Opinión
Por qué no es lógico cerrar un programa porque tiene “impacto nulo en aprendizajes”
Si queremos evaluar los logros educativos, debemos estudiar que oportunidades de aprendizaje los posibilitaron o no.
En Chile, previo a una semana marcada por eventos climáticos extremos en la capital, se había instalado una discusión referida a la decisión gubernamental de no entregar financiamiento a la iniciativa conocida como “Yo elijo mi PC”, cuyo propósito es proporcionar un set de herramientas tecnológicas a estudiantes vulnerables de séptimo básico, para apoyarles en su proceso formativo.
Si bien se utilizaron diferentes argumentos para explicar esta medida, podría decirse que el definitivo fue el utilizado por la Ministra Arzola: “Tiene impacto nulo en los aprendizajes”.
Durante esta polémica, diferentes personas han entregado distintos argumentos, muchos de ellos contrarios a la decisión. Han opinado personas del mundo político, académico y también quienes han estado más próximos al aporte que se entrega a través de “Yo elijo mi PC”. Se creó hasta un sitio web (https://yoelijoquesigamipc.cl/). En este último caso, la percepción es de pérdida, de algo que duele que no esté.
¿Por qué ha calado hondo esta decisión? A mi juicio, simplemente por lógica. Los logros de aprendizaje no son producto únicamente del talento personal del estudiante ni de su docente. Por cierto, ambos son fundamentales para alcanzar metas educativas relevantes, sin embargo, ambos también requieren de condiciones mínimas que posibiliten reales expectativas de logro.
Respecto de recién dicho existe un interesante consenso entre quienes están en la escuela y quienes contribuyen produciendo conocimiento educativo. El razonamiento que lo explica es relativamente simple, pero, al mismo tiempo, es difícil de lograr. Requerimos para ello encadenar tres ideas fundamentales, lo que haremos de “atrás para adelante”: logros educativos 🡪 oportunidades de aprendizaje 🡪 condiciones para las oportunidades de aprendizaje.
Los estudiantes, sus profesores, sus familias, la sociedad en general, todos queremos que la escuela sea un espacio en que se obtengan logros educativos. ¿Por qué hablamos de logros y no de aprendizajes? Para visibilizar que la contribución de la escuela a los estudiantes no es solo cognitiva ni, incluso, curricular. Estamos formando personas para que lean, resuelvan problemas, sepan y quieran convivir en armonía, sean creativas, ser expresen libremente, se cuiden y quieran aportar a una mejor sociedad. La palabra aprendizajes puede quedarse corta para todos esos propósitos (y muchos más que como sociedad estamos pidiendo hoy a la escuela).
Los logros de aprendizaje deben intentar cumplirse de la mejor forma posible, de eso no hay duda. ¿Cuál es la principal estrategia de la escuela para hacerlo? Enseñar. Los profesores y las profesoras tienen un rol protagónico e irremplazable. Están en la sala de clases trabajando con los estudiantes en diferentes asignaturas, acompañándolos, aconsejándolos, dándoles ejemplo de vida y perspectiva, ofreciéndoles espacios para que trabajen con otros, dándoles voz, exigiéndoles más, nuevamente, entre otras múltiples posibilidades. A este tipo de iniciativas las llamaremos “Oportunidades de Aprendizaje”, porque son opciones que la escuela, especialmente los profesores, ponen a disposición de sus estudiantes en el proceso formativo y son la vía fundamental para que se alcancen logros educativos. En otras palabras, sin oportunidades de aprendizaje, habrá menos los logros educativos y la escuela habrá aportado menos a esa meta que todos queremos.
En una sala con 20, 30 o 40 estudiantes diversos, con distintas trayectorias y proyectos de vida, una escuela tiene la ardua labor de ofrecer oportunidades de aprendizaje a todos, pero también a cada uno de ellos. ¿Puede sostener esa tarea únicamente en base al talento de sus docentes y sus estudiantes? Ciertamente no, por distintas razones, de las que destacaremos únicamente dos. La primera es que la formación es mucho más que tener una persona delante enseñando a todo un curso, como si cada estudiante fuera una réplica del otro. La segunda es que, siendo fundamental, la labor docente articula con un conjunto de recursos que se deben poner a disposición para obtener las metas esperadas: partiendo por el mismo espacio en que se hacen clases, la existencia de textos escolares, un currículum, tiempo real para aprender, etc., etc.
Entonces, no podemos tener oportunidades de aprendizaje para todos los estudiantes, si no tenemos condiciones que permitan que esas oportunidades se puedan desplegar. No es lógico pensar que las oportunidades ocurrirán “sea como sea”. Pero hay más: ¿es justo que algunos estudiantes que están en séptimo básico dispongan de mayores oportunidades de aprendizaje que otros, en parte porque sus instituciones no tienen la misma posibilidad de proveer las condiciones que las posibilitan?
No lo es. Y ahí esta “Yo elijo mi PC” y otras tantas iniciativas estatales “con impacto nulo en aprendizajes”. De hecho, ésta es probablemente una de las tareas indispensables e irrenunciables de las políticas educativas, hacer el mayor esfuerzo posible por, al menos, contener dentro de las escuelas las grandes desigualdades que vivimos fuera de ellas.
Por cierto que es relevante analizar de qué forma estas condiciones posibilitan los logros educativos, sin embargo, hacerlo en base a logros de aprendizaje no es solo estrecho, sino que hace pasar a un segundo plano el encadenamiento lógico que hemos construido en este relato: sin oportunidades de aprendizaje hay muchos menos logros y sin condiciones, hay muchas menos oportunidades.
De esta forma, si queremos evaluar una iniciativa que posibilita las condiciones, debiéramos analizar qué oportunidades de aprendizaje favorece y cómo les aporta. Si queremos evaluar los logros educativos, debemos estudiar que oportunidades de aprendizaje los posibilitaron o no. Los esfuerzos por simplificar esta cadena no son únicamente poco lógicos, sino que subestiman lo que hace la escuela todos los días.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
Inscríbete en nuestro Newsletter El Mostrador Opinión, No te pierdas las columnas de opinión más destacadas de la semana en tu correo. Todos los domingos a las 10am.