. La formación, la investigación, la innovación y la creación requieren de una colaboración que trascienda las fronteras institucionales y nacionales.

Las relaciones entre universidades, al igual que las relaciones humanas, son esencialmente asimétricas. Existen diferencias de trayectoria, recursos y capacidades académicas que, lejos de impedir la cooperación, pueden constituir oportunidades de enriquecimiento recíproco. La colaboración genuina permite compartir experiencias, intercambiar buenas prácticas, disminuir brechas y acelerar aprendizajes institucionales.

Sin embargo, surge una pregunta fundamental: ¿deben las universidades de excelencia establecer alianzas con cualquier institución, nacional o extranjera, por el solo hecho de obtener beneficios académicos o reputacionales? Mi respuesta es categórica: no.

La asociatividad no puede responder exclusivamente a cálculos de conveniencia ni a beneficios circunstanciales. Las universidades de excelencia deben examinar cuidadosamente con quiénes establecen relaciones de cooperación. No todas las alianzas fortalecen el sistema universitario. A partir de la experiencia internacional, sugiero seis principios fundamentales que debieran privilegiarse.

Primero, ausencia de lucro encubierto y transparencia institucional. La legislación chilena establece que las universidades son instituciones sin fines de lucro. Sin embargo, esta exigencia no puede reducirse a una formalidad jurídica. Sus estructuras de gobierno, operaciones con entidades relacionadas y decisiones financieras deben garantizar que los recursos se destinan efectivamente al quehacer universitario.

Segundo, respeto por la construcción de capacidades académicas y científicas. Consolidar equipos de investigación exige décadas de inversión y desarrollo institucional. La libertad de los investigadores es un derecho incuestionable. No obstante, resulta impresentable que algunas instituciones pretendan construir aceleradamente capacidades científicas mediante la captación sistemática de equipos completos provenientes de otras universidades, desarticulando comunidades académicas consolidadas. La competencia por el talento no debiera justificar prácticas depredadoras que terminan debilitando al conjunto del sistema.

Tercero, reconocimiento de todas las disciplinas del conocimiento. La universidad no existe únicamente para formar profesionales destinados al mercado laboral. Las humanidades, las artes, las ciencias sociales y las ciencias básicas son esenciales para una universidad auténtica. Las instituciones que privilegian solamente las áreas de mayor retorno financiero corren el riesgo de empobrecer su contribución intelectual y social.

Cuarto, existencia de comunidades académicas sólidas y carreras académicas reconocidas. La excelencia universitaria no se improvisa, se construye a través de comunidades académicas estables, con sistemas transparentes de jerarquización y promoción, sustentados en el mérito, la trayectoria y el reconocimiento de sus pares.

Quinto, respeto por la dignidad del trabajo universitario. No resulta coherente proclamar compromisos con la excelencia mientras se mantienen condiciones laborales caracterizadas por la precariedad o la ausencia de oportunidades de desarrollo profesional. Los profesores y funcionarios constituyen el principal patrimonio de una universidad. La calidad académica y el respeto por las personas no son objetivos contrapuestos.

Sexto, compromiso con el destino de los recursos universitarios y el desarrollo nacional. En un país que enfrenta importantes brechas de financiamiento científico, corresponde examinar críticamente las estrategias que destinan cuantiosos recursos generados en Chile a adquirir universidades en el extranjero. La internacionalización es indispensable, pero no debe confundirse con la expansión patrimonial hacia otros mercados educativos. Su verdadero sentido reside en la cooperación científica, la movilidad, el intercambio cultural y la circulación del conocimiento.

Estos principios no buscan establecer una división simplista entre universidades grandes y pequeñas, antiguas y recientes, públicas y privadas. Tampoco pretenden excluir a instituciones de menores recursos. Por el contrario, una universidad pequeña, comprometida con la calidad, la transparencia y el desarrollo de su comunidad, puede constituir un socio extraordinariamente valioso. La distinción fundamental no reside en el tamaño ni en la antigüedad, sino en la coherencia entre sus declaraciones y sus prácticas.

Chile necesita fortalecer sus redes universitarias para enfrentar sus desafíos futuros. La cooperación es indispensable y sólo puede construirse sobre la confianza, la integridad académica y los valores compartidos. Las universidades de excelencia deben preguntarse qué proyectos fortalecen mediante sus alianzas y qué prácticas contribuyen a validar ante la sociedad.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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